Un informe de la consultora Focus Market sobre productividad y distribución del salario detalla que, durante el último año, la productividad laboral en la Argentina registró una mejora generalizada, con un aumento del 5,1% por puesto de trabajo y del 5% por hora trabajada, en un contexto en el que el valor agregado bruto (VAB) creció un 6,3%.
Sin embargo, detrás de este desempeño promedio se observa una marcada disparidad entre sectores. Mientras algunos lograron importantes ganancias de eficiencia gracias a la inversión, la incorporación de tecnología y la reorganización de procesos, otros continúan rezagados por falta de escala o de capital productivo.
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Los sectores que aumentaron la productividad
Las mayores ganancias de eficiencia se concentraron en aquellas actividades que lograron apalancar su crecimiento en la modernización productiva. La intermediación financiera lideró el ranking, con un salto del 25,6% en la productividad por puesto, seguida por la explotación de minas y canteras (+12,1%), la industria manufacturera (+8,8%) y el comercio (+7,7%).
En estos sectores, el avance estuvo estrechamente vinculado a una mayor inversión en equipamiento, procesos digitales y mejoras organizacionales, que permitieron producir más con los mismos recursos laborales.
Un caso ilustrativo es el de la construcción, donde la productividad aumentó un 7,2%. Este desempeño se dio en paralelo a un repunte de la actividad y a un uso más intensivo de maquinaria y herramientas tecnológicas, que acortaron los tiempos de obra y optimizaron la utilización de la mano de obra.
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La intermediación financiera lideró el ranking, con un salto del 25,6% en la productividad por puesto.
Qué actividades perdieron eficiencia
En contraste, varios sectores exhibieron retrocesos significativos. La pesca registró la caída más pronunciada, con una baja del 47,9%, seguida por electricidad, gas y agua (-8,1%) y el trabajo doméstico (-0,1%).
En general, se trata de actividades caracterizadas por bajos niveles de inversión, elevada informalidad o limitaciones estructurales para incorporar tecnología.
En estos rubros, la productividad depende en mayor medida del esfuerzo humano que de mejoras en el capital físico o en la organización del trabajo, lo que restringe la capacidad de generar mayor valor agregado y, en consecuencia, de sostener aumentos reales de los salarios.
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El trabajo doméstico está entre los sectores con caída de la productividad.
Economía a dos velocidades
Este contraste deja al descubierto una economía que avanza a dos velocidades: por un lado, sectores más dinámicos, modernizados y con capacidad de competir en los mercados externos; por otro, actividades que continúan condicionadas por cuellos de botella estructurales.
Reducir esa brecha aparece como un desafío central para lograr un crecimiento más equilibrado y para que las mejoras en productividad se traduzcan en beneficios más ampliamente distribuidos dentro de la economía.
“Mejorar la productividad no puede basarse en la precarización del trabajo ni en la simple reducción de costos laborales. Al contrario, los países que logran combinar crecimiento sostenido con bienestar lo hacen a partir de una mayor inversión, innovación y capacitación de sus trabajadores. En Argentina, ese desafío requiere modernizar las reglas laborales, no para quitar derechos, sino para crear condiciones que incentiven la formalización y la competitividad”, señaló Damián Di Pace, director de Focus Market.
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Crecimiento de la economía y mejoras salariales
El crecimiento económico registrado entre 2017 y 2025 no se tradujo de manera proporcional en mejoras salariales. Si bien la productividad del trabajo mostró avances en ese período, la participación de las remuneraciones en el valor agregado bruto (VAB) se mantuvo persistentemente por debajo del 50%, lo que da cuenta de una distribución del ingreso desfavorable para los trabajadores.
Los datos del segundo trimestre de 2025 son elocuentes: los salarios explicaron apenas el 46% del VAB, mientras que el 54% restante se repartió entre ganancias empresarias, rentas, ingresos mixtos e impuestos. En términos concretos, menos de la mitad de la riqueza que genera la economía argentina termina efectivamente en los bolsillos de los trabajadores.
Esta brecha no es un fenómeno aislado, sino la continuidad de una tendencia que se profundizó a partir de 2018. En un contexto marcado por recesión, alta inflación y sucesivas crisis macroeconómicas, las ganancias crecieron a un ritmo superior al de los salarios, dando lugar a una distribución funcional del ingreso cada vez más regresiva.
Aunque desde 2023 se observa una leve recuperación de la participación salarial, los niveles actuales siguen lejos de los registrados en 2017, cuando las remuneraciones representaban cerca del 50% del VAB.
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Contrastes salariales entre sectores
El análisis sectorial revela contrastes marcados. Las actividades intensivas en mano de obra o de fuerte presencia estatal -como enseñanza, salud, transporte y construcción- muestran una elevada participación de los salarios, que oscila entre el 50% y el 100% del valor generado. En estos sectores, el trabajo es el principal factor de producción y concentra una mayor porción del ingreso.
En el extremo opuesto se ubican las actividades más capital-intensivas, como el agro, la minería, la generación de electricidad y gas, y los servicios inmobiliarios. Allí, el excedente de explotación -es decir, las utilidades y rentas del capital- concentra la mayor parte del ingreso.
El caso del agro es paradigmático: las ganancias más que triplican el monto total destinado a remuneraciones, reflejando una estructura productiva con escaso peso relativo del empleo en la generación de valor.
agro - campo - retenciones
En el agro las ganancias más que triplican el monto total destinado a remuneraciones.
De qué depende la recomposición salarial
La recomposición de la participación salarial no es solo una cuestión de equidad distributiva, sino también una condición necesaria para un crecimiento económico más robusto. Un mayor peso de los salarios fortalece el consumo, que sigue siendo el principal motor de la demanda agregada.
Cuando las ganancias de productividad se reparten de forma más equilibrada, el crecimiento deja de depender exclusivamente de la rentabilidad empresarial y se convierte en un proceso más sostenido e inclusivo.
En este marco, una reforma laboral bien diseñada podría funcionar como puente entre productividad y salario. El desafío pasa, por un lado, por reducir los incentivos a la informalidad y la litigiosidad que desalientan la contratación formal. Por otro, por promover la inversión en tecnología, infraestructura y capital humano, de modo que las mejoras en eficiencia se traduzcan tanto en mejores ingresos para los trabajadores como en mayor rentabilidad para las empresas, consolidando un círculo virtuoso de crecimiento.
“El desafío no es elegir entre flexibilidad o derechos, sino entre estancamiento o crecimiento con inclusión. Si el país logra que los aumentos de productividad se repartan de manera más equilibrada, fortaleciendo la participación del salario en el ingreso nacional, la expansión del empleo formal y del consumo interno puede sostener el círculo virtuoso de desarrollo”, concluyó Di Pace.