La horticultura mendocina enfrenta un escenario atravesado por la presión de los costos y la necesidad de abrir nuevos destinos para sostener la rentabilidad.
El fundador de Productos MAF habla sobre el mercado agrícola en Mendoza, cómo están las exportaciones y las necesidades del sector.
La horticultura mendocina enfrenta un escenario atravesado por la presión de los costos y la necesidad de abrir nuevos destinos para sostener la rentabilidad.
Miguel Ángel Fernández, fundador de MAF y uno de los principales productores hortícolas de Mendoza, analiza el sector, explica cómo logró exportar desde la provincia hacia mercados como Polonia, Estados Unidos y Australia. Además, plantea que el futuro pasa por la incorporación de tecnología, la diversificación y una mayor integración entre productores.
—¿Qué te llevó a dedicarte a la producción hortícola y sostenerte en una actividad tan compleja?
—Exitoso es un halago, pero sí, Mendoza tiene muchos peros climáticos. Tenemos mucho viento, zonda, granizo, muchas inclemencias que nos entorpecen el trabajo. Pero los suelos nuestros y el agua nos llevan a producir muy buenas verduras. Entonces somos competitivos a nivel nacional, incluso a nivel internacional.
Pero los precios muchas veces no acompañan. Hay una cuestión del sacrificio, seas grande o seas chico. No siempre estamos de la mano de los buenos precios. Al contrario: de diez años, dos pueden ser buenos y ocho son complicados, de los cuales dos o tres son muy malos.
—Hoy trabajan con zanahoria, exportan y distribuyen a todo el país. ¿Cómo se construye esa logística desde Mendoza?
—Lo que vos dijiste: logística. Básicamente necesitamos buena logística. Nosotros tenemos dentro de la empresa un departamento de logística, en el cual hacemos una distribución más o menos ordenada y repartimos varios productos. Eso nos lleva a ser competitivos en distintos mercados del país.
La producción hortícola es una producción escalonada. La podés dividir a lo largo de todo el año.
—¿Cómo organizan esa producción permanente?
—Estamos rotando suelo. Por eso hacemos muchos cultivos, muchos cultivos de hojas, en los que Mendoza es muy fuerte a nivel nacional. Incluso nosotros llegamos con lechugas hasta Río de Janeiro como exportadores. Tenemos una calidad de hoja muy buena y la rotación es durante todo el año.
A pesar de las inclemencias del tiempo, si tenemos una granizada esperamos que los suelos sequen de nuevo y volvemos a cultivar. Somos resilientes a morir.
—Toda la producción está prácticamente a la intemperie. ¿Cómo manejan ese riesgo?
—Tenemos las posibilidades de hacer cobertura, pero nosotros cultivamos muchas lechugas de cabeza. Las lechugas repolladas, bajo cubierta, no son de la mejor calidad. Necesitamos campo.
MAF no tiene cobertura. Sí tenemos sistemas de riego especializados, por goteo y pivotes centrales. Eso nos hace mucho más efectivos, pero estamos a lo que Dios mande.
—¿Cómo se mide el riesgo empresario en una actividad así?
—Es muy difícil de medir. Muchas veces me preguntan cuál es tu costo de producción. ¿En qué momento? Nosotros hacemos una base de costos antes de sembrar, pero el costo final lo medimos a fin de cosecha. Muchas veces hemos sembrado tres veces lo mismo que finalmente vamos a cosechar.
—¿Qué hace falta para exportar una hortaliza desde Mendoza?
—Por empezar, las buenas prácticas de manufactura y las buenas prácticas agrícolas son fundamentales desde el inicio del cultivo hasta terminar el producto y ponerlo en los mercados.
—¿Cuánto producto queda fuera del circuito comercial?
—Depende de la calidad que producís en el campo. Muchas veces descartás un 70%, o sea que te queda neto un 30% comercial. En el mejor de los casos podés recuperar un 80%. Lo otro son descartes.
—¿Y qué hacen con ese descarte?
—Colaboramos con el Banco de Alimentos porque son útiles, no son comerciales, pero sí son comestibles. Y si no, tenemos animales.
—¿Cómo planifican el año agrícola?
—Con un libretito. Vamos poniendo qué variedades vamos a sembrar en cada época del año y armamos toda la planificación.
—¿Qué está pasando hoy con Brasil?
