Hace ya varios días se fue Pocho Sosa: no me escucharán decir el cantor que era, pero sí la persona que perdimos en lo mejor de su vida.
Hace ya varios días se fue Pocho Sosa: no me escucharán decir el cantor que era, pero sí la persona que perdimos en lo mejor de su vida.
Recuerdo cuando con su esposa –“La Pochi”-, en una fría mañana nos reunimos en el Colegio Nacional cuando yo era rector. Hay una foto “tramposa” y feliz, admirando el anfiteatro donde creyó encontrar el lugar para cantar; espacio para el coro y las graderías para los asistentes
¡Esto es bárbaro, Armando”! se sorprendió.
En otra ocasión, al encontrarme con el Pocho, en la esquina de 25 de Mayo y Sarmiento. Detuvo su auto y señalándome con un dedo acusador, serio: “No te vas hacer el vivo “Gallego”,¿eh? Sonriendo siguió hacia lo suyo.
¡Cómo me gustaría escuchar nuevamente esa burda y jocosa amenaza! ¡Cómo me gustaría, aunque los sonidos de tu guitarra estén grabados en los muros de casa!
¡Hasta siempre Pocho, porque te tendremos en nuestro corazón!