Riego agrícola: El Niño ofrece una ventana estratégica para la planificación hídrica en Cuyo

Su ocurrencia está asociada con más nevadas y por lo tanto más agua en los ríos de Mendoza y San Juan. Esto permite prepararse para nuevos ciclos secos.

Cada cierto tiempo, sin un ciclo fijo, el Océano Pacífico eleva su temperatura y eso se traduce en más nieve y lluvia en la Cordillera de los Andes. Es lo que se conoce como el fenómeno de El Niño, que, para San Juan y Mendoza, provincias que dependen de sus ríos, ofrece una ventana temporal de mayor cantidad de agua para el riego agrícola.

Esto es lo que está ocurriendo en esta temporada invernal 2026, en lo que parece ser uno de los fenómenos más importantes de las últimas décadas. Llega en un momento esencial, ya que la región viene de atravesar temporadas marcadas por sequías moderadas a intensas o históricas en la última década. Además, las perspectivas de abundancia hídrica se reducen, debido al cambio climático.

Por eso, según especialistas de las dos provincias, la llegada de El Niño este año será fundamental para la planificación tanto hídrica como agrícola. Es una oportunidad para recuperar las reservas de agua, para planificar cultivos con otra mirada y también para mejorar la gobernanza hídrica en algunos casos.

Un punto en el que coinciden los consultados es que la ocurrencia de un buen año hídrico en la actualidad no asegura nada para el futuro. Por eso, lo que se haga con la abundancia que podría llegar con este El Niño podría marcar la agenda de lo que se viene en la región, que es una de las más secas del país y que más depende de este tipo de fenómenos.

Especialistas analizan cuál será el impacto del "súper" El Niño en la disponibilidad de agua para el riego agrícola esta temporada.

Especialistas analizan cuál será el impacto del "súper" El Niño en la disponibilidad de agua para el riego agrícola esta temporada.

Qué es El Niño y por qué es clave para Cuyo

El Niño es un escenario de calentamiento por encima de la media del Océano Pacífico, que es el origen del agua para el oeste del país y del Cono Sur. Es que el agua siempre llega a los continentes desde los océanos, a través de ríos atmosféricos, aumentando las precipitaciones en los Andes Centrales y Andes Áridos. Mientras el sector este de Argentina depende más de las corrientes del Atlántico, para las provincias pegadas a la cordillera la influencia más importante es la del Pacífico.

Tanto San Juan como Mendoza dependen del agua que se acumula en forma de nieve en lo alto de Los Andes en invierno, que luego se derrite a partir de la primavera el resto del año. En la provincia del norte hay dos cuencas con un río principal cada una: el San Juan al Sur y Jáchal al norte. En el caso mendocino hay 7 ríos principales: Mendoza, Tunuyán, Diamante, Atuel, Nihuil, Valle Grande y Malargüe. Todos dependen de las nevadas invernales.

Para que el agua oceánica llegue a las cumbres andinas viaja a través de corrientes atmosféricas. Mientras más aumenta la temperatura del mar, más humedad se traslada hasta las costas. Por eso, los años en los que ocurre el fenómeno de El Niño son de mayores nevadas. En cambio, La Niña, cuando el océano está más frío, pueden significar sequías marcadas. Existen también los períodos neutros o fenómenos que son de menor intensidad.

En la actualidad, el fenómeno se encuentra dentro de la categoría fuerte; de hecho, en un principio, se especulaba que podía ser un “Súper El Niño”. La ventaja de este año, explicó Pablo Mercuri, investigador del INTA, es que este escenario “se puede anticipar mucho antes: hay datos anticipándose desde marzo y abril”, aseguró. Fue, además, un ciclo de formación rápida y temprana, lo que podría incidir en que sea más intenso.

El profesional se enfoca sobre todo en el trabajo de analizar el impacto en la Pampa Húmeda, donde también genera más humedad, en ese caso en forma de lluvia. En este sector, El Niño permite hacer “mucho trabajo agronómico, preparando y cultivando en zonas nuevas o variedades específicas”, explicó. Para Cuyo, una zona más seca, significa sobre todo resguardar agua o apostar por cultivos anuales, aprovechando que podría ser una de las pocas temporadas ricas dentro de ciclos secos.

Silvio Pastore, coordinador del Gabinete de Estudios de Geocriología, Glaciología, Nivología y Cambio Climático de la UNSJ, dijo que El Niño en Cuyo “suele ser una buena noticia desde el punto de vista hidrológico, aunque su correlación no es automática ni sus efectos garantizados”.

