Durante años, las heladas fueron para muchos productores un enemigo imposible de controlar. Cuando el daño aparecía, solo quedaba calcular pérdidas y esperar la próxima temporada. Francisco González Antivilo cree que esa lógica ya no tiene sentido. Ingeniero agrónomo, técnico enólogo, doctor en Ciencias Biológicas, ex investigador del Conicet y fundador de Indegap, sostiene que el frío puede estudiarse, medirse y gestionarse como cualquier otra variable productiva.
Su empresa, surgida como un desprendimiento de su tesis doctoral, desarrolla mapas térmicos de fincas mediante redes de sensores y análisis de millones de datos. El objetivo es simple de explicar, aunque complejo de ejecutar: conocer el comportamiento climático de cada lote para decidir qué plantar, dónde hacerlo y cómo defender los cultivos frente a las heladas y las olas de calor.
En diálogo con Los Andes, González Antivilo explica por qué Mendoza necesita dejar atrás las recetas generales, cómo nació el evento Día Bajo Cero, el reconocimiento internacional que recibió recientemente y por qué insiste en que la investigación científica solo tiene sentido cuando mejora la rentabilidad del productor.
—Todos los años hacemos webinars y actividades de capacitación para productores sobre estrés por frío y calor. Este año pensamos que era momento de reunir a todos los actores vinculados con este problema en una sola jornada. No queríamos que hablara únicamente INDEGAP; invitamos a especialistas de distintas áreas porque las heladas afectan mucho más que a la vid. También impactan sobre el olivo, el nogal y otros cultivos. La idea era ofrecer distintas miradas y mostrar que existen herramientas para actuar antes de que llegue el daño.
El encuentro finalmente se realizará en formato de streaming, dividido en cuatro capítulos que se publicarán a través de YouTube. El objetivo es mantener el contenido técnico y ampliar el alcance regional. Además, tendrá un componente solidario: quienes participen podrán colaborar con una frazada destinada a Cáritas.
—¿Qué buscan transmitir con esa propuesta?
—Queremos romper un ciclo que se repite todos los años. Siempre aparecen las quejas cuando la helada ya pasó y la producción está perdida. Nosotros creemos que hay que empezar mucho antes. Hay soluciones más caras y otras más económicas, algunas funcionan mejor que otras, pero lo importante es entender que las heladas son un desafío técnico y no simplemente una inclemencia del tiempo frente a la cual solo queda resignarse.
Francisco González Antivilo, el "Doctor Frío": "Los daños por las heladas no son una desgracia inevitable, son un problema técnico". (Gentileza)
Error frecuente de los productores
Ese concepto resume buena parte de la filosofía de trabajo de Indegap, un Centro de Eficiencia Productiva que, según define su fundador, tiene una misión concreta: ayudar a que los productores ganen dinero tomando mejores decisiones.
—¿Cuál es el error más frecuente que observan?
—Muchas veces el problema comienza incluso antes de plantar. Hay productores que compran una finca sin conocer su comportamiento climático. Después descubren que determinadas zonas son muy frías, que la producción rinde menos o que los costos de defensa son muy altos. En realidad, el error estuvo en la elección del sitio. Por eso insistimos tanto en conocer el microclima antes de invertir.
Su especialidad comenzó casi por casualidad. Mientras trabajaba para la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar), un productor le mostró unas plantas que morían sin causa aparente. Ningún laboratorio encontraba enfermedades, virus ni problemas radiculares.
—¿Qué ocurrió entonces?
—Justo en ese momento vino a Mendoza el fisiólogo estadounidense Marcos Keller. Le mostré unas fotografías y me dijo inmediatamente que aquello era daño por frío. Lo extraño era que esos daños, según la bibliografía internacional, ocurrían con temperaturas mucho más bajas que las nuestras. Ahí apareció una pregunta científica enorme.
Esa incógnita se transformó en el eje de su doctorado.
