Se juntan las elecciones y todos sacan cuentas

Ahora, en este enigmático 2023 electoral, nadie en el oficialismo mendocino está convencido de ir cantando victoria con antelación. Por un lado, por el espacio que dejó De Marchi y porque, como viene ocurriendo en gran parte del país, las encuestas pasaron a ser no del todo confiables, no por deficiencia en su implementación, sino por la gran indecisión que se observa en un altísimo porcentaje de la población.

Javier Milei en Mendoza, en la sede del Partido Demócrata
Javier Milei en Mendoza, en la sede del Partido Demócrata

Mendoza tiene el mérito de contar con un calendario electoral propio. Cada dos años el gobernador de turno puede optar por unificar con las elecciones nacionales; si no, ratifica las fechas mendocinas.

Lo bueno es que el desdoblamiento automático dispone fechas razonables para la realización de PASO y generales, para nada alejadas del recambio institucional, que se produce en diciembre.

Dicha implementación fue un buen avance de la política provincial, como en su momento también la adopción bastante rápida del sistema de primarias abiertas, que puso en marcha la Nación con las presidenciales de 2011.

Antes del calendario propio mendocino hubo adelantamientos de elecciones que hicieron prácticamente interminable el período de transición entre un gobierno y otro. Especialmente cuando se produjo una alternancia entre partidos. Vale como ejemplo lo ocurrido en 2015, cuando el gobernador peronista Francisco Pérez decidió anticipar la elección de su sucesor a junio, convirtiendo la transición con el radical Alfredo Cornejo extremadamente larga (seis meses) y en medio de una crisis financiera provincial de gran porte que comprometió a ambas administraciones. El gobierno del PJ se fue con deudas y retrasos en el pago de sueldos. Solamente cuando hay continuidad de un mismo gobernante, o si el recambio es entre dirigentes de un mismo sector político esa larga transición se puede llegar a disimular.

Lo único del calendario mendocino que puede generar alguna expectativa especial es la fecha de la elección principal, que por lo general queda en medio de las PASO y las generales nacionales, en este caso también presidenciales. Es por aquello de cómo puede incidir lo nacional sobre lo local.

Desafíos

De todos modos, al margen de la incidencia que siempre tienen las políticas regionales o provinciales (se vio especialmente este año en Córdoba), es indudable que el contexto nacional siempre influye. Más aún en comunidades que, como la de Mendoza, tienen peso propio tanto por la trascendencia de su dirigencia como por su quehacer económico.

Y el desafío es aún mayor para Cambia Mendoza en esta oportunidad, más que nada por el efecto que produjo la ruptura de Omar de Marchi. Primera prueba de fuego para el eje Cornejo-Suárez.

Cabe recordar al respecto que el oficialismo provincial salió airoso cómodamente en las elecciones de 2019 y 2021. En el primero de los casos superando la fuerte recuperación del justicialismo, que lo llevó otra vez al poder en el plano nacional, y hace dos años aprovechando la tremenda caída del entonces Frente de Todos en la consideración de la mayoría de la población.

Ahora, en este enigmático 2023 electoral, nadie en el oficialismo mendocino está convencido de ir cantando victoria con antelación. Por un lado, por el espacio que dejó De Marchi y porque, como viene ocurriendo en gran parte del país, las encuestas pasaron a ser no del todo confiables, no por deficiencia en su implementación, sino por la gran indecisión que se observa en un altísimo porcentaje de la población.

En ese contexto, los números que aquí se conocen desconciertan tanto a los protagonistas de la contienda que algunos prefieren dar vuelta la página, dejar pasar las cercanas primarias nacionales y volver a mirar los números con mayor atención de cara a las generales provinciales de setiembre.

Por ejemplo, entre consultores hay alguna discusión con relación al rendimiento de Milei en Mendoza. Nuevamente, luego de alguna baja que se produjo como consecuencia de polémicas en las que se vio inmerso. Como hemos señalado en otras oportunidades, ahora sí el que lo quiera votar encontrará la boleta con su nombre y su foto en el cuarto oscuro. Hasta hay quien opina que hoy sería el más votado en la provincia.

Si bien el líder libertario no cuenta con representación en las elecciones provinciales, sí tiene a varios de los dirigentes propios y con él alineados, como los demócratas, en otros armados, en especial en La Unión Mendocina. ¿Verán De Marchi y los suyos con expectativa y entusiasmo un buen resultado de los libertarios en la provincia dentro de un par de semanas? Por qué no.

Una voz experta y tradicionalmente confiable para el cornejismo sugirió que Milei estaría hoy bastante por encima del 30% en intención de voto y superando por varios puntos al conjunto de los precandidatos de Juntos por el Cambio. ¡Cómo no se van a encender alarmas en el campamento oficialista! Si bien las que llegan son las primarias, igualmente tendrán que rendir cuentas en Buenos Aires, tanto del lado de Bullrich como del de Rodríguez Larreta, si los guarismos no acompañan como se esperaba.

Pero tal vez lo más enigmático para el oficialismo local sea intuir con qué intención llegará a las generales provinciales de setiembre el votante nacional de Milei. Lógica ilusión para las huestes de La Unión Mendocina, que necesitan que el experimento por lo menos no explote antes de tiempo.

Otro detalle no novedoso, pero sí cada vez más vigente: los votos de los que corren desde atrás. Los bajos porcentajes de los muchos precandidatos anotados en la elección nacional cotizan en alza en algunos casos, siempre en un contexto de tanta incertidumbre y eventual paridad. El caso más sensible por estos días es el del cordobés Schiaretti, el socio deseado y luego frustrado de Rodríguez Larreta, que, según dicen, en Mendoza tendría para ofrecer un porcentaje algo superior al 3%.

En cuanto al PJ, apuesta a lo que pueda obtener aquí Massa el 13 de agosto, aprovechando que ese día La Unión Mendocina de De Marchi no competirá. Y apostará a que un eventual repunte con relación al bajísimo rendimiento de las PASO provinciales lo haga llegar a setiembre en condiciones más dignas electoralmente hablando.

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