Rubén Villodas, director de Gestión Hídrica del Departamento General de Irrigación de Mendoza, coincidió en que El Niño mejora las expectativas, pero, a su vez, debido al sistema de almacenamiento de la provincia, obliga también a iniciar tareas de prevención para gestionar el agua que no se puede usar en el agro.

Archivo/Los Andes.

Archivo/Los Andes.

Las diferencias entre San Juan y Mendoza

Las dos provincias tienen regímenes hídricos con la misma base: la nieve que se acumula en la cordillera. Aun así, hay diferencias en sus desafíos y formas de utilizar el agua. Esto marca cómo pueden aprovechar de forma distinta la ventana que significa el fenómeno de El Niño.

Por su geografía y ubicación, Mendoza tiene mayor abundancia de recursos hídricos. Tiene más ríos, además de verse beneficiado por más corrientes oceánicas que acumulan nieve en la cordillera. Si bien hay una versión que habla de que el Aconcagua puede funcionar como un freno a la nieve, Pastore dijo que es más probable que esta montaña tenga un rol importante “como un área donde la temperatura siempre es más baja y conserva la nieve más tiempo”.

Masa de hielo. Imagen del glaciar Horcones Superior. Este cuerpo de hielo se ubica sobre el Cº Aconcagua y es un afluente del río Cuevas. 

Masa de hielo. Imagen del glaciar Horcones Superior. Este cuerpo de hielo se ubica sobre el Cº Aconcagua y es un afluente del río Cuevas.

Al tener más posibilidades de recibir nevadas, Mendoza no cuenta con tantos embalses de gran tamaño. En cambio, San Juan tiene tres sobre su río principal y otro más en el río Jáchal. Esto implica que la capacidad para guardar agua puede ser de más de un año, mientras que en la provincia del sur solo es cerca de un tercio del volumen anual.

Por eso la planificación a futuro en las provincias es distinta. Pastore remarcó que, para San Juan, una provincia más seca, El Niño debe servir para “aliviar la presión hídrica y resolver problemas de gobernanza del agua sin la urgencia de una sequía extrema". Debe recuperar tanto el nivel de los embalses, que llevan años funcionando cerca del límite mínimo, e iniciar un plan para recuperar el acuífero subterráneo, que ha sufrido graves problemas debido al uso excesivo para regar en años secos.

Villodas dijo que un año bueno en nivel hídrico servirá para regar sin problemas y, en algunos casos, puede darle un respiro a los acuíferos subterráneos de Mendoza, que se encuentran restringidos debido a daños por la sobreexplotación. Aun así, no será posible hacer grandes reservas en embalses, debido a que la provincia no cuenta con la infraestructura.

Para poder gestionar el agua excedente, deberán realizar tareas extras de infraestructura aguas abajo, en las que ya están trabajando. Es necesario preparar los cauces de los ríos para manejar las erogaciones de los diques cuando estos se llenen, evitando inundaciones en zonas deprimidas, explicó. Esto incluye también más presupuesto en mantenimiento de caminos y tareas de rescate.

Por otro lado, para los productores de Mendoza es una oportunidad para apostar por cultivos anuales, que requieren más agua y que puedan dar más rendimiento gracias a que habrá más recurso disponible en el sistema de riego. Esto puede representar un beneficio en la diversificación de la producción.

El Embalse El Nihuil.
El Embalse El Nihuil.

Pensar en el después

Los especialistas pusieron especial atención en que el fenómeno de El Niño, aunque este año sea prometedor, no está asegurado que genere grandes abundancias de agua y no permanecerá mucho tiempo. Pastore aclaró que la ocurrencia no asegura caudales muy altos y que dependerá de cómo sigan desarrollándose las nevadas.

Pero a su vez, que ocurra un fenómeno de El Niño no garantiza que luego vendrá uno igual o que llegará una sequía. Mercuri dijo que, en general, el ciclo no es estable; que probablemente haya después períodos neutros y de La Niña, pero que no se puede saber la intensidad de estos.

Un El Niño débil puede implicar poca nieve, tanto para San Juan como para Mendoza. Por eso la clave es no pensar que un ciclo positivo solucionará los problemas de gestión hídrica, sino aprovechar la ventana para planificar y que esta visión a futuro permita mejorar la gobernanza y tratar de ser eficiente con el recurso para cuando vuelvan los procesos de sequía.

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