22 de julio de 2026 - 00:00

Lustrabotas

En la avenida San Martín, entonces ancha y bella, había lustradores desde el Correo Central hasta General Paz, muchos en ambas veredas. Hacerse lustrar los zapatos era una ceremonia social y de artesanía. Había competencia, quien lo hacía mejor. Como bien dice uno de los Rodríguez, “anilina, pomada y cera” es la base de una buena lustrada.

Una simpática nota sobre un homenaje a una familia de lustrabotas (Los Andes lunes 15 de junio), me lleva a hacer algunos comentarios sobre el tema.

Me radiqué en la Ciudad de Mendoza en 1959 para estudiar en la Universidad. Pero lo que importa es contar el recuerdo y la evolución de los lustrabotas, o más precisamente para nosotros, lustradores o simplemente lustres.

El primer asunto importante es que para aquellos años todos usábamos zapatos había que tenerlos lustrados, limpios, elegantes. Algunos los hacían por sí mismos, otros recurrían a los lustradores. Los zapatos podían estar muy gastados (era frecuente) cocidos, medía suela, pero lo importante es que estuvieran lustrados.

En la avenida San Martín, entonces ancha y bella, había lustradores desde el Correo Central hasta General Paz, muchos en ambas veredas. Hacerse lustrar los zapatos era una ceremonia social y de artesanía. Había competencia, quien lo hacía mejor. Como bien dice uno de los Rodríguez, “anilina, pomada y cera” es la base de una buena lustrada.

Había lugares emblemáticos. En calle Las Heras, frente a Villalonga (hoy ocupada por una estructura ferretera) había una especie de pequeña tribuna donde se sentaban los clientes y varios lustradores atendían.

Había lustradores que atendían a las personas en sus lugares de trabajo, digamos a domicilio. Recuerdo bien el caso de Andrés Peñalva, dueño de la tienda The Sportman, a quien por los años ‘80 visitaba a menudo. Hombre sumamente elegante que el lustrador lo visitaba casi a diario.

Frente al ACA lustraba un hombre alto, de gruesos anteojos, que venía en bicicleta y desplegaba un arsenal de instrumentos y productos. Frente a diario Los Andes, se ubicaba el popular “Ñato” Ruiz.

En mi Rivadavia natal, por los años ´50, a las puertas de la terminal de ómnibus (entonces llamada la CITA) había un lustrador que hacía muy bien su trabajo: se llamaba Arduino Coppi, tenía parentesco con mi madre.

Última, a comienzos de este siglo fui a trabajar a la ciudad de Córdoba, acostumbrado al lustrador mendocino me encontré con que sólo había, frente a la Plaza San Martín, uno que atendía un rato por las mañanas.

¿Qué cambió con los años? Menos personas usan zapatos, la mayoría usan zapatillas que no necesitan lustrado.

* José Esteban Onofri. LE: 6.891.454.

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