En los últimos meses ha cobrado fuerza una mirada dicotómica del país. Por un lado, se celebra la expectativa que generan sectores como Vaca Muerta, la minería, la energía y el agro. Por otro, se señala la persistencia de problemas como la pobreza, la caída de los salarios y la amenaza de un aumento del desempleo.
Para Christian Asinelli, vicepresidente corporativo de Programación Estratégica del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF), la clave no pasa únicamente por generar riqueza, sino por definir cómo se distribuyen los beneficios que producen esos sectores estratégicos.
“La pregunta es qué vamos a hacer con todas las ganancias extraordinarias que tenga Vaca Muerta”, sostuvo durante su visita a Mendoza para participar como disertante en el Encuentro Federal de Industrias Culturales y Creativas. “¿Se van a utilizar en más educación, en más salud, en más rutas, en más conectividad, en más inclusión o se van a utilizar para otras cosas?”, planteó.
En ese sentido, señaló que el gran desafío de los bancos de desarrollo es acompañar a los países en la toma de esas decisiones. Explicó que esos recursos pueden contribuir a mejorar la matriz energética y hacerla más limpia, pero también convertirse en un medio para reducir la pobreza en América Latina, la región más desigual del mundo. “Hay que trabajar mucho para que este desarrollo venga con inclusión y con igualdad”, resaltó.
Medio siglo en Argentina
El Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) nació en 1968 con seis países andinos como miembros fundadores y hoy tiene presencia en 24 naciones. En agosto, cumplirá 25 años en Argentina. “Tenemos la agenda más importante de desarrollo de todos los países donde operamos: US$ 5.000 millones en proyectos”, detalló Asinelli.
Precisó que el financiamiento del organismo en el país abarca desde la extensión por otros 40 años de la vida útil de la Central Nuclear Embalse