El sistema ve caer a una de sus torres

Un panorama no recomendable y menos deseado. Una dirigencia política en desintegración al frente de un país en el que cada día más argentinos ven cómo se van hijos y nietos a buscar nuevos horizontes y, de paso, enviar dádivas que permitan sostener a los familiares que quedan aquí. Así comenzamos a celebrar 40 años de democracia.

Javier Milei y Patricia Bullrich se encontraron cara a cara en la noche del miércoles
Javier Milei y Patricia Bullrich se encontraron cara a cara en la noche del miércoles

Transcurrió una semana que deja una imagen penosa para la política argentina. Penosa no solo para la oposición, sino para la dirigencia política en general. El estallido en la perdidosa coalición Juntos por el Cambio pudo haberse dado en Unión por la Patria si el resultado no hubiese acompañado a ese armado del peronismo. Todo lo que está pasando es producto de una calidad partidaria cada vez más precaria.

Hace un par de años, cuando ganó bien las elecciones de medio término, Juntos por el Cambio se posicionaba como el espacio candidato a suceder a la hoy denominada Unión por la Patria en la conducción del país. Crecía Milei, pero se estimaba que el porte del macrismo-radicalismo le resultaría suficiente como para soportar presiones y ganar la elección. No ocurrió así por errores atribuidos a la conducción del espacio, entre ellos a Mauricio Macri, y el resultado quedó a la vista. O Milei creció porque Macri quiso o porque estaba convencido, como varias veces dijo, que habría una inédita segunda vuelta entre ambas fuerzas.

Mientras tanto, el ministro y candidato se regocijó con la crisis opositora en la semana política poselectoral y dejó aún más a la deriva al país. Pese a todo, muchos argentinos se resignan a reconocer que el candidato más apto para manejar este problema es el ministro Massa, a pesar de su responsabilidad en el descalabro económico. Mejor dicho, corresponsable, si se tiene en cuenta que el mal manejo de la economía se dio desde la asunción de este gobierno.

Esta es la Argentina de hoy. Asumirá como Presidente dentro de un par de meses un dirigente que llegará a ese sitial en condiciones muy complicadas para el país, por no calificarlas de deplorables.

Repasando a los protagonistas, se observa que hasta Milei ha retrocedido por errores de su propia campaña. De lo contrario hubiese obtenido más del 30%, que era el porcentaje de las PASO. No aprovechó el impulso de esas primarias. No sólo Juntos por el Cambio se derrumbó: Milei también comenzó a trastabillar.

Es lamentable el enfrentamiento dado entre radicales y macristas a partir de la decisión de Patricia Bullrich de pedir el voto para La Libertad Avanza, alentada por la idea de Macri de apoyar a Milei. No se le puede criticar a la ex candidata haber salido a apoyar a una de las dos fórmulas que quedaron en pie para el balotaje; es algo que ocurre generalmente en las democracias que tienen incorporado ese sistema de doble vuelta electoral. Pero donde sí se equivocó es en no haber consensuado con los demás integrantes de su coalición y, por consiguiente, haber involucrado a toda la dirigencia (radicales y demás) en ese apoyo al líder libertario. Por eso fue atinada (lo más sensato, en realidad, en una semana crítica) la iniciativa de los gobernadores electos de Juntos por el Cambio, con Cornejo a la cabeza, para tratar de evitar que la estructura institucional que asumirán desde el 10 de diciembre se llene de esquirlas de la guerra entre las partes fundacionales de la coalición en disolución.

Otro capítulo de la vergüenza fue la ruptura de Barrionuevo con Milei. Ojalá el líder libertario se dé cuenta que debe ganar con lo que tiene y puede. Ahora contará con el respaldo de Macri, aunque ese respaldo puede transformarse, si gana (no está dicha la última palabra), en una suerte de cogobierno posiblemente impensado por muchos que lo apoyaron y votaron. El sindicalista Luis Barrionuevo, indudable símbolo de la casta que Milei pregonó querer erradicar, se enojó por el acuerdo con Macri y Bullrich y así tuvo el argumento para dejar de darle apoyo. Se sumó así a las dudas y sospechas con respecto a los apoyos que habría tenido la estructura libertaria en las PASO. Tal vez un secreto de confesión de Milei con Macri.

Esperemos que la nueva semana defina qué va a pasar con el sistema político argentino y cesen las peleas y rencillas.

Todo el andamiaje político, incluso el de Milei, muestra fisuras. El agua ingresa por todos lados. Macri tuvo la oportunidad de atemperar los ánimos, pero su aparición pública del viernes encendió más la hoguera. Se llega a la deducción de que hizo y dijo lo que estaba en sus planes.

Lo que se vislumbra es una fragilidad del sistema político que no resulta nada conducente. Se avanza hacia una segunda vuelta con final incierto y con la posibilidad de que mucha gente no vaya a votar o abuse del voto en blanco.

Un panorama no recomendable y menos deseado. Una dirigencia política en desintegración al frente de un país en el que cada día más argentinos ven cómo se van hijos y nietos a buscar nuevos horizontes y, de paso, enviar dádivas que permitan sostener a los familiares que quedan aquí. Así comenzamos a celebrar 40 años de democracia.

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