Pérdida de superficie
La olivicultura en Mendoza viene perdiendo superficie cultivada. Los números difieren y se habla de que son 5 mil, 7 mil y 10 mil. Esto sucede, explica Bustos Carra, porque en la provincia hay pocas fincas específicas de olivos. Lo más habitual es que el árbol esté en una propiedad con otros cultivos, sobre todo con la vid, en los callejones, y eso dificulta el cálculo de las hectáreas cultivadas, en especial porque las plantaciones nuevas son intensivas.
Los datos oficiales de la Dirección de Agricultura muestran que se pasó de 7.585 en 1988 a 14.644 en 2002 y se alcanzó un pico de 20.642 en 2010 (cifra que arrojó el Censo Frutícola provincial). El Censo Nacional Agropecuario midió 15.825 en 2018 y en 2022 se relevaron 11.113 con imágenes satelitales de parcelas de 5 o más hectáreas (por lo que se trata de un dato parcial).
Este año se está realizando un relevamiento con imágenes satelitales e inteligencia artificial para el reconocimiento y análisis de las parcelas, y los resultados preliminares han arrojado una superficie de unas 10 mil hectáreas.
Más allá de ese panorama de abandono y erradicación del cultivo, Guardia subrayó que Mendoza ha podido mostrar un diferencial en el mundo con el aceite de oliva. “Entendimos que ya no tenemos olivos y que necesitamos hacer una recuperación de la olivicultura, y para que se recuperen esas 15.000 hectáreas perdidas, tiene que ser rentable para el productor. Y también para el inversor, para que, en vez de plantar olivos en cualquier otro lugar de la Argentina, los coloque en Mendoza”, señaló.
Bustos Carra coincidió en que, frente a esta caída en la producción, se ha buscado resaltar los factores que distinguen la olivicultura mendocina –“que supo ser la primera del país”- y por eso se apostó a la indicación geográfica del aceite Virgen Extra de Mendoza (en 2022); la segunda certificación en el mundo para este producto. Ahora, sumó, se está trabajando para obtener el mismo sello para la aceituna en fresco.
Olivicultura. Cultivo San Juan 4
Apuesta por la tecnificación
En San Juan, detalla Daniel Fernández, presidente de la Cámara Olivícola, hay 16.500 hectáreas implantadas con olivos, de las cuales el 80% se destina a la elaboración de aceite de oliva -la provincia acapara el 50% de la producción nacional-, mientras que el 20% restante se utiliza tanto para conserva como para aceite.
En cuanto a las características del cultivo, sumó que el 80% de las hectáreas se encuentran en el sur de San Juan, en el departamento de Sarmiento, cerca del límite con Mendoza. Y que el 90% cuenta con riego tecnificado, ya que la zona exige un buen uso del recurso hídrico.
Hay unas 1.000 hectáreas que están entrando en producción, lo que significa que son relativamente recientes, ya que se implantaron hace unos 5 a 6 años. Esta poca antigüedad, explicó, se vincula con que la olivicultura se desarrolló en una zona muy fría de la provincia (25 de mayo) y se fue trasladando al polo productivo en Sarmiento.
Aunque hoy la superficie cultivada está estabilizada, Fernández señaló que se alcanzará un mayor volumen de producción por la entrada en producción de plantaciones nuevas.
Por otra parte, si bien San Juan no escapa a la realidad de la producción de aceite de oliva en Argentina, que mayormente se exporta, también tiene una importante participación en el mercado interno, ya que empresas locales abastecen al 90% de los supermercados del país, que lo venden con marca propia.
Analizó que la olivicultura en San Juan se ha tecnificado y mecanizado, y realizado un trabajo importante “tranqueras adentro”, que no se observa en otros sectores productivos. Pero pese a ser competitivos, necesitan, como todas las actividades, una baja de impuestos y “condiciones justas para poder competir con calidad y con precio”.
Además, reconoció que deben trabajar mucho en la promoción y las estrategias de comercialización. El aceite de oliva sanjuanino logró su IG el año pasado y en 2026 saldrán los primeros aceites nuevos bajo esta denominación de origen, pero consideró que tienen que reforzar la difusión.
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Gentileza Cámara Olivícola de San Juan
Un trabajo articulado para crecer
En Mendoza se está creando un clúster olivícola del que participan productores, investigadores, instituciones públicas y privadas, el Estado y la academia. El gerente de Asolmen, Mario Bustos Carra, comentó que el objetivo de este espacio es establecer un plan estratégico que permita recuperar área cultivada y recomponerla con distintas variedades de aceitunas, tanto para aceite como para mesa.
