Guardando energías para la próxima cita

Esa gran encuesta que significa toda elección primaria dirá, realmente, cómo se encuentra el escenario político provincial de cara a la convocatoria a las urnas de setiembre, que sí definirá al futuro gobernador y determinará la composición de la Legislatura, la que, más allá de quién gane, seguramente mostrará un mayor equilibrio de fuerzas, siempre saludable desde el punto de vista de la calidad democrática.

No fue un cierre de campaña ruidoso. Tal vez, un poco a tono con la época, respetando el sentir de una mayoría de la población bastante alejada de las promesas de los políticos.

Aquí y en todas partes, los dirigentes partidarios se muestran cada vez menos y eso está bien. En tiempos electorales recorren lugares y tocan timbres, sí, pero con mucho menos énfasis que antes. Mendoza, pese a su tan promocionado estilo propio, no escapa a la corriente que coloca a la dirigencia partidaria en un lugar incómodo en la escala de valoración que realiza la sociedad. Esa percepción surgió en aquella cita electoral municipal adelantada en siete departamentos: voto en blanco llamativo e indiferencia de quienes no fueron a votar.

De todos modos, en esta reciente campaña hacia las PASO de hoy prácticamente todos se encargaron de dejar en claro que nada tenían que ver con el descalabro nacional, que no es solamente atribuible al oficialismo, que sigue viendo cómo definir candidaturas mientras la vida de la mayor parte de la sociedad se cae a pedazos; también la oposición tuvo lo suyo, muy especialmente en Juntos por el Cambio, el principal espacio de cara al muy probable recambio que se producirá el 10 de diciembre.

La pelea que se produjo por Schiaretti entre Bullrich y Rodríguez Larreta tuvo características bélicas. Se puede decir que no se llegó a la detonación por cuestión de horas. Fue casi un papelón entre dirigentes que parecen no entender debidamente que el objetivo de una interna que se resuelve en primarias (PASO) es ordenar el camino hacia la elección general, la que realmente vale, la que define si una fuerza pasa a ser oficialismo u oposición.

Volviendo a nuestro escenario, no se puede decir que no hubo tensiones en la escena mendocina, pero con una mayor predisposición a no salirse de los carriles habituales de una campaña electoral. Aunque motivos hubo para la bronca, muy especialmente de parte del radicalismo con el nuevo sector de De Marchi por el quiebre que produjo en Cambia Mendoza. El pase del intendente Orozco tal vez haya sido lo más impactante: un departamento estratégico en caudal electoral cuyo capitán, sin dejar el barco, se vuelca a las fuerzas adversarias, más allá de qué bando fue más responsable por la decisión que tomó el jefe comunal.

En las últimas elecciones hubo una expectativa que fue quedando postergada: volver a tener una tercera fuerza política capaz de entrar en la disputa por el poder junto con el radicalismo (Cambia Mendoza) y el justicialismo/kirchnerismo. Eso parece haberse dado, finalmente, en el actual proceso electoral. Y De Marchi fue el artífice.

Veamos. En 2015, dentro de Cambia Mendoza, fue exitoso candidato a intendente de Luján de Cuyo, otorgándole al Pro su única conducción departamental en la provincia. Cuatro años después, precandidato a gobernador contra Rodolfo Suárez, planteando el mano a mano Pro vs. radicalismo, habitual en varios distritos del país para definir candidaturas. Y ahora, en este 2023, otra vez pretendiendo llegar a la gobernación, pero ya por afuera de la coalición.

Esa gran encuesta que significa toda elección primaria dirá, realmente, cómo se encuentra el escenario político provincial de cara a la convocatoria a las urnas de setiembre, que sí definirá al futuro gobernador y determinará la composición de la Legislatura, la que, más allá de quién gane, seguramente mostrará un mayor equilibrio de fuerzas, siempre saludable desde el punto de vista de la calidad democrática.

Es también probable que desde esta noche se comience a pensar en las estrategias a adoptar para la competencia decisiva de setiembre. Si bien tres meses es un margen de tiempo bastante respetable, los principales referentes no querrán perder tiempo. Y tampoco hay que dejar de tener en cuenta la incidencia del ruido político nacional previo a las primarias de agosto.

Por último, las PASO provinciales han sido hasta ahora bastante exigentes y selectivas, mucho más que las nacionales. Influye claramente el 3% mínimo de votos que exige la ley provincial para seguir en carrera hacia las generales, a diferencia del 1,5% vigente en el orden nacional.

Las primeras primarias, de abril de 2015, dejaron en carrera a la naciente coalición Cambia Mendoza, al justicialismo y a la izquierda, que llegó claramente por encima del 3% pero muy lejos de los otros contendientes. De ese modo, la general se transformó, prácticamente, en una segunda vuelta entre Alfredo Cornejo y Adolfo Bermejo.

Cuatro años después, en 2019, también dominaron Cambia Mendoza y el justicialismo, pero en esa oportunidad sobrevivieron hacia la general el partido Protectora, de Ramón y Vadillo (hoy, y desde hace un tiempo, con derroteros muy distintos), y la izquierda, nuevamente con Barbeito como candidata.

Todo parece indicar que La Unión Mendocina tendrá un lugar en el podio de estas primarias. Será cuestión de ver si alguna otra oferta electoral consigue anotarse para las generales de setiembre.

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