Crímenes de familia: cuando el asesino tiene la misma sangre

El caso de los jubilados asesinados en Las Heras y el intento de homicidio de un ex convicto a su primo en Ciudad volvieron a poner en escena los poco frecuentes parricidios. El 90% son cometidos por hombres de no más de 40 años.

Crímenes de familia: cuando el asesino tiene la misma sangre
Los cuerpos sin vida de Justa y su esposo Martín fueron hallados en la finca de Las Heras en la que vivían. Su nieto es sospechoso. Foto: Orlando Pelichotti / Los Andes

Mendoza se sacudió luego de conocerse que Martín Farias (77) y su esposa Justa Luna (66) habían muerto desangrados por la cantidad de puñaladas que les había causado el mismo cuchillo empuñado la noche del último lunes, aparentemente en manos de su nieto Ángelo González. Se trata de un joven de 21 años a quienes las víctimas fatales criaron y cuidaron como a un hijo.

En paralelo, esa misma noche un ex convicto intentó matar a su primo en Ciudad. La diferencia es que ese joven apuñalado se salvó gracias a que su hermana llegó justo a tiempo y alcanzó a pedir ayuda. En cambio, los abuelos de la finca ubicada en la calle Santa Rosa, del distrito La Cienaguita, no tuvieron la misma suerte.

El caso de los abuelos conmocionó a la sociedad mendocina luego de que las redes se llenaran de mensajes y acusaciones de los propios familiares ventilando ante todo público que “Ángelo tiene problemas psiquiátricos y sufre de adicciones”. Además, una de las hijas del matrimonio expuso que sus padres ya habían sufrido diversos episodios en los que el joven los había violentado físicamente.

Martin y Justa fallecieron desangrados en su casa ubicada en la calle Santa Rosa de La Cienaguita.
Martin y Justa fallecieron desangrados en su casa ubicada en la calle Santa Rosa de La Cienaguita.

Otro caso similar es el doble crimen de Vicente López, ocurrido el 25 de agosto pasado, en el que fue hallado un matrimonio asesinado a tiros en la cabeza dentro de su vehículo, en el garaje de su casa. Al principio se apuntó a la empleada doméstica de las víctimas fatales pero, con los días, todas las pruebas acorralaron al hijo menor, quien se encuentra imputado y bajo investigación.

Muerte consanguínea

El hecho de quitarle la vida a los padres, abuelos, tíos o primos se denomina parricidio, término que viene del latín y significa darle muerte a un pariente de la misma sangre. Se trata de crímenes poco comunes, pero que dejan muchas marcas porque se dan en el ámbito interno de una familia y conllevan una inaceptación social que se extiende en el tiempo. Eso es lo que los lleva a tener tanta repercusión, porque para el sistema social es difícil entender cómo alguien puede quitarle la vida a quien se la dio o cuidó durante años.

“No son crímenes habituales o frecuentes. En mis 12 años de fiscal y seis a cargo de Homicidios son contados con los dedos las causas que he visto”, admitió Gustavo Pirrello, fiscal de Homicidios de Mendoza, en diálogo con Los Andes.

Los parricidios son cometidos en un 90% por varones jóvenes, no mayores a 40 años, y las personas que los cometen en su mayoría presentan algún trastorno psiquiátrico. Aunque también existen casos aislados en los que ocurren bajo emociones violentas.

“Hay una gran prevalencia de trastornos psiquiátricos en los parricidas. Uno de los principales es la esquizofrenia. Otros tienen un perfil psiquiátrico específico, como un trastorno de personalidad. También hay trastornos asociados a la época, que hacen que la persona sufra una descompensación estacional”, detalló a este diario Mario Lamagrande, psicólogo clínico y máster en economía de la salud.

El especialista agregó que este tipo de crímenes se dan dentro de un formato de señales y no de manera aislada. “Si se toma el perfil del acusado de parricidio de Buenos Aires, ahí vemos un perfil más psicopático y, si la autoría del crimen se comprobara, nos encontraríamos con alguien con características psicopáticas gananciales, donde desesperado buscó un fin o un beneficio económico”, apuntó.

Sin embargo, el problema en estos casos se acrecienta cuando la persona que sufre esos trastornos cae en los consumos de drogas y alcohol, porque la intoxicación por ese tipo de ingestas los puede volver violentos y, cuando llegan a ese estado, es casi imposible controlarlos. “Las adicciones en cualquiera de estos cuadros hacen que se vuelvan absolutamente peligrosos porque ya no tenemos una descompensación estacional, sino una descompensación en relación al trastorno psiquiátrico, que se potencia con el consumo”, agregó el especialista en salud mental.

“Dentro de los trastornos de personalidad, los más peligrosos son los que tienen que ver con las psicosis, esquizofrenia, paranoide. No en todos los casos, pero en algunos sí puede que implique ser un riesgo, tanto para sí mismo como para terceros”, sostuvo a su turno Ana Laura Godoy, licenciada en psicología.

Respecto a las causas que llevan a una persona a padecer un trastorno de personalidad, no hay una específica sino que el fenómeno es multicausal. “En algunos casos puede tener que ver con herencia en relación a antecedentes de la familia por algún otro trastorno o puede tener que ver con la crianza, con experiencias vividas en la infancia que lo han marcado de alguna forma. También puede tener que ver con alguna consecuencia”, agregó la psicóloga.

Emociones violentas

Por otra parte, están quienes no presentan ninguna enfermedad mental pero, de igual modo, cometen este tipo de crímenes dentro del contexto familiar. Las situaciones de tensión, conflictos viejos o haberse criado en un ambiente de humillaciones y maltratos constantes pueden ser algunos de los factores que desencadenen en una emoción violenta, cuyo desenlace sea un crimen.

“El motivo o móvil por el cual terminan dándose estos homicidios tienen que ver con cuestiones que se generan en el entorno familiar, como el hijo que mata al padre borracho porque los golpea a él, a su madre y hermanos y un día esa situación lo lleva a matar a su progenitor. Como así también ocurre con el abuelo que abusa de su nieta y, al enterarse la hija del abusador, lo termina matando”, detalló Pirrello desde su experiencia como investigador.

Con ese último relato coincide la explicación de Lamagrande en que no todo parricida presenta patologías mentales: “Digamos que puede devenir en una situación de estas en que, por lo general, sabemos que los agresores sexuales forman parte del círculo íntimo familiar. Entonces hay un fuerte despliegue emocional que puede terminar en una cuestión de estas y no necesariamente al agresor forma parte de un cuadro con una patología”.

Los parricidios ante la ley

En el Código Penal argentino no se encuentra formalmente aludida la carátula de parricidio, sino que el crimen se encuadra dentro de los homicidios. “En estos casos lo que se investiga es un homicidio agravado por el vínculo, que castiga al que matare a un ascendiente o descendiente sabiendo que lo son. Por ejemplo, el hijo que mata al padre o a la inversa. También el nieto que mata a su abuelo o al revés”, explicó el representante del Ministerio Público Fiscal. “La pena en estos casos es presión perpetua”, sentenció el fiscal Pirrello.

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