7 de junio de 2026 - 14:10

La historia detrás de los descubrimientos mineros en Mendoza: el trabajo silencioso de los geólogos

Desde el Plan Cordillerano hasta la actualidad, especialistas reconstruyen seis décadas de exploración minera en la provincia y analizan el futuro.

La exploración minera en Mendoza tuvo tres momentos principales: uno por parte del Estado, en el marco del Plan Cordillerano; otro por las empresas privadas, en los ‘90; y el que inició hace un par de años. Geólogos con vasta experiencia en esa etapa inicial de la minería repasan esa historia y aguardan los futuros hallazgos en la provincia.

Eddy Lavandaio señaló que el Plan Cordillerano, en los años ‘60, marcó el comienzo de la actividad geológica, ya que antes de eso la geología había estado ausente de la minería metalífera en Argentina. Si bien, cuando Mendoza pertenecía a la Capitanía General de Chile se empezó a trabajar en las minas de plata de Paramillos (Uspallata), hasta mediados del siglo XIX “los grandes descubridores” eran los puesteros, que veían una piedra o una veta brillante y vendían ese hallazgo a otra persona.

A mediados del siglo XX, agregó el geólogo, el Gobierno nacional hizo que los geólogos salieran a recorrer el país para buscar yacimientos de cobre -porque Chile ya estaba explotando ese mineral-, pero no encontraron ninguno comparable a los del vecino país. Así fue como el Estado, a través de la Dirección de Fabricaciones Militares, con la colaboración de otras instituciones y el financiamiento de las Naciones Unidas, lanzó el Plan Cordillerano, que se desarrolló desde 1962 hasta 1968.

“Fue un hito muy importante porque los geólogos aprendimos a trabajar en equipo y se aprovecharon todas las técnicas nuevas que había en el mundo. En aquel momento recién aparecía la fotografía aérea y las técnicas geoquímicas y de geofísica”, recordó.

Lavandaio precisó que se recorrió la cordillera de Mendoza, San Juan y Neuquén, y se descubrieron los primeros pórfidos cupríferos. “Fue una época de grandes descubrimientos”, subrayó y enumeró que en esa etapa se identificaron Bajo La Alumbrera (Catamarca), Pachón (San Juan), San Jorge (Mendoza) y Campana Mahuida (Neuquén), entre otros.

Geólogo Eddy Lavandaio
El geólogo y especialista en minería Eddy Lavandaio recibió un reconocimiento por el Senado de Mendoza

El geólogo y especialista en minería Eddy Lavandaio recibió un reconocimiento por el Senado de Mendoza

Llegada y éxodo de las empresas extranjeras

Sonia Capuccino, quien también es geóloga, sumó que en los ’90 comenzó una etapa fuerte de exploración, asociada a la aprobación de la Ley de Inversiones Mineras (24.196), que otorgaba beneficios a las empresas para impulsar la actividad.

Subrayó que muchas compañías, y varias de ellas grandes, se instalaron en Mendoza, por tener muy buena conectividad y encontrarse en un punto medio que facilitaba desplazarse hacia el norte o el sur. Además, contaba —y aún cuenta— con un entramado industrial desarrollado en parte gracias a la actividad petrolera, lo que también era un punto a favor.

Detalló que algunas venían de Chile e incluso BHP -que hoy opera, junto con Lundin, el distrito Vicuña- tenía su sede en Salta y se mudó a Mendoza. También llegó en esa época Rio Tinto y otras empresas junior. “De hecho, muchos geólogos que estamos viviendo acá no somos mendocinos, pero hace más de 20 años vinimos a vivir a Mendoza por esta razón. Y nos enamoramos de la provincia y ya nos quedamos”, contó la cordobesa.

Sin embargo, la baja en los precios de los commodities, entre ellos, el cobre, a fines de los ’90, hizo que las empresas frenaran la exploración, que es la primera actividad que se detiene cuando el contexto es desfavorable, porque representa una inversión de alto riesgo. Algunas empezaron a retirarse y el éxodo se profundizó con la aprobación de la ley 7722, ya que en 2003 los valores del mineral habían comenzado a repuntar nuevamente.

Geóloga Sonia Capuccino

César Riveros es otro mendocino por adopción. Jachallero de nacimiento, estudió geología en la Universidad de San Juan, pero vive en Mendoza hace 22 años. Recién egresado, recibió una beca de la minera Anglo American, que estaba radicada en la provincia, por lo que, si bien desarrolló la mayor parte de su carrera en el sur -en Cerro Vanguardia- tiene más de 40 años de conocimiento de la realidad mendocina.

