La competitividad cambiaria de la Argentina atraviesa un momento delicado y, lejos de mostrar señales de mejora, podría mantenerse en niveles bajos durante este año. Así lo advirtió el economista Alejandro Trapé en Aconcagua Radio, donde analizó el comportamiento del dólar, su impacto en la economía real y las consecuencias para sectores clave de Mendoza.
Según explicó Trapé, si bien el tipo de cambio no se encuentra tan desfasado como en otros momentos de la historia económica del país, “está bastante bajo el tipo de cambio real, lo que significa que la competitividad por ese lado está bastante lesionada”. A su vez, advirtió que “lo más preocupante es que no pinta que vaya a mejorar hacia el futuro”.
En ese marco, el economista se refirió a los “espasmos” que suele registrar el tipo de cambio en la Argentina y cómo esos movimientos afectan a la economía cotidiana. “En la mayoría de los países el tipo de cambio real es bastante estable, no tiene espasmos para arriba ni para abajo, y eso le permite a empresarios, consumidores y exportadores tomar decisiones más claras”, señaló. En cambio, cuando se producen saltos abruptos, “por momentos estás muy favorecido por la competitividad cambiaria y de repente estás muy mal”, una situación que, según indicó, ya se vio reflejada en sectores como el turismo.
Al analizar el escenario para este año, Trapé consideró que no habrá grandes cambios en materia cambiaria. “El dólar viene bastante atado a los precios. Las bandas cambiarias están explícitamente vinculadas a la inflación y el Gobierno quiere mantener la cotización dentro del medio de la banda”, explicó. En ese contexto, la relación entre dólar y precios, es decir el tipo de cambio real, “no va a cambiar mucho”.
Este panorama, remarcó, no resulta alentador para los exportadores mendocinos ni para el sector turístico. “Ya venimos con una competitividad baja y este año no va a haber demasiados cambios”, afirmó. Por eso, sostuvo que la competitividad debe buscarse por otros caminos, como la reducción de costos laborales, impositivos y logísticos.
Consultado sobre el margen de acción de la provincia, Trapé fue claro al señalar que el problema es principalmente de orden nacional. “Los impuestos provinciales no son los que más pesan en la estructura de costos de los sectores productivos de Mendoza. Los que más impactan son Ganancias, IVA y las cargas laborales”, explicó. Si bien reconoció que la Provincia puede colaborar con financiamiento subsidiado o rebajas impositivas puntuales, aclaró que “eso no va a ser lo que en definitiva le mueva la aguja al empresario”.
En ese sentido, puso especial énfasis en los costos logísticos y de transporte, un factor clave para la economía mendocina. “Tenemos problemas en los puertos del Pacífico, en Buenos Aires y también en los pasos fronterizos”, señaló. Como ejemplo, mencionó lo que ocurre cada invierno cuando cientos de camiones quedan varados por las condiciones climáticas. “Son costos adicionales para las empresas: salarios, viáticos, demoras y mercadería que llega más tarde al puerto de salida”, detalló, y remarcó que allí sí existe un margen concreto de acción para el Gobierno provincial.
Trapé también se refirió a la crisis que atraviesa el sector vitivinícola mendocino, que afecta tanto a bodegas pequeñas como a medianas y grandes. “Por un lado, le pega muy duro la falta de competitividad cambiaria, sobre todo al sector exportador, y por otro, está la caída del consumo de vino y de bebidas alcohólicas a nivel mundial, que no se revierte”, explicó. Gráficamente, describió al sector como “un techo que baja y un piso que sube”, con una rentabilidad cada vez más reducida. En ese contexto, consideró necesario “revisar y repensar” las estrategias planteadas en el Plan Estratégico Vitivinícola 2030.
Finalmente, el economista analizó el debate en torno a la reforma laboral y su capítulo impositivo, en particular el Impuesto a las Ganancias. “Es uno de los capítulos más complejos”, afirmó, ya que se cruza con la reforma tributaria y tiene impacto fiscal. Trapé sostuvo que Ganancias “no debería caer sobre los trabajadores de la misma manera que sobre las empresas” y que será difícil avanzar en ese punto, dado que el Gobierno necesita sostener el superávit fiscal. “Cuando una reforma tiene impacto fiscal, es más difícil acordarla y aprobarla en el Congreso”, concluyó.
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