—Descubrimos que la vid adapta sus defensas según el frío que experimenta durante el invierno. En regiones extremadamente frías desarrolla una protección muy fuerte. En Mendoza, donde el invierno es más moderado y además aparecen episodios de viento Zonda que elevan la temperatura, la planta queda parcialmente desprotegida. Entonces una helada posterior puede producir daños importantes con temperaturas bastante menos extremas que las publicadas en la literatura internacional.
Esa conclusión modificó una idea muy instalada entre productores y técnicos.
—Muchas veces se toman como referencia datos obtenidos en Estados Unidos o Canadá, donde la vid puede soportar temperaturas mucho más bajas. Pero esas condiciones no son las nuestras. Acá debemos trabajar con información generada en nuestra región.
El paso siguiente fue trasladar esa investigación al ámbito productivo. Así nació Indegap, una empresa que hoy trabaja con clientes de Mendoza, San Juan, Neuquén, Río Negro, Córdoba y Jujuy, y que ya desarrolló alrededor de cien proyectos de modelado térmico para fincas.
—¿Cómo funciona ese trabajo?
—Instalamos redes de sensores de temperatura que generan enormes cantidades de información. Después analizamos esos datos para entender el comportamiento térmico de cada finca. Eso permite saber dónde hace más frío, cuánto antes comienza una helada en determinado sector o qué zonas tienen mayor riesgo. Con esa información el productor puede planificar mucho mejor.
Francisco González Antivilo, el "Doctor Frío": "Los daños por las heladas no son una desgracia inevitable, son un problema técnico". Capacitación. (Gentileza)
Reducir pérdidas
Según González Antivilo, el primer paso para reducir pérdidas es mucho más sencillo de lo que parece.
—Lo primero es medir. Sin sensores todo termina siendo una discusión de opiniones. Hoy esos equipos son accesibles y recomendamos instalar al menos tres en cada finca para entender la variabilidad interna del terreno.
También insiste en las denominadas defensas pasivas: mantener el suelo nivelado, húmedo y con la vegetación muy baja.
—Parece algo básico, pero recorremos cientos de fincas y muchas no cumplen esas condiciones. Cuando eso ocurre, la temperatura puede bajar todavía más durante una helada.
Si el daño ya ocurrió, sostiene que tampoco conviene actuar por intuición.
—Hay que recorrer la finca y buscar síntomas finos. No siempre la helada deja todo negro. Muchas veces el daño está en el meristema, la parte del brote donde se generan nuevas células. Si detectamos daños leves podemos tomar decisiones como fertilizar para favorecer nuevos tejidos. Si el daño fue muy severo, esa estrategia ya no sirve.
Las defensas activas —aspersión con agua, calefacción o ventiladores— también forman parte de la ecuación, aunque con otra lógica.
—Hoy no tiene sentido pensar en proteger toda una finca. Lo importante es identificar los sectores más sensibles o las variedades de mayor valor económico y concentrar allí las inversiones.
El reconocimiento internacional llegó este año, cuando González Antivilo y la investigadora Rosalia Paz fueron convocados para escribir el capítulo dedicado al estrés por bajas temperaturas en la nueva edición de Crop Physiology, una de las publicaciones de referencia mundial en fisiología vegetal.
—Para nosotros fue un orgullo enorme. Es un libro escrito por especialistas de Estados Unidos, Europa, Asia y Australia. Que dos profesionales formados y radicados en Mendoza participen de esa obra demuestra que desde esta región también se puede generar conocimiento de nivel internacional.
Sin embargo, insiste en que el mayor desafío no está en la investigación, sino en lograr que ese conocimiento llegue al productor.
—Nuestra competencia no es otra empresa. Nuestra competencia es que muchos todavía no saben que esta herramienta existe. Tenemos que enseñar qué hacemos y para qué sirve. Cuando un productor entiende cómo funciona el clima dentro de su propia finca, empieza a tomar decisiones completamente distintas. Y ahí la ciencia deja de ser un trabajo de laboratorio para convertirse en una inversión rentable.