—Brasil nos está pegando duro con el ajo. Nos está pegando duro porque el antidumping levantado con respecto a China nos pone en quiebra.
—Si el principal mercado deja de comprar, ¿qué hicieron?
—MAF, particularmente, buscó nuevos mercados. Este año hemos exportado a Polonia, España, las dos costas de Estados Unidos, México y Australia. Tenemos la chance de diversificar mercados.
—¿Cómo fue esa experiencia de salir a destinos tan distintos?
—Son desafíos nuevos, de los cuales creo que la apertura que nos ha llevado este nuevo gobierno nos da la chance de poder abrir esos nuevos mercados.
—¿Por qué creés que tan pocos productores logran integrar toda la cadena y exportar?
—Son tantas las dificultades que tenemos en el medio y tan pocas las manos del lado estatal que hay mucha gente que baja los brazos. No es mi caso. Yo soy un resiliente a morir. Le pongo, le pongo y le pongo. Hay muchos como yo que hacen lo mismo; a algunos les va mejor y a otros peor.
—También contabas que empezaste de cero. ¿Qué necesita la horticultura mendocina para volver a crecer?
—Es muy difícil arrancar de cero porque no tenés financiación y son muy pocas las manos que te dan del lado estatal.
Yo hoy tengo 61 años. A los 22 creamos una cooperativa de 50 socios. Para mí era un sueño poder formar un equipo de trabajo y sacar mucha producción.
Creo que nos falta unión. Nos falta perder los egos. Es un poco difícil hoy.
—¿Cuánto pesa la incorporación de tecnología?
—Es complicado. Hace falta financiación, buenas aguas y buenos suelos. Suelos tenemos, pero todo eso nos está haciendo falta.
—¿Dónde ves oportunidades de desarrollo?
—El Valle de Uco tiene muy buenos suelos. Lavalle también tiene buenos suelos y buenos acuíferos subterráneos, pero todavía está falto de desarrollo.
Nosotros hace cuatro años empezamos a desarrollar suelo en Lavalle. Tiene unos acuíferos muy lindos y eso te da la posibilidad de hacer cultivos de muy buena calidad.
—¿Qué están produciendo allí?
—Estamos haciendo cebollas de ciclos cortos. Incluso cebollas dulces, que nos ponen en ciertos momentos del año muy competitivos en mercados como Estados Unidos y España.
—¿La cebolla dulce sigue teniendo futuro?
—Soy muy optimista con respecto al desarrollo de las cebollas dulces. Tienen un mercado mundial muy bueno. En Argentina todavía no tenemos desarrollado el paladar para ese producto. Entonces nos cuesta colocar lo que queda para el mercado interno. Pero confío en que lo vamos a desarrollar.
—¿Qué otros productos tienen potencial exportador?
—Las cebollas de ciclos cortos. Nosotros cosechamos a partir de noviembre, así que podemos exportar noviembre, diciembre y enero. Somos muy competitivos a nivel mundial porque tenemos una ventanita al estar del otro lado del mundo.
Después, la zanahoria tiene un lugarcito en el mundo que todavía no está desarrollado porque nos falta infraestructura.
—¿Qué infraestructura falta?
—Nos faltan los fríos. El proceso de enfriado rápido de postcosecha y ponerlas en frío para enviarlas a los mercados del otro lado del mundo.
Nosotros estamos haciendo un desarrollo desde hace unos cuatro años con una empresa californiana. Ellos tienen la intención de poner alrededor de 3.000 hectáreas para abastecer la costa este de Estados Unidos.
El negocio está, los números dan, pero nos está faltando eso. Las inversiones son muy costosas y no tenemos las finanzas.
—¿Cómo imaginás la horticultura mendocina dentro de diez años?
—Hoy nosotros estamos orientados justamente a cebollas dulces. La zanahoria, para mí, tiene un desarrollo industrial de postcosecha en el que estamos en pañales. No lo hemos desarrollado. Creo que ahí podríamos diversificar gran parte de lo que hoy nos está pegando Brasil con el ajo.
Además, Mendoza tiene hoy la particularidad de que la vitivinicultura también está golpeada. Entonces tenemos muchos suelos disponibles. La cebolla puede tener un desarrollo muy amplio en hectáreas, pero hay que estudiarlo y ponerlo en práctica.