Por qué la reforma laboral en Brasil sí generó un aumento del empleo formal
Desde la Fundación Mediterránea advierten que los resultados no se pueden extrapolar a la Argentina, porque hubo otros factores que fueron determinantes.
La reforma laboral en Brasil favoreció un aumento en el empleo formal, pero no fue el único factor, advierte la Fundación Mediterránea
Un análisis de la Fundación Mediterránea señala que la reforma laboral implementada en Brasil en 2017 suele citarse como un caso exitoso de generación de empleo. Pero también advierte que el ritmo de creación de puestos formales no puede analizarse en forma aislada: estuvo acompañado por un contexto macroeconómico particularmente favorable.
Aunque Brasil y Argentina comparten rasgos estructurales —proteccionismo, elevada presión tributaria, regulaciones y burocracia—, desde 2017 sus trayectorias comenzaron a divergir. Mientras la Argentina persistió en un sendero de estanflación, Brasil logró acelerar el crecimiento y la creación de empleo privado formal.
El quiebre coincidió con dos decisiones clave del gobierno de Michel Temer: una reforma laboral profunda y la fijación de un techo estricto al gasto público. Ese combo permitió bajar la inflación a un dígito, relajar la política monetaria y recomponer expectativas. Años después, bajo Lula da Silva, volvió la incertidumbre fiscal, pero la diferenciación acumulada ya estaba hecha.
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Qué cambió la reforma laboral
La reforma de 2017 desarmó un statu quo vigente desde 1943, cuando Getúlio Vargas impulsó la CLT (Consolidación de las Leyes del Trabajo). El giro central fue trasladar a la negociación colectiva —y, en ciertos casos, a acuerdos individuales— la redefinición de 15 ítems que antes estaban rígidamente regulados, reduciendo además la injerencia de la Justicia del Trabajo.
El nuevo marco introdujo flexibilidad en la jornada, la segmentación de vacaciones, los intervalos entre turnos, el banco de horas, la participación en dividendos y modalidades como el trabajo a tiempo parcial e intermitente. También incorporó mecanismos para desalentar demandas de mala fe, apuntando a contener la “industria del juicio”.
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Más empleo formal y productividad
Un estudio reciente del Fondo Monetario Internacional atribuye a la reforma impactos significativos sobre el crecimiento potencial: aumento del empleo formal, menor litigiosidad y un salto en productividad, especialmente en sectores intensivos en mano de obra.
Los resultados fueron visibles antes de la pandemia. En febrero de 2019, la creación neta de empleo alcanzó 173,2 mil puestos, tras haber registrado una destrucción de 104,6 mil en febrero de 2016. En una mirada de mediano plazo, el empleo privado formal creció a un ritmo acumulativo del 1,5% anual entre 2016 y mediados de 2025, en fuerte contraste con el estancamiento argentino.
Hoy, la tasa de desempleo brasileña ronda el 5,2%, su piso histórico: un dato que desafía la idea de que las reformas laborales destruyen empleo.
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El rol decisivo de la macroeconomía en Brasil
El éxito no se explica solo por las normas laborales. Las “condiciones iniciales” de la macro potenciaron el efecto. Tras la crisis del gobierno de Dilma Rousseff, la sobrerreacción cambiaria se revirtió: las expectativas de devaluación se disiparon, la tasa Selic inició una fuerte baja y la inflación cedió.
Entre 2016 y 2019, la tasa real de interés descendió desde el 5% anual a cerca de 0,2%, mientras el tipo de cambio real se apreció alrededor de un 20% desde un punto de partida muy depreciado. Ese “mix” de dólar y tasas creó un entorno favorable para el consumo, la inversión y la productividad.
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Productividad y exportaciones: la brecha se amplía
La divergencia también se observa en productividad. Tomando 2016 como base 100, en 2024 la productividad media del trabajo creció 6,3% en Brasil y cayó 12,5% en la Argentina. Las exportaciones acompañaron: el agro pasó de USD 52.000 millones a USD 120.000 millones entre 2016 y 2024; la minería, de USD 15.000 a USD 34.000 millones; la celulosa, de USD 5.600 a USD 10.600 millones; y el petróleo, de USD 11.200 a USD 56.600 millones. El ratio exportador frente a la Argentina se amplió de 3 a 1 a casi 4 a 1.
Aun con problemas de competitividad en la industria manufacturera, el dinamismo del resto de los sectores fue suficiente para llevar el desempleo a mínimos históricos.
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Lecciones para el debate en Argentina
Brasil no se transformó en una economía nórdica: mantiene alta presión tributaria, regulaciones y una economía relativamente cerrada. Lo que sí cambió fue la modernización del mercado laboral y la disciplina fiscal, articuladas con una macro más previsible.
La experiencia resulta relevante para evaluar la reforma laboral en discusión en el Congreso argentino. Alcanzar el mismo contexto que en Brasil al momento de su implementación no es sencillo —en particular por las restricciones cambiarias y el impacto sobre la inversión extranjera directa—, pero el caso muestra que, con reglas más flexibles y un ancla macro creíble, es posible ganar competitividad, empleo formal y salarios al mismo tiempo.
“Replicar las ‘condiciones iniciales’ de Brasil en la etapa de instrumentación de la reforma laboral sería más factible a través de un esquema bimonetario de ‘flotación administrada’, con el que podría alcanzarse un equilibrio de tipo de cambio y de tasas reales de interés de corto y de mediano plazo, compatibles con el ahorro y la inversión”, concluye Jorge Vasconcelos, coordinador general de Revista Novedades, de la Fundación Mediterránea.