Hay alimentos que trascienden la cocina y se convierten en civilización. El aceite de oliva es uno de ellos, y su historia empieza miles de años atrás, en el corazón del mundo mediterráneo antiguo. Un investigador decidió rastrear ese recorrido desde sus orígenes hasta hoy, y lo que encontró va mucho más allá de la gastronomía.
Emilio Lara, doctor en Antropología y licenciado en Humanidades, dedicó un libro entero a esa historia: Un mar de oro verde. Sus conclusiones sobre el papel que jugó el aceite de oliva en la construcción de las civilizaciones antiguas, y sobre el lugar que ocupa hoy en la economía y la cultura global, sorprenden incluso a quienes creen conocer bien este producto. Lo que sigue es solo una parte de lo que descubrió.
Cómo el aceite de oliva construyó civilizaciones
Para entender la dimensión histórica del aceite de oliva hay que pensar en él como algo que va mucho más allá de un ingrediente de cocina. Durante siglos fue simultáneamente alimento, medicamento, perfume, ungüento corporal y combustible para la iluminación. Era, en términos modernos, un recurso estratégico. Por eso Lara no duda en compararlo con el petróleo: quien controlaba el aceite de oliva en la Antigüedad controlaba una parte esencial de la economía y la cultura de su época.
En la Roma clásica esa centralidad era todavía más explícita. Según el antropólogo, los romanos no concebían su identidad civilizadora sin el aceite de oliva: era tan importante para la romanización como el derecho, el latín, las legiones o la construcción de obras públicas. Un ciudadano romano que no tenía acceso al aceite no se sentía plenamente romano.
Por qué España lidera la producción global
Las razones del liderazgo español en la producción de aceite de oliva tienen raíces tanto geográficas como históricas. La posición estratégica de la Península Ibérica permitió desde la época romana una distribución fluida hacia toda Europa, por tierra a través de las calzadas y por mar a través del Mediterráneo.
A eso se suma un clima que Lara considera sencillamente el mejor del mundo para el cultivo del olivo. España produce actualmente alrededor de la mitad del aceite de oliva de todo el planeta, con la provincia de Jaén como epicentro de esa producción.
Italia, Grecia, Turquía y Marruecos siguen a considerable distancia, y aunque países como China, Japón y Estados Unidos han comenzado a desarrollar sus propios olivares, ninguno se acerca en volumen ni en calidad al producto español.
aceite de oliva
Al pie del Monte Fuji, en Japón, ya se están cultivando olivares.
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Qué hay que tener en cuenta a la hora de comprarlo
- Lara es claro: la única variedad que vale la pena consumir es el aceite de oliva virgen extra, que equivale al jugo de aceituna de primera prensada. Los aceites refinados o los que no alcanzan esa categoría deben evitarse.
- Dentro del virgen extra, la variedad de aceituna define el perfil de sabor: más suave, más picante o más afrutado, según el gusto de cada consumidor.
- Sobre el precio elevado que tiene hoy el producto, el investigador lo encuadra en una cuestión de perspectiva: se trata de un alimento premium cuya botella puede durar bastante tiempo si se usa con criterio, y cuya calidad justifica la inversión.
El aceite de oliva no es solo un ingrediente de la dieta mediterránea: es un archivo cultural de miles de años, un motor económico de primer orden y un alimento cuyas propiedades para la salud siguen siendo investigadas.