Las importaciones de pasta de tomate vienen en alza desde al menos tres temporadas. En el último mes, el ingreso de este producto de Chile y China ha crecido fuertemente con diversos impactos en el sector. Aunque la situación no es nueva, se ha incrementado debido a la eliminación del cepo y a la ausencia de protecciones o regulaciones en este sentido. Esto último no es nuevo, pero al ser más sencilla la posibilidad de importar, el ingreso de pasta ha crecido.
El presidente del bloque de diputados provinciales justicialistas, Germán Gómez, advirtió que solo en el último mes entraron 9 millones de toneladas de pasta de tomate mientras que en los dos últimos años se ingresaron 30 millones que ingresa a las conserveras en tachos de entre 300 y 400 kilos. “Luego de un largo proceso de inversión y crecimiento productivo encabezado por Mendoza y San Juan, el autoabastecimiento se comenzó a desmoronar tras el ingreso masivo de productos importados de Chile y China”, expresó el legislador
Desde el programa Tomate 2000, Guillermo San Martín confirmó que ha crecido la importación de pasta de tomate; en especial desde Chile ya que la China posee una calidad menor aunque con precios extrañamente bajos. Sin embargo, el productor aclaró que el sector nunca estuvo protegido, pero que ahora es más fácil importar debido al levantamiento del cepo.
“Los argentinos consumimos bastante tomate industrializado, por lo que nos gustan los buenos productos”, subrayó San Martín. El productor explicó que la pasta es un commoditie y que los precios dependen de la situación internacional. Agregó que el 60% de su producto tomatado es el puré de tomate que se vende en tetra brick. “Hay industrias que solo producen eso y utilizan únicamente pasta”, expresó San Martín. Agregó que el resto de las fábricas industrializan tomate cubeteado, pelado o triturado que es el que viene en botella. Estas últimas priorizan el tomate fresco ya que pueden controlar la calidad y es difícil reemplazarlo por importaciones.
En este contexto, el referente de Tomate 2000 subrayó que la situación es compleja ya que algunos productores que no han logrado aggionnarse y es cierto que se han perdido hectáreas desde las últimas dos temporadas. Desde su punto de vista, la baja de la inflación y la actual situación macroeconómica permite a los productores ordenarse y tener previsiones más ciertas sobre sus costos y el futuro.
Competencia desleal
San Martín expresó que las importaciones establecen una competencia desleal en dos sentidos. El primero relacionado con las dificultades que el sector productivo posee para invertir en un contexto en que el financiamiento para invertir y actualizarse es prácticamente nulo. “A nivel técnico hay desventajas con Chile porque el sector necesita crédito y eso sí depende del Gobierno nacional”, observó San Martín. Agregó que la segunda dificultad tiene que ver con las regulaciones.
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Si bien se ha avanzado en quitar burocracias innecesarias a nivel general, lo cierto es que no se han establecido normativas comunes a todos los que producen pasta de tomate. Es decir que mientras los productores de China y Chile no cumplen con las normativas del estricto código alimentario de la Argentina, los locales deben observar dichas reglas lo que encarece el proceso y los coloca en situación de desventaja. “Estamos ultracompetitivos y eficientes en la mayoría de nuestras producciones, pero no nos miden con las mismas reglas y eso impacta en la posibilidad de competir”, destacó San Martín.
El productor comentó que el sector está con dificultades como la mayoría de los que están en las economías regionales debido a la caída del consumo. Sin embargo, no atribuyó la situación solo al aumento de las importaciones de pasta sino a la mencionada competencia y falta de financiamiento. En la actualidad, la tonelada de pasta china ronde los 800 dólares y la chilena 1.100. “Nuestros costos a veces quedan por debajo y otras por encima”, agregó San Martín.
El documento presentado por Gerardo Gómez, legislador sanrafaelino, señaló la preocupación por la fuerte baja en la superficie cultivada de tomate. “La crisis repercute también en el empleo, ya que más de 3.000 puestos de trabajo directos y unos 272 mil jornales temporarios, podrían verse afectados si continúa la caída de la actividad”, detalló el diputado.
Agregó que esta cadena productiva también sufrió un golpe con el cierra de la fábrica de hojalata debido a que se sigue quitando valor agregado a los productos locales. “Muchas fábricas solo colocan una etiqueta a productos que ya llegan enlatados”, contó Gómez y expresó que se trata de un fuerte impacto negativo para la producción primaria de Mendoza.