El peronismo sigue viendo a Massa como el salvador

Lo llamativo es que sin haber podido revertir la pálida imagen de gestión que el gobierno nacional tenía cuando Massa asumió en Economía, el líder del Frente Renovador logró el aval de todo el peronismo para ser el candidato único en las próximas presidenciales. Lo que él pretendía se cumplió.

El ministro de Economía, Sergio Massa, junto a Gabriela Lizana, funcionaria del Bice, en Mendoza.
El ministro de Economía, Sergio Massa, junto a Gabriela Lizana, funcionaria del Bice, en Mendoza.

Cuando Sergio Massa fue designado ministro de Economía, hace casi un año, el oficialismo nacional vivía momentos de gran tensión luego de la renuncia de Martín Guzmán y de la breve y problemática sucesión que encaró Silvina Batakis. En realidad, esta llegó para ejercer una suerte de interinato mientras el kirchnerismo y Massa coordinaban detalles para la llegada del por entonces presidente de la Cámara de Diputados al estrellato político que tanto pretendía.

El acuerdo que alumbró el camino para que Massa accediera al Palacio de Hacienda contó en ese momento con el apoyo de los gobernadores justicialistas, los mismos que ahora presionaron para que la para nada seductora fórmula conformada por De Pedro y Manzur dejara el camino libre a otra que, con el titular de Economía a la cabeza, le diera al peronismo alguna ilusión de cara a las elecciones.

Prácticamente el mismo escenario un año después: en aquella oportunidad para que el tigrense quedase como el único que podía hacerse cargo del descalabro en Economía y ahora para que el mismo personaje haga reflotar ilusiones de competitividad al peronismo.

Al borde de la asfixia por la crisis económica, el año pasado en el peronismo esperaban con ansias la llegada de Massa. Creían que sería puesto en práctica una especie de plan mágico que, entre otras cosas, descomprimiría la tensión que afectaba al Gobierno y al resto del oficialismo otorgándole chances desde el punto de vista electoral.

Ya se conjeturaba que un eventual éxito en la conducción económica le podía reportar a Massa la automática nominación para ser el candidato presidencial del Frente de Todos (ahora Unión por la Patria) en este 2023.

Pues, el trayecto desde su asunción hasta estos días no dejó los resultados esperados, indudablemente.

Aunque en el massismo insisten en lo referido a la estabilización y crecimiento de la economía, no se puede negar que el aspecto inflacionario sigue deteriorando el diario vivir de la mayor parte de los argentinos.

Y una supuesta desaceleración en los próximos meses, probablemente como consecuencia de un enfriamiento de la economía, tampoco puede servir para augurar un panorama radiante en el corto plazo.

Lo llamativo es que sin haber podido revertir la pálida imagen de gestión que el gobierno nacional tenía cuando Massa asumió en Economía, el líder del Frente Renovador logró el aval de todo el peronismo para ser el candidato único en las próximas presidenciales. Lo que él pretendía se cumplió.

Mientras tanto, el ministro seguirá en funciones y aseguran en su entorno que no dejará Economía mientras esté pendiente un concreto entendimiento con el Fondo Monetario Internacional. Anhelan en el Frente Renovador que la decisión de ungirlo como el candidato único del oficialismo consolide su imagen, de modo de lograr un respiro que le permita dejar sus funciones para dedicarse a la campaña hacia las PASO. Está claro que nunca perderá el control de la economía. Seguramente, quien lo suceda será alguien de su equipo de colaboradores.

Mientras tanto, en el justicialismo mendocino renacieron las expectativas en cuestión de horas. “Nos volvió el alma al cuerpo”, dijo un allegado a una dirigencia golpeada y preocupada luego de la mala elección reciente en las primarias provinciales. Es realmente curioso: un año después el peronismo en su conjunto se aferra a la misma tabla de salvación, Sergio Massa, pese a que los resultados de su gestión no fueron favorables. La imagen de redentor se mantiene, tal vez por ser el único dirigente integrante del frente gobernante capaz de sostener un respetable porcentaje de credibilidad. Apuestan a aquello de que nada está perdido mientras haya posibilidades de dar pelea en el terreno de juego.

Es así como tanto camporistas como “caciques” y allegados a éstos saltaban de alegría ayer con el deseo de que una aceptable performance de la fórmula Massa-Rossi en las PASO nacionales de agosto sirva de oxígeno para la alicaída dupla Parisi-Ilardo en las provinciales de setiembre.

Un peronismo mendocino desprovisto de líderes capaces de nuclear a los suyos y seducir a los ciudadanos votantes necesita de un remolcador, no del todo partidario, para salir a las aguas profundas de la seria competencia. De un día a otro, los que apoyaban a “Wado” De Pedro por pertenencia e identificación ideológica dejan de lado las diferencias conceptuales para no quedar afuera de un posible repunte en las perspectivas electorales.

Y lo mismo hacen por estas horas los jefes departamentales no K, que lograron proteger sus dominios con el desdoblamiento municipal pero que, a pesar de ello, temían quedar sumergidos en la ola triunfalista del adversario. Por todo ello se mantenía latente la posibilidad de acercamiento a La Unión Mendocina de De Marchi, aunque fuese a modo de guiño y eventuales alineamientos futuros ante un eventual gobierno provincial del lujanino. Ahora cabe pensar que todo cambió. En todo caso, mayor preocupación para la nueva fuerza política.

Hace once meses titulábamos este mismo espacio: “Massa, como tabla de salvación del peronismo”. Pareciera seguir manteniendo esa condición.

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