Cambios en la macro, como la reducción de la incertidumbre y el rezago del dólar, han provocado que el precio de los bienes crezca menos que el de los servicios. De tratarse de un cambio persistente, advierte el Ieral, de la Fundación Mediterránea, podría afianzar un cambio en la estructura productiva de Mendoza que ya se observa, de mayor participación del sector de los servicios.
Un informe, elaborado por Gustavo Reyes y Jorge Day, analiza que, , el contexto económico actual modifica los precios relativos: “el dólar se rezaga, los precios de los bienes crecen menos que los de los servicios y se abarata el capital”. Esto modifica la rentabilidad de los sectores y da señales sobre qué conviene producir y en dónde invertir.
En los últimos dos años, advierten, el ingreso de capitales -por una mayor confianza- favoreció una apreciación del tipo de cambio real y que el dólar se rezague con respecto a la inflación. Esto hace que los precios de los bienes -más atados al dólar- aumenten menos que los de los servicios.
¿Cambio en la matriz productiva?
Reyes y Day señalan que el principal interrogante a responder es si este cambio en los precios relativos será sostenido, ya que podría modificar la matriz productiva. En realidad, se trataría de reforzar una tendencia que ya se viene observando, de mayor peso de los servicios con respecto a otras ramas de actividad.
De todos modos, advierten que el tipo de cambio real -y con ello los precios relativos- han tenido una gran volatilidad en los últimos 80 años en Argentina, con frecuentes momentos de atraso cambiario, seguidos de correcciones abruptas.
Pero señalan que el contexto actual tiene una diferencia: “la consistencia del programa macroeconómico y la menor incertidumbre podrían otorgar mayor persistencia a estos cambios. Si así fuera, las señales de precios tendrían más capacidad para inducir decisiones de inversión y transformación productiva”.
Qué podría pasar en Mendoza
Los economistas plantean que el impacto no es uniforme, ya que el nuevo esquema económico favorece a ciertos sectores, pero no a las actividades menos competitivas (como una parte de la industria). Así, tendrían ventajas aquellas provincias con recursos naturales dinámicos, como minería y energía. También se ven beneficiadas las economías más intensivas en servicios, como CABA y las grandes provincias.
En ese panorama, señalan los investigadores del Ieral, “Mendoza queda en una posición intermedia, al no ser una economía pequeña, pero con poco desarrollo en sectores dinámicos”. Así, la vitivinicultura, el agro y la agroindustria están atravesando un momento complejo, con suba de costos y precios internacionales a la baja, mientras que el petróleo no convencional y la minería, que tienen potencial, están en una etapa de desarrollo en la provincia.
“Si el nuevo contexto se consolida, la transición no será neutra: implicará ganadores y perdedores. Sin embargo, ello no necesariamente implica la desaparición de sectores, sino cambios en su peso relativo dentro de la economía, con una mayor participación de actividades vinculadas a servicios y aquellas más intensivas en capital y tecnología”, avizoran.
Qué pueden hacer las empresas y el Estado
Ante este contexto, expresan desde el Ieral, las empresas dedicadas a la producción de bienes tienen poco margen para aumentar precios, por lo que deben enfocarse en diferenciar productos, mejorar la calidad o redefinir mercados. También, en reducir los precios unitarios a partir de la incorporación de tecnología, el incremento de la productividad y, en algunos casos, la reducción de la utilización de mano de obra.
El Estado, en tanto, debe acompañar con mejoras en las condiciones para invertir y producir, con el sostenimiento de la estabilidad macroeconómica, pero también -en todos los niveles- con una disminución de la carga impositiva, una mejora de la infraestructura y la logística, y una reducción de los costos regulatorios y burocráticos.
Panorama desafiante
El director del Cefim (Centro de Economía y Finanzas de Mendoza), Nicolás Aroma, aportó que el informe es interesante y va en línea del planteo de una economía dividida entre los sectores dinámicos -incluso en el caso de los de producción de bienes que generan valor, como la energía y la minería- y otros con poca capacidad de adaptación en la situación económica actual.
En el primer caso, Mendoza tiene todavía baja participación y un desarrollo incipiente, mientras que la mayor parte de las industrias tradicionales mendocinas -la vitivinicultura y la metalmecánica, por ejemplo- se encuentran en el segundo grupo.
“Efectivamente, el peso relativo de los servicios está aumentando respecto al de la producción de bienes. Me parece importante ver cómo Mendoza se va a ubicar en esa coyuntura”, indicó. Aroma advirtió, además, que no habrá un salto cuantitativo de importancia en términos de la matriz productiva de la provincia hacia la producción de bienes y eso representa un problema.
Asimismo, señaló que, en este contexto, el acceso a financiamiento es determinante para la reconversión de las empresas y las decisiones de inversión, y que en Mendoza está bastante restringido. Incluso, respecto de otras provincias. “La incorporación de tecnología es importante para seguir bajando costos en algunas industrias que deberían ser más competitivas”, sumó.
“Mendoza no enfrenta un panorama fácil. El informe habla de CABA, que es una jurisdicción de servicios y la que más se está llevando el beneficio económico del nuevo modelo. Y después hay otras asociadas a la minería y la energía, como San Juan. Mendoza está quedando en el medio de dos provincias con mucho potencial: Neuquén y San Juan”, expresó.