Lo importante no es empezar joven, sino la clave está en seguir los ejercicios.
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El trabajo fue llevado adelante por un equipo de investigadores que analizó a hombres y mujeres de entre 31 y 46 años que participaban de un proyecto sanitario de seguimiento prolongado. El análisis comparó los niveles de actividad física autorreportados por los participantes con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, que establece como mínimo 150 minutos semanales de actividad física moderada a vigorosa para adultos.
Cómo impacta el ejercicio en los niveles de estrés
Los resultados mostraron que quienes mantuvieron niveles bajos de ejercicio desde la adultez temprana tuvieron un 18% más de riesgo de padecer estrés crónico en la mediana edad. A su vez, las personas que comenzaron siendo activas pero redujeron progresivamente su nivel de actividad con el paso de los años presentaron un 10% más de riesgo. En contraste, quienes se mantuvieron activos de forma constante o incrementaron su actividad física con el tiempo registraron niveles de estrés similares y más bajos entre sí.
ejercicio físico adultos mayores
Lo importante no es empezar joven, sino la clave está en seguir los ejercicios.
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“Los resultados sugieren que la importancia de la actividad física no se limita a las etapas individuales de la vida; más bien, el ejercicio regular durante la edad adulta puede proteger el cuerpo de los efectos nocivos del estrés a largo plazo”, afirman especialistas.
Las actividades recomendadas
- Caminar a paso rápido.
- Andar en bicicleta a ritmo moderado.
- Practicar yoga activo.
- Jugar tenis en modalidad dobles.
- Realizar baile en línea.
- Hacer tareas generales de jardinería.
- Trotar.
- Nadar largos.
- Andar en bicicleta a ritmo intenso.
- Realizar trabajos pesados de jardinería.
- Participar en clases de ejercicio de alta intensidad como step aerobic o kickboxing.
Ejercicios
Estos son los ejercicios permitidos y los prohibidos para adultos mayores.
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Si bien los hallazgos refuerzan la relación entre ejercicio y salud mental, los autores aclararon que serán necesarios más estudios para confirmar esta asociación y comprender con mayor precisión los mecanismos biológicos mediante los cuales la actividad física contribuye a reducir el estrés crónico a lo largo del tiempo.