En el segundo semestre de 2025, la pobreza en el Gran Mendoza alcanzó el 31,9%, mientras que en el promedio de los 31 conglomerados relevados por el Indec fue del 28,2%. En cambio, la indigencia se ubicó en el 5,5% en la provincia, cuando a nivel nacional fue del 6,3%.
El relevamiento refleja una disminución de la pobreza en Mendoza con respecto al primer semestre, pero una suba de la indigencia. La cantidad de personas que no tenían ingresos suficientes para poder cubrir la Canasta Básica Total -y, por lo tanto, se considera que están por debajo de la línea de pobreza- cayó 1,6 puntos porcentuales en el Gran Mendoza con respecto a la primera mitad de 2025, cuando había sido de 33,5%.
Llevado a cifras, en los primeros seis meses de 2025 había 356.620 personas pobres en el área metropolitana de Mendozay en el segundo semestre, 339.887, lo que significa que 16.733 dejaron de estar en la pobreza.
Pero el dato no es alentador en el caso de la indigencia, es decir, de las familias que no logran tener un ingreso suficiente para poder cubrir sus necesidades nutricionales (la Canasta Básica Alimentaria). Si bien el porcentaje de Gran Mendoza es inferior al de Nación -5,5% versus 6,3%-, en el primer semestre de 2025 había sido de 4,7%, lo que marca un incremento de 0,8 puntos porcentuales.
Una vez más, llevado a números concretos, en la primera mitad del año pasado, había en el Gran Mendoza 49.590 personas en situación de indigencia, pero para la segunda mitad de 2025 se sumaron 9.490 personas más, lo que llevó el total a 59.080 indigentes.
A nivel nacional cayeron los dos indicadores, tanto el de pobreza, que bajó 3,4 puntos porcentuales entre el primer y el segundo semestre de 2025, al bajar de 31,6% a 28,2%, como el de indigencia, que se redujo en menor medida, 0,6 puntos porcentuales, al pasar de 6,9% a 6,3%.
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Una foto que cambió
José Vargas, director de la consultora mendocina Evaluecon, analizó que, a fines de 2025, la pobreza venía evolucionando bastante en línea con la inflación, por lo que era de esperar una disminución. Pero advirtió que, a partir de diciembre, la situación cambió: la inflación volvió a elevarse, las negociaciones salariales fijaron porcentajes relativamente bajos y el poder de compra se vio bastante afectado, por lo que se trata de una “foto del año pasado”.
Añadió que ha habido un crecimiento de la desocupación y que no fue mayor por las plataformas -de envíos y de transporte- a las que recurrieron muchas personas que se quedaron sin empleo y que el Gobierno toma como empleados.
“Está más que claro que el panorama hoy luce distinto a como lucía todo el año pasado”, indicó. Y sumó que, si bien la pobreza venía disminuyendo en 2025, al desagregar la canasta básica se podía apreciar un incremento muy fuerte de precios de algunos rubros que se vinculan con gastos típicos de las familias, como es el caso de las tarifas de servicios públicos o transporte, que explican el impacto en el poder de compra de los salarios.
Vargas subrayó que es preocupante el dato de indigencia, en particular porque la Encuesta Permanente de Hogares sólo toma datos del Gran Mendoza -en total, de 31 aglomerados en todo el país-, no toda la provincia, con lo cual es de esperar que la cantidad de personas indigentes sea superior en todo el territorio provincial (como también la de pobres).
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Inflación y pobreza
Nicolás Aroma, director del Centro de Economía y Finanzas de Mendoza (Cefim), expresó que la pobreza se mide por ingreso, por lo que la aplicación de la nueva metodología de cálculo del IPC (Índice de Precios al Consumidor) hubiera sido importante, porque hoy está arrojando una inflación siete puntos por debajo de la que hubiera mostrado si se hubiera actualizado la medición.
Y si bien la fecha que el Gobierno había definido para implementarla era el 1 de enero de 2026 -finalmente, decidió postergar de modo indefinido el cambio- la canasta de bienes y servicios que se mide está desactualizada.
Aroma también advirtió que, aunque no está reflejado en los datos de pobreza que publicó hoy en Indec, que corresponden a la segunda mitad de 2025, en los tres primeros meses de 2026 son notorios la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, el aumento de la inflación y el estancamiento económico, incluso de los sectores informales.
Por otra parte, indicó que hay una distancia entre las cifras oficiales de pobreza e indigencia y lo que está sucediendo con los precios y los ingresos. Y que esto responde, en parte, a que, cuando se observa la evolución de los salarios, los únicos que crecen por encima de la inflación -un 87,9% interanual en 2025, cuando la variación del IPC en el mismo periodo fue del 31,5%- son los del sector informal, que también es el más difícil de medir y de chequear de modo contundente. Y ese, evaluó, es un problema grave para la medición de pobreza e indigencia por ingresos.
De todos modos, resaltó que, cuando se baja la inflación y se puede, para lograr esa reducción, sostener el tipo de cambio, los datos de pobreza por ingreso mejoran.
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Un núcleo de pobreza que no cede
El 28,6% de pobreza promedio en todo el país del segundo semestre de 2025 puede considerarse un progreso con respecto al 31,6% de la primera mitad de ese mismo año y mucho más cuando se va hasta los primeros seis meses de 2024, cuando llegó al 52,9%. Esto implica que, de 15,7 millones de personas pobres a principios de 2024 se pasó a 8,5 millones a fines de 2025.
Pero 8,5 millones de personas que viven en la pobreza en los aglomerados urbanos y, de ellos, 1,9 millones que son indigentes y ni siquiera pueden alimentarse bien, sigue siendo un dato preocupante.
Juan Ignacio Bonfiglio, investigador del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA (Universidad Católica Argentina), planteó que el hecho de que haya un conjunto de la población que no sale de la pobreza tiene que ver con el modo en que se entiende y se mide, por ingresos.
Precisó, en este sentido, que la fuente de ingresos en la mayoría de los hogares se vincula con la inserción en el mercado de trabajo. “Un mercado de trabajo segmentado, donde cerca de la mitad de la fuerza de trabajo tiene ocupaciones informales o precarias”, resaltó.
Sumó que este es uno de los principales motivos por los que la pobreza persiste, aunque también se pueden agregar cuestiones como el acceso a educación, vivienda y servicios básicos, que tienen que ver con privaciones estructurales, que generan condiciones que reproducen la exclusión social.
De ahí que, desde la UCA, insistan en que la medición de la pobreza por ingresos resulta insuficiente, ya que no necesariamente da cuenta de las privaciones efectivas y reales. Por otra parte, tampoco se consideran aspectos que se pueden acumular en el tiempo, como ahorros o deudas.