Gabriel Guardia, por su parte, indicó que una de las ideas es transformar a la provincia en un polo de producción de aceite de oliva alto en polifenoles para el mundo. “Vamos a resaltar un valor que tenemos muy claro, que es que somos capaces de hacer aceite alto en polifenoles con nuestra aceituna Arauco y otras variedades que hay acá en Mendoza”, señaló.
El clúster, precisó, trabajará con los productores, para que aumenten la calidad del producto, pero también hacia afuera, para posicionar a la provincia. Consideró que, una vez que se cierre el negocio con compradores internacionales de este aceite alto en polifenoles -que puede ser dos, tres y hasta cinco veces más caro que otros-, se podrá salir al mundo con una oferta diferenciada del “aceite de ensalada” que elabora España, país que ostenta el 60% del abastecimiento mundial.
“Nosotros no tenemos la capacidad de volumen para ir a pelear con monstruos como España, Portugal, Grecia o Italia. Necesitamos resaltar nuestro valor agregado y eso es lo que estamos trabajando”, resaltó Guardia.
Cuando se haya logrado esta inserción diferenciada, sumó, se podrá pagar mejor al productor, ya que se necesitará un mayor volumen de aceituna verde (para obtener el aceite alto en polifenoles se tiene que cosechar en forma temprana). Y esto, avizoró, permitirá no sólo que se dejen de erradicar olivos, sino que lleguen nuevas inversiones en olivares y viveros.
De hecho, Mendoza tiene muchos ejemplares de una variedad de las que permite obtener una alta carga de polifenoles, que es la Arauco. Llegó al país hace más de un siglo, traída por los inmigrantes, y sólo existe hoy en Argentina, pero es la que más se está erradicando. “Tenemos la solución en el patio de la casa”, lanzó.
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Gentileza Cámara Olivícola de San Juan
Aumentar el consumo per cápita
En Argentina, detalló el presidente de la Cámara Olivícola de San Juan, Daniel Fernández, se producen unas 35 mil toneladas de aceite de oliva y entre el 70% y el 75% se exporta. Esto implica, detalló, que sólo 7.500 toneladas se venden en el mercado interno.
El consumo per cápita del argentino es muy bajo, resaltó: entre 200 y 250 gramos al año, cuando los españoles y los griegos están entre los 8 y los 10 kilos. “Si nosotros cuadriplicáramos el consumo -lo lleváramos a 1,250 kilos-, no haría falta exportar”, subrayó sobre el potencial del crecimiento del sector.
Fernández explicó que el consumo de los argentinos ha ido creciendo lentamente por un tema de bienestar, ya que el aceite de oliva es uno de los principales ingredientes de la dieta mediterránea, conocida por sus beneficios para la salud y la longevidad.
El desafío que plantea el Acuerdo Mercosur-UE
Una de las preocupaciones del sector es qué puede suceder con la llegada de aceite de oliva europeo a Argentina, en el marco del Acuerdo Mercosur-Unión Europea. Daniel Fernández, presidente de la Cámara Olivícola de San Juan, resaltó que el producto español está fuertemente subsidiado. “Queremos potenciar el consumo interno, pero de aceites argentinos”, indicó y advirtió que temen que comiencen a ingresar opciones de menor calidad.
Añadió que la producción local es competitiva, pero que en Europa tienen una carga impositiva inferior a la argentina y, además, un subsidio muy significativo. Por eso, el sector está buscando demostrar las quitas que tiene la producción española, para poder evidenciar que se trata de una competencia desleal. “Estaríamos importando subsidios y exportando impuestos”, graficó.
Bustos Carra, en cambio, resaltó que, a partir del 1 de mayo, el aceite de oliva del Mercosur entra con arancel cero a Europa, mientras que el europeo recién llega a las mismas condiciones de desgravación en 15 años, lo que se puede entender como una condición privilegiada. También frente a otros productos, como el vino, la aceituna o la ciruela desecada de América del Sur, que recién alcanzarán ese 0% en cuatro, siete y cuatro años, respectivamente.
De todos modos, señaló que hay que ver con qué precio llega el aceite español, por los subsidios y que, por esta razón, están teniendo reuniones periódicas desde que se firmó el tratado, en enero, porque todavía hay “muchos grises”.