3 de abril de 2026 - 11:29

La pobreza baja, pero la recuperación de ingresos enciende señales de alerta

El índice cayó casi 10 puntos en un año, pero el deterioro reciente del poder adquisitivo y las brechas regionales ponen en duda la sostenibilidad de la mejora.

Esta semana se conoció que la pobreza en Argentina tuvo una fuerte reducción en la segunda mitad de 2025, con una tasa del 28,2% frente al 38,1% del mismo período del año anterior. La indigencia también retrocedió, al ubicarse en 6,3%, por debajo del 8,2% previo.

En términos absolutos, esto implica que alrededor de 13 millones de personas no lograron cubrir la canasta básica total, y que 2,9 millones ni siquiera alcanzaron a satisfacer sus necesidades alimentarias mínimas.

El dato refleja una mejora significativa en los indicadores sociales, impulsada principalmente por la recuperación de los ingresos de los hogares en relación con el costo de vida. Sin embargo, detrás de esta tendencia positiva comienzan a aparecer señales de fragilidad que ponen en duda su continuidad en el corto plazo.

Bajo el supuesto de un aumento salarial del 3% en febrero de 2026, los salarios del sector privado registrado acumularon una suba del 32,3% interanual, por debajo de la inflación general (36,2%) y aún más lejos del incremento en alimentos (40,4%) y de la canasta básica alimentaria (42,1%).

Si bien el promedio de salarios totales muestra una mejora algo mayor, con un crecimiento del 37,8%, el dato tampoco alcanza para compensar el encarecimiento de los bienes esenciales, especialmente en los hogares de menores ingresos.

En este contexto, incluso paritarias alineadas con la inflación promedio podrían resultar insuficientes si los precios de los alimentos continúan creciendo por encima del nivel general.

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Desigualdad territorial: una pobreza con múltiples realidades

El informe también destaca que la reducción de la pobreza fue generalizada en todos los aglomerados urbanos del país, aunque con intensidades muy dispares. En regiones como Santiago del Estero–La Banda, Formosa y Gran Resistencia, la caída superó los 18 puntos porcentuales.

Sin embargo, los niveles de pobreza siguen siendo elevados en varias zonas. En Concordia, por ejemplo, casi la mitad de la población se encuentra en situación de pobreza, mientras que en Gran Resistencia supera el 40%. Otros aglomerados, como La Rioja, Catamarca, San Juan y partidos del Gran Buenos Aires, mantienen tasas por encima de un tercio de su población.

En contraste, grandes centros urbanos como Gran Córdoba (23,2%) y Rosario (22,3%) presentan niveles relativamente menores.

Las diferencias también se reflejan en la indigencia. Mientras que en Concordia (13,6%) y Gran Resistencia (13,2%) una proporción significativa de la población no logra cubrir sus necesidades alimentarias básicas, en ciudades como Neuquén–Plottier (2,7%) y la Ciudad de Buenos Aires (2,6%) los niveles son considerablemente más bajos.

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Un alivio con bases frágiles

A diferencia de la pobreza, la evolución de la indigencia fue más heterogénea entre regiones. Algunos aglomerados, como Bahía Blanca–Cerri, Gran La Plata y Gran Santa Fe, registraron aumentos recientes, aunque estos fueron compensados por caídas marcadas en otras zonas.

Para las autoras, estas disparidades evidencian que la pobreza en Argentina responde a factores estructurales vinculados a la matriz productiva, la informalidad laboral y las oportunidades de generación de ingresos en cada región.

En ese marco, el descenso de la pobreza no implica necesariamente una mejora consolidada. Por el contrario, la evolución futura del indicador dependerá de variables clave como la estabilidad de precios y, especialmente, la capacidad del mercado laboral para sostener ingresos reales.

“El desafío hacia adelante no es solo mantener la baja en los indicadores, sino consolidar ingresos más robustos y sostenibles”, plantean. En un contexto de recuperación económica desigual, el riesgo es que la mejora reciente quede condicionada por un poder adquisitivo aún frágil.

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