“A esta altura del mes, no te lo puedo comprar”, le explica el padre al hijo cuando el niño le pide un autito en el supermercado. La anécdota fue escuchada el 18 de marzo en un súper de barrio y la respuesta refleja la realidad de los salarios de cada vez más personas. “En marzo aumentó la escuela, el club, la prepaga, el alquiler y la luz”, enumeró Andrea. Aunque ella no tiene claro el porcentaje, señala que el colegio subió unos $15.000, el club $20.000, la prepaga casi lo mismo y el alquiler tuvo un ajuste por inflación y pasó de $750.000 a casi $850.000 en función del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de los últimos tres meses.
“Solo con eso son unos $200.000 más por mes que a mí no me han aumentado”, relató la mujer que mantiene la casa con su marido. Aunque él sí tuvo un leve incremento salarial, las cuentas no cierran. “Para mí el 20 es fin de mes y me hago un ocho para llegar al 5 del mes siguiente que es la fecha en la que suelo cobrar”, sumó Andrea. Ella es una privilegiada ya que puede estar al día con su tarjeta de crédito y trata de no comprar nada que no sea indispensable. “Tengo la cuota del lavarropas que se me rompió y ya tenía más de 10 años”, relató. También paga una plataforma de streamming y este mes sumó la cuota de las zapatillas para la escuela.
Fabiana, quien es sostén de familia con una niña de 7 años, relató que su mamá jubilada la ayuda con diversos gastos ya que su salario no cubre cuestiones importantes como la cuota de danza o los imprevistos de la casa, el auto o la escuela. “Desde el año pasado, mi hija tuvo que dejar inglés ya que era un costo que no me podía permitir”, sumó la joven (30). El economista de la consultora Evaluecon, José Vargas, señaló que el ingreso familiar dura cada vez menos y si antes se llegaba al 25, hoy entre el 18 y el 20 el sueldo se termina. De allí se deriva el crecimiento en el endeudamiento de las familias así como en la morosidad en el pago de créditos y tarjetas.
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Un trabajo realizado por el Ieral de la Fundación Mediterránea destacó en este contexto que el problema no se limita únicamente a la falta de empleo sino también a la calidad y a la capacidad de los puestos existentes para sostener ingresos. “La verdadera magnitud del problema laboral surge al sumar a los desocupados y a los ocupados que buscan más horas de trabajo o un empleo de mejor calidad”, expresaron desde el Ieral. Esta subocupación tiene que ver con la necesidad de las personas de buscar ingresos extra para llegar a fin de mes.
Nicolás Aroma, economista del Centro de Economía y Finanzas de Mendoza (CEFI), explicó que ya suman cinco meses consecutivos en el que los salarios pierden contra la inflación. “Cayeron los salarios públicos y los privados registrados”, señaló el profesional. Agregó que la medición del Indec genera dudas ya la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) coloca subas por encima de la inflación en los trabajos informales, lo que tira hacia arriba todo el índice. “Son montos imposibles de comprobar dado que no están registrados”, arguyó el economista. Sumó: “En el cálculo también toma a los monotributistas según las escalas cuando no todos facturan en el límite superior de su categoría”.
El economista subrayó que la dinámica de los salarios viene muy negativa, situación que se refleja en los datos (negativos) de consumo, turismo, ventas e inversión. Desde su punto de vista, hacia adelante la inflación no monetaria ha comenzado a presionar de la mano –entre otras cosas- del incremento de combustibles. En línea, la economista Paula Pía Ariet, directora de Gestión Capital Humano, señaló que las naftas han aumentado más de un 15% durante marzo. Suba que, en palabras de la especialista, se trasladará a la inflación con la consiguiente caída del salario real.
En línea, un trabajo realizado por la consultora Focus Market que dirige Damián Di Pace, expresó que entre noviembre de 2025 y la proyección a marzo de 2026, el salario nominal avanzaría 10,6% frente a una inflación estimada de 13,7%. “Esto implicaría una leve mejora real, aunque sobre una base previamente deteriorada y una caída real en los últimos 6 meses”, se aclaró. Y sumó: “En términos de nivel, el salario promedio real en marzo de 2026 se ubicaría en torno a los $524.000 a precios constantes, prácticamente el mismo valor que en noviembre de 2023”.
