El misterioso gaitero de la montaña mendocina que atrapa con su música

Entre tantos atractivos en Potrerillos y la zona del perilago, desde hace algunos días se destaca uno que no deja de despertar curiosidad. Se trata de un gaitero que, ya sea en la costa del embalse o en alguno de los cerros, cautiva con su melodía. Y así puede estar durante más de 3 horas.

El misterioso gaitero de la montaña mendocina que atrapa con su música
El misterioso gaitero que da una banda de sonido distinta a la montaña mendocina y atrapa con su música. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

En alguna de las bahías del embalse -que luce casi repleto-, en uno de los cerros de la parte alta o simplemente en la casa de El Salto que está alquilando desde fines de diciembre. Allí se lo puede ver, y -principalmente- escuchar. Todos los días, en horarios que varían (según las condiciones del día), este misterioso hombre -gaita en brazos- se encarga de hipnotizar con su melodía a los presentes, como si fuese el flautista de Hamelín. Aunque es un gaitero, mendocino y en Potrerillos.

“Soy de Guaymallén y estoy de vacaciones con mi hija y mi pareja. Y todos los días intento salir a tocar un poco, para despejarme y desconectarme. Y el paisaje acompaña”, cuenta Oscar Nini (45) a Los Andes.

Oscar Nini es gaitero, esta de vacaciones en El Salto y todos los días baja al embalse Potrerillos para tocar si instrumento deleitando a turistas que visitan el espejo de agua.  

Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
Oscar Nini es gaitero, esta de vacaciones en El Salto y todos los días baja al embalse Potrerillos para tocar si instrumento deleitando a turistas que visitan el espejo de agua. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

Psicólogo de profesión, gaitero en formación apasionado, Oscar es uno de esos personajes disruptivos -para bien- en la sociedad. De esos que permiten, al menos por unos minutos -o, tal vez, horas- abstraerse y disociarse de la siempre dura y difícil realidad. Y lo hace con la gaita como vehículo para disfrutar de este viaje que pareciera trasladar a quien la oye a otra dimensión, a otro lugar.

“Podrían ser como las Highlands de Escocia, salvo que esta es una gaita asturiana, del norte de España. No es escocesa”, aclara Oscar, entre risas, en un descanso para sus dedos y sus pulmones durante la mañana de este viernes. Y es que las montañas que coronan la postal de fondo y el turquesa y azul profundo del agua del embalse bien podrían hacer sentir a cualquiera que lo escucha y lo ve en las tierras altas escocesas. “Igual, los paisajes asturianos son hermosos también. ¡Y ni hablar de lo que es Potrerillos y Mendoza!”, acota, casi sin pensarlo, para dejar en claro que -por momentos- Mendoza no tiene nada que envidiarle ni al norte de España ni a las colinas escocesas.

Mendocinos, argentinos y hasta extranjeros que se detienen unos minutos -u horas- a disfrutar del espejo de agua y tomar fotografías han sabido quedar atrapados por la melodía metálica de la gaita de Oscar. Tanto que, situado en una de las bahías del embalse, el propio músico se convierte -por momentos- en otro atractivo temporal del paisaje.

ENTRE LA PSICOLOGÍA Y LA GAITA

Oscar Nini es psicólogo y ejerce como tal. Sin embargo, hace 17 años, descubrió en la gaita algo que realmente lo atrapó, lo apasionó y nunca lo soltó.

“Empecé a tocar a los 28, ya de grande. Soy psicólogo, y ser gaitero no era mi plan (risas). Y la verdad es que ha sido vivir una experiencia única, cosas muy lindas, muy mágicas. Me enseñaron en el Centro Asturiano de Mendoza y actualmente pertenezco a la banda de gaitas Ruxideru”, cuenta el hombre, quien aprovecha su descanso de verano para “darlo todo” con su instrumento, aquel que ya es una parte más de su cuerpo y de su vida.

El misterioso gaitero que da una banda de sonido distinta a la montaña mendocina y atrapa con su música. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
El misterioso gaitero que da una banda de sonido distinta a la montaña mendocina y atrapa con su música. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

Actualmente sigue estudiando y perfeccionándose en la disciplina, y lo está haciendo por videoconferencia con un gaitero asturiano. Por lo general, durante las vacaciones uno trata de despejarse de aquellas cosas que lo agobian y agotan durante el resto del año. Pero la gaita no está en ese listado de temas, por lo que Nini aprovecha su tiempo libre para tocar, tocar y seguir tocando.

“Hay días en que me subo un cerro a tocar, otros en que lo hago en el patio de la casa donde estamos alquilando en El Salto. O directamente en el dique, como hoy. El agua turquesa, las montañas, son cosas inspiradoras y que dan un paisaje mágico. Tocar acá es relajante, inspirador y terapéutico”, resume.

Desde que llegó a Potrerillos, por día y dependiendo de la inspiración o simplemente de las ganas, Oscar le dedica entre una y tres horas a su pasión gaitera. Esta mañana, por ejemplo, llegó a las 10 al perilago, y pasadas las 12 seguía disfrutando del momento.

Mientras tanto, algún que otro visitante ocasional se paraba a escucharlo, a filmarlo. O simplemente a relajarse, disfrutar del paisaje, ya sea observándolo a él o perdiendo su mirada en algún punto caprichoso del agua.

El misterioso gaitero que da una banda de sonido distinta a la montaña mendocina y atrapa con su música. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
El misterioso gaitero que da una banda de sonido distinta a la montaña mendocina y atrapa con su música. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

“A la gente le llama la atención la gaita, porque no es un instrumento típico. Siempre se asocia a Escocia, a las Highlands, justamente. Pero, en este caso, esta es asturiana. Son instrumentos con mucho volumen, que se disfrutan mucho más en espacios abiertos. Porque son lugares que trasladan el sonido de manera más agradable”, agrega, mientras -con sus manos y dedos- inspecciona cada uno de los puntos del instrumento.

GAITA PARA TODOS

Como un actor más de este imponente espectáculo en medio de la naturaleza -y dado por el paisaje y la música-, Oscar Nini busca hacer más “popular” a la gaita. Por lo general, se lo puede ver tocando en algunas lomiterías -como Colinas, en Godoy Cruz- para acompañar a quienes cenan en el lugar, o bien en el Parque San Martín, también al aire libre. O, mejor dicho, siempre al aire libre, que es como más se disfruta del sonido.

El misterioso gaitero que da una banda de sonido distinta a la montaña mendocina y atrapa con su música. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
El misterioso gaitero que da una banda de sonido distinta a la montaña mendocina y atrapa con su música. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

“Me gusta que, cuando la gente me escucha, se pare a preguntar por el instrumento. Se puede aprender, y no hay edad. De hecho, siempre les digo que están invitados a acercarse con el Centro Asturiano, para aprender”, agrega Nini, quien agrega que está trabajando en un proyecto de “sessions irlandesas y asturianas” en bares, para ir generando y expandiendo un poco más el folclore de la música celta en Mendoza.

“Lo más lindo que me pasó alguna vez y referido a la gaita fue cuando estaba tocando en el Parque San Martín y había una nena de 3 años y medio escuchando junto a su familia. Ella me miraba todo el tiempo y, cuando terminé, se acercó y me dijo ‘Sentí cómo se me sale el corazón’. Fue algo espectacular”, concluye. Y vuelve a soplar para que de la gaita vuelva a nacer la hipnótica melodía al pie de la Cordillera de los Andes.

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