Arranca un nuevo año y algunos dicen que, en la práctica, es sólo un cambio de calendario, porque la mayor parte de los procesos se sostienen. Sin embargo, el inicio de 2026 trae una reformulación de la metodología del Indec para medir la inflación.
La actualización de la metodología había sido anunciada en septiembre de 2025, pero se optó por implementarla en el primer mes de 2026.
Arranca un nuevo año y algunos dicen que, en la práctica, es sólo un cambio de calendario, porque la mayor parte de los procesos se sostienen. Sin embargo, el inicio de 2026 trae una reformulación de la metodología del Indec para medir la inflación.
Esta modificación había sido anunciada por el Gobierno nacional en septiembre de 2025, pero se decidió implementarla en enero de 2026 para facilitar la comparación intermensual (aunque la interanual también será posible, ya que no se producirá un corte de las series históricas).
Esto significa que los datos que el Indec (Instituto Nacional de Estadística y Censos) el próximo 13 de enero, todavía responderán al método anterior, ya que se trata de la inflación de diciembre de 2025.
Recién en febrero, cuando se revele el IPC (Índice de Precios al Consumidor) de enero, se podrá verificar si, como aseguran desde el Ejecutivo, no se producen modificaciones sustanciales en el índice por el ajuste de la medición.
Hasta ahora han trascendido algunos aspectos generales de la nueva metodología, pero se ha informado que se precisarán los detalles cuando se difunda la inflación de enero (el 11 de febrero). Los cambios que se conocieron son:
Este rediseño busca que la inflación publicada sea más coherente con los patrones reales de gasto y más comparable con otros países, algo que técnicamente mejora la calidad del dato, pero que también reabre el debate sobre la interpretabilidad de las series históricas.
La metodología de cálculo del IPC venía siendo cuestionada, por no representar los cambios en los hábitos de consumo de los argentinos en los últimos años, lo que implicaba la necesidad de una actualización para llegar a una medición más precisa de la inflación y su impacto en el costo de vida.
En el Indec se tuvieron que realizar los desarrollos técnicos y metodológicos, como también consultas y testeos, al mismo tiempo que seguir las recomendaciones de organismos internacionales, como el FMI.
Los cambios han sido recibidos con expectativas mixtas. El Gobierno y técnicos del propio Indec defienden la actualización como una modernización necesaria para alinearse con prácticas internacionales y reflejar mejor la evolución de la economía real.
Sin embargo, sectores críticos advierten que algunos ajustes -como la falta de aplicación retroactiva en ciertos casos o cambios de ponderaciones- pueden complicar la comparabilidad histórica y suavizar ciertos efectos, como los de la inflación o la pobreza, en momentos de tensión económica.
La línea de pobreza y de indigenciaa también se revisan. Las canastas básicas que definen esos umbrales se actualizarán con la ENGHo moderna, lo que modifica el ingreso mínimo para cubrir necesidades alimentarias y no alimentarias.
Esta modificación puede alterar las tasas de pobreza y desigualdad reportadas, aunque las autoridades sostienen que responde a una metodología más sólida y
La Encuesta Permanente de Hogares (EPH), que mide empleo, ingresos y condiciones de vida, está siendo evaluada para aumentar su periodicidad y cobertura, lo que podría mejorar la lectura sobre el mercado de trabajo.
También se discuten ajustes en la forma de medir salarios y algunos indicadores sociales, aunque con menor precisión en cuanto a fechas de implementación.
Estas modificaciones no solo son técnicas: impactan en negociaciones salariales, actualización de contratos, ajustes de tarifas y políticas públicas, porque muchos de esos acuerdos se indexan con base en los datos que ahora se calculan con nuevas reglas.