El drama de los puesteros: llegó a tener 400 animales, le robaron la mitad y tiene que convivir con cuatreros

En poco más de dos años y medio, Ricardo Luffi, de San Carlos, perdió más de la mitad de las vacas que le tomó toda la vida ir criando.

El drama de los puesteros: llegó a tener 400 animales, le robaron la mitad y tiene que convivir con cuatreros
Ricardo Enrique Luffi vive hace casi 60 años en el puesto la Lagunita, en San Carlos, y con su esposa se dedican a la cría de ganado - Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

Ricardo Luffi cuenta que hace un tiempo se cruzó a una de las personas que le robó vacas en un negocio y el hombre no le pudo sostener la mirada. Lo dice con calma, pero desliza que, de las 30 personas que se supo participaron de los robos de ganado, que durante dos años y 8 meses tuvieron en vilo a un grupo de puesteros sancarlinos, sólo unos pocos terminaron detenidos. Y que los liberaron para Año Nuevo, supone que para que pudieran estar con sus familias, por lo que estuvieron presos apenas 10 días.

Marcelo Canales arrea ovejas en el puesto Don Pedro. Familias que viven en la zona de La Jaula, en el departamento de San Carlos, están sufriendo una profunda sequía. Sin lluvia y sin nieve no pueden criar ganado, que es su principal fuente de ingreso. A esto se le suma el robo de animales del que son víctimas en los últimos años. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
Marcelo Canales arrea ovejas en el puesto Don Pedro. Familias que viven en la zona de La Jaula, en el departamento de San Carlos, están sufriendo una profunda sequía. Sin lluvia y sin nieve no pueden criar ganado, que es su principal fuente de ingreso. A esto se le suma el robo de animales del que son víctimas en los últimos años. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

Trabajé desde que tenía 12 años para lograr tener 400 vacas y esta gente me robó unas 250″, expresa. Y si bien no transmite enojo, sí se percibe el dolor de saber que ya no podrá volver a recuperar lo que había logrado después de tantos años de esfuerzo. Sí es manifiesta su frustración de entender que quienes hicieron esto -estuvieron involucradas también cuatro carnicerías, que vendían la carne- no recibieron ningún tipo de castigo por sus acciones.

Ricardo (61) nació en otro puesto, de la familia paterna, en Papagallos, y cuando tenía dos años, se fue con su madre y sus hermanos -él es el más chico de 12 y el único que vive- a La Lagunita, donde aún se dedica a la cría de animales. Cuando tenía 16 años se casó con Silvia Salinas, también nacida en un puesto de la zona del secano de San Carlos y quien tenía entonces 17. Llevan 47 años casados, y tienen 4 hijos y 6 nietos.

El puesto no se encuentra demasiado lejos de la ruta, pero sí a una buena distancia de la población más cercana. La casa es de ladrillos y, como muchas en esa zona, tiene una larga mesa, siempre dispuesta para recibir a quien se acerque. En pocos minutos, hay vasos sobre el mantel y platos con pan, jamón que hasta recién estaba colgado en el salón principal y algún embutido que también preparan ellos mismos.

Aunque Ricardo Luffi cuenta con dolor que se ha topado con quienes le robaron los animales, la mala experiencia no le ha hecho perder su amabilidad y se apresta a compartir con los visitantes. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
Aunque Ricardo Luffi cuenta con dolor que se ha topado con quienes le robaron los animales, la mala experiencia no le ha hecho perder su amabilidad y se apresta a compartir con los visitantes. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

Silvia ha estado alimentando con mamadera a una ternera de un mes y medio, que una vaca tuvo y abandonó en el puesto. La pequeña comparte el corral con una oveja también pequeña y una gata, que se acerca, tal vez, para limpiar algún resto de leche que haya podido quedar.

En el puesto La Lagunita, Silvia Salinas alimenta con mamadera a una ternera que abandonó su madre. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
En el puesto La Lagunita, Silvia Salinas alimenta con mamadera a una ternera que abandonó su madre. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

En los corrales hay unos pocos caballos. La mayor parte del año, las ovejas, las cabras y las vacas están en el campo. Ricardo explica que sólo traen a las cabras de noche entre octubre y mediados de enero, y las vuelven a largar para la veranada, hasta marzo. Esto hace que los animales sean víctima fácil del puma, del zorro… y de los humanos que deciden llevarse lo que no es de ellos. Y que aquello que al puestero le tomó décadas ir ganando, se pueda esfumar en unos meses.

Tenemos algo para ofrecerte

Con tu suscripción navegás sin límites, accedés a contenidos exclusivos y mucho más. ¡También podés sumar Los Andes Pass para ahorrar en cientos de comercios!

VER PROMOS DE SUSCRIPCIÓN

COMPARTIR NOTA