21 de abril de 2026 - 18:00

Los estudios muestran que los estudiantes que garabateaban sus cuadernos durante las explicaciones desarrollaron una poderosa ventaja

Durante años pareció una distracción. Sin embargo, algunos estudios sugieren que esos garabatos simples podían ayudar a no desconectarse del todo.

Un estudio clásico de Jackie Andrade encontró que, en una tarea aburrida de escucha, quienes hacían un garabato muy simple mientras atendían recordaban más información después que quienes solo escuchaban.

La explicación propuesta fue muy concreta: ese pequeño movimiento podía ayudar a que la mente no se fuera tanto hacia el ensueño o la desconexión.

No era “prestar menos atención”: a veces era una forma de no perderla

El garabato útil no era una obra de arte ni un dibujo complejo. Era algo mínimo, casi automático, como sombrear formas o repetir trazos sencillos.

Justamente por eso podría funcionar como un ancla ligera: ocupaba un poco la mente, pero no al punto de competir con la explicación principal.

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Si alguna vez te pasó eso de estar al borde de colgarte y seguir haciendo rayitas mientras todavía escuchabas, la lógica iba por ahí. No se trataba de concentrarse más por magia, sino de evitar caer del todo en la distracción.

La parte útil aparece antes: cuándo puede ayudar y cuándo no

Esto sirve bajarlo rápido a algo práctico. El garabato puede jugar a favor cuando la tarea principal es escuchar algo bastante lineal, repetitivo o largo, y el dibujo es simple. En cambio, deja de ayudar si se vuelve demasiado elaborado, si te obliga a decidir mucho o si reemplaza por completo a los apuntes.

De hecho, una investigación más reciente, publicada en 2024, encontró que garabatear no mejoró ni la atención ni la retención frente a otras condiciones en una clase larga, y que tomar apuntes fue la estrategia que mejor salió parada.

Es decir, el garabato puede servir como sostén en ciertos contextos, pero no es mejor que una escucha activa con notas.

La señal más clara no estaba en el margen, sino después

Si esos garabatos estaban ayudando, no se notaba tanto mientras el alumno dibujaba, sino al final. La verdadera pista era otra: podía recordar nombres, ideas o detalles que, en teoría, se le tendrían que haber escapado.

Los estudios muestran que los estudiantes que garabateaban sus cuadernos durante las explicaciones desarrollaron una poderosa ventaja (2)

En el estudio clásico, el grupo que garabateó recordó un 29% más de información en una prueba sorpresa. Pero el dato importante no es copiar ese número como una receta, sino entender la escena: un gesto mínimo, en una tarea aburrida, pareció ayudar a sostener mejor la atención auditiva.

El error común es romantizar cualquier garabato

Acá conviene no exagerar. La evidencia más nueva enfrió bastante la idea de que dibujar en clase siempre mejora el aprendizaje. No cualquier garabato sirve, no cualquier clase es igual y no cualquier alumno se beneficia de la misma manera.

Si el dibujo te absorbe demasiado, te hace perder el hilo o reemplaza una estrategia más útil, ya no está ayudando a sostener la atención: te está corriendo de la tarea.

Por eso, hablar de “retención de atención sostenida” como si fuera una fórmula fija sería demasiado. Más honesto es decir que algunos garabatos simples podrían colaborar a mantener una atención más estable en contextos puntuales, sobre todo cuando el riesgo mayor es desconectarse por aburrimiento

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