Recuerda que, en aquel momento, en los últimos años del gobierno de Raúl Alfonsín, había dos empresas de exploración en Argentina: Minera Aguilar, que llevaba muchos años explorando, y Anglo American, que había llegado a principios de los ’80. Ambas mantenían inversiones mínimas debido al complejo contexto económico. Y recién a partir de 1993, cuando empezó a ordenarse la economía y se aprobó la ley de inversiones mineras, empezaron a llegar más compañías.

Mendoza, indicó, llegó a albergar decenas de empresas y tres laboratorios. La cercanía con Chile y un entorno favorable para la actividad facilitaron que numerosas firmas internacionales que tenían su cabecera de Sudamérica en el vecino país instalaran en la provincia sus subsidiarias argentinas. También, porque había pymes que podían prestar servicios, desde transporte a catering. “Todo eso se perdió a partir de que se empezó a crear ese ambiente hostil a la minería”, planteó.

Geólogo César Riveros 2

Un nuevo capítulo para la exploración minera

El repaso histórico les permite a los geólogos apreciar el recorrido para llegar al momento actual. “Mendoza tiene el mismo potencial que tenía hace 10 o 20 años. Las franjas metalogénicas que están en Chile, en San Juan y en Neuquén no se cortan en la provincia. Así que nosotros vemos con mucha alegría que se esté empezando a explorar”, señaló Capuccino, quien participó como asesora técnica en la elaboración del Plan Pilares.

Sumó que estuvo en Malargüe a principios de año y vio ese movimiento pequeño que genera la exploración. Es que, si bien no tiene un impacto tan significativo en el empleo, sí produce desarrollo en las comunidades cercanas, porque demanda servicios locales, desde arrieros y mulas para los recorridos de campo hasta alojamiento y gastronomía.

Lavandaio también celebró el movimiento actual, de reactivación de la exploración en Mendoza, y resaltó que, fuera de San Jorge y Potasio Río Colorado, en el resto del territorio se está empezando. Y, como los plazos mineros son largos -y la tecnología aporta en varios sentidos, pero no los reduce-, se podría llegar a un yacimiento en 10 o 20 años.

Geólogo César Riveros

La búsqueda detrás de los descubrimientos

Más allá de los cambios de época, de un contexto más o menos favorable, de innovaciones como el uso de drones y los teléfonos satelitales -para no estar incomunicados, como antes, por el tiempo que durara la campaña- o de reemplazar en ciertos casos las mulas por vehículos de montaña, hay algo que no ha cambiado: la labor del geólogo en la etapa inicial de la minería.

Riveros la define como una especie de “juego”. “Lo fascinante de la exploración es tratar de entender el modelo geológico. Para los geólogos es un gancho motivacional muy importante porque empezamos con una idea y en dos, tres años estamos hablando de otra cosa. Con el aliciente de que aporta a la generación de riqueza, porque hablando sólo de exploración, por cada $100 que se invierten, $52 son impuestos, que quedan para el país”, manifestó.

Y resaltó que no sólo es dinero con un alto riesgo de no recuperarse, sino que los volúmenes de la actividad son importantes, ya que hay compañías que invierten US$ 10 a 15 millones por año.

Lavandaio resaltó la importancia del trabajo en equipo: el geólogo analiza los datos que surgen del relevamiento geológico, pero también se utilizan herramientas como la geoquímica y la geofísica para interpretar qué puede ocurrir en profundidad. “Ese es el valor que tiene la aplicación del conocimiento científico y el trabajo de equipo en exploración minera”, señaló.

Capuccino, por su parte, se enfoca en lo complejo de tomar una decisión de seguir adelante o dejar de lado un sitio después de haber recorrido una zona, buscar anomalías, tomar muestras, llevarlas al laboratorio y, si se evalúa que merece ser evaluada, avanzar en la perforación para definir si se descarta o se continúa. “Las dos decisiones son difíciles, tanto descartarlo como decir ‘sigamos, que tiene potencial’”, explicó.

Lavandaio aportó que las perforaciones son costosas, por lo que hay que tener algún indicio firme de que vale la pena invertir. “Ahí está la gran responsabilidad del geólogo que dice: ‘Señor gerente, hay que perforar acá y necesitamos tanta plata para hacerlo’", ilustra. Y acota que, en La Escondida, en Chile, las primeras cinco perforaciones fueron negativas, pero los geólogos insistieron y en el pozo seis descubrieron uno de los yacimientos de cobre más grandes del mundo.

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