“No se prevé que el salario vaya a aumentar por encima de la inflación dado que se trata de una de las anclas elegidas para domesticar los precios”, sumó Aroma. De hecho, la Secretaría de Trabajo de la Nación comunicó que no homologará acuerdos salariales que superen el 2% mensual, una medida que funciona como referencia para las negociaciones con una inflación cercana al 3% en los últimos tres meses. Desde el punto de vista de Ariet, las paritarias tienen cada vez menos impacto debido a que crecen los acuerdos por fuera de convenio y que los sindicatos han perdido representatividad. Algunos gremios, en tanto, han buscado acordar sumas no remuneradas o bonos con el fin de escapar del techo colocado por el Gobierno.
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Fuente: Gestión Capital Humano
El relevamiento que realiza Gestión entre las empresas de Mendoza mostró que el salario ha venido a pérdida. En función de esta encuesta de ajustes salariales, en 2025 las empresas incrementaron un promedio de 30% sus sueldos fuera de convenio con una inflación final de 31,5%. Sin embargo, el trabajo mostró una fuerte dispersión en estas subas por lo que el mínimo de aumento fue 12% y el máximo de casi 66%. Para 2026, se proyectan subas promedio en torno al 22% con un mínimo de 10% y un máximo de 30%. Mientras que en enero y febrero el salario no se movió, en marzo las empresas consultadas preveían dar un incremento de entre 5% y 7%, por debajo del 9% de inflación registrado.
“Yo creo que este número se va a ajustar en el relevamiento de abril ya que no se esperaba que los precios aumentaran tanto en enero y febrero”, estimó Paula Ariet. El trabajo de Gestión relevó que en el primer semestre de 2026 las empresas aumentarán un 12% sus salarios aunque esto puede cambiar en función de la macroeconomía. El dato es menor que el relevado a nivel nacional por la encuesta de la consultora Randstad en donde se destacó que las empresas argentinas proyectan aumentos del 17,5% para el primer semestre.
Este trabajo confirma, no obstante, que en un contexto de menor inflación se afianzan los esquemas de revisión menos frecuentes. La mayoría otorgará actualizaciones cada tres o seis meses aunque algunas declararon que lo harán mensual y cuatrimestralmente. En cambio, se “consolidan políticas de compensación más estratégicas, con foco en esquemas de ajuste selectivos y herramientas complementarias como bonos, beneficios y programas de desarrollo”.
Preocupación y endeudamiento en alza
Más allá de los números que declaran las empresas o que releva el Indec a través de la EPH, la caída del consumo y las dificultades para llegar a fin de mes son una realidad de cada vez más familias. Un relevamiento de la Universidad de San Andrés marcó que los bajos salarios se ubicaron entre las principales preocupaciones de los argentinos. La Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública (ESPOP) realizada por el Laboratorio y Observatorio de la Opinión Pública (LOOP) de UdeSA expresó que el 37% de los consultados la colocó primera entre sus inquietudes económicas.
A continuación, entre las “Nuevas Preocupaciones Económicas” se ubicó la falta de trabajo (36%). Así, según el trabajo de la UdeSA, sueldos y empleo se “consolidan como los principales problemas del país”. Aunque la inflación perdió centralidad entre los agobios de los argentinos (20%), la suba de precios se encuentra en la base de que los salarios alcancen para cada vez menos días del mes. Tal vez ese sea el motivo por lo que creció el sentimiento negativo sobre el porvenir. “El 46% de los argentinos cree que el país empeorará en el próximo año, frente a un 30% que aún espera una mejora”, destalló la Encuesta de Opinión de la San Andrés.
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En una línea similar, el Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix expresó que los datos recabados en su encuesta describieron un mecanismo de ajuste en los hogares que se articula en cuatro etapas. Una es la caída del poder adquisitivo, la otra es la dificultad para sostener el consumo mensual, la tercera el recurso al endeudamiento para cubrir esa brecha y, la cuarta, la creciente incapacidad para cumplir con esas obligaciones. “Este circuito no es marginal sino mayoritario y define una forma específica de funcionamiento económico en la que el crédito reemplaza parcialmente al ingreso como fuente de equilibrio”, se apuntó en el trabajo de Zentrix.
Agregó: “El resultado no es solo financiero sino también social: una economía donde la vulnerabilidad deja de ser una condición transitoria y comienza a estructurar las decisiones cotidianas de una parte significativa de la población”. La aseveración se dio en el contexto de que el 56,4% tomó crédito en los últimos seis meses y, dentro de ese grupo, casi 9 de cada 10 presentó dificultades para pagarlo. Lejos de estar asociado a decisiones de inversión, el crédito se orientó mayormente a cubrir gastos básicos, en un contexto donde el 83,9% afirmó que su salario no le ganó a la inflación y más de la mitad de la población no logró llegar al 20 de cada mes.
De este modo, la deuda ha dejado de ser una herramienta financiera para convertirse en un mecanismo de subsistencia. Este comportamiento se enmarca en una percepción social más amplia de fragilidad. “Más del 53% de la población se representa como clase baja como la expresión de una experiencia económica concreta”, detalló el análisis. Agregó que casi 6 de cada 10 consideraron que la situación del país es mala o muy mala. En ese marco, las decisiones económicas de los hogares se reorganizaron bajo una lógica defensiva, donde el objetivo deja de ser mejorar la posición económica para pasa a ser sostener niveles mínimos de consumo.
El endeudamiento se vuelve entonces parte de la dinámica cotidiana. No aparece como un evento excepcional, sino como un recurso recurrente para compensar la pérdida de poder adquisitivo. Cuando el ingreso no alcanza, el crédito completa lo que falta. Y cuando el crédito se acumula comienzan las dificultades para pagarlo. Esta secuencia, que se repite de manera extendida, explica por qué el nivel de problemas de repago es tan elevado: no responde a un shock puntual sino a un uso sistemático del endeudamiento como sustituto del ingreso corriente.
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En este contexto, el economista Nicolás Aroma destacó que el Gobierno debe hacer algo para evitar profundizar la recesión en danza. En línea, Paula Pia Ariet destacó que es una situación compleja en la que el financiamiento podría ayudar a descomprimir. Más allá de las estrategias de las familias para no caer más en la pobreza, las tasas de crédito todavía son altas en general tanto para las empresas como para las familias. El círculo no es virtuoso ya que la restricción de consumo afecta a las pymes que tienen dificultades no solo para dar aumentos de salarios sino también, en muchos casos, para sostener los niveles de empleo.
El impacto en el poder de compra
El Indec midió que para febrero una familia tipo 2, de cuatro integrantes, necesitó $ 1.397.672 para no caer debajo de la línea de pobreza. Aunque esta canasta incluye servicios básicos deja de lado, por ejemplo, el gasto del alquiler. En este marco, la consultora Evaluecon relevó que el valor de una Canasta Básica Total “digna” en el segundo mes de 2026 fue de $2.224.000. “Es lo que una familia tipo necesita para no sentirse pobre o percibir que está en niveles de pobreza”, detalló el informe de Evaluecon. En otras palabras, es lo que se necesita ganar para que el fin de mes sea el 30 y no el 20 o antes.
El análisis de Focus Market sobre la evolución del salario se profundiza con la evolución de las canastas básicas. En el caso de la canasta de servicios, el deterioro reciente resulta significativo, según el trabajo de Di Pace. Al inicio del período (noviembre de 2024), dos salarios promedio permitían adquirir 1,19 canastas de servicios. En marzo de 2025, momento de mayor recuperación, esa relación mejoró hasta 1,77 canastas. Sin embargo, en noviembre de 2025 descendió a 1,18 y en marzo de 2026 se proyecta en 1,14. En paralelo, el porcentaje del ingreso destinado a cubrir la canasta de servicios pasaría de 56,4% en marzo de 2025 a 87,3% en marzo de 2026.
Este comportamiento sugiere –en el informe mencionado- que el salario logra acompañar al índice general de precios en el acumulado, pierde terreno frente a la dinámica de los precios relativos, particularmente en servicios. “Se trata de un componente del gasto que suele tener menor visibilidad en las estadísticas públicas, pero que es determinante en la economía doméstica: tarifas, transporte, comunicaciones y otros servicios esenciales absorben una porción creciente del ingreso familiar”, expresó Focus Market.
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Fuente: Focus Market.
En este contexto, desde la consultora Zentrix expresaron que crece la distancia entre la experiencia económica cotidiana y las estadísticas oficiales. En marzo, el 65,8% de la población consideró que el dato de inflación publicado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos de la República Argentina (INDEC) no reflejó adecuadamente la variación de precios que percibió en su vida diaria. “No se trata de una discusión técnica sobre índices, sino de una brecha cada vez más visible entre el número oficial y la economía vivida en los hogares”, alertó el trabajo.
En este marco, Damián Di Pace director de la consultora Focus Market, destacó que si bien el Salario no tiene el ritmo de caída abrupta de etapas anteriores tampoco muestra una expansión consistente del poder de compra. Agregó: “El desafío hacia adelante no pasa únicamente por evitar que los salarios vuelvan a perder frente a la inflación, sino por recuperar y sostener la capacidad adquisitiva en el tiempo, transformando el actual equilibrio precario en una mejora tangible y duradera para los hogares formales. Llevará tiempo y más con la aceleración inflacionaria del primer trimestre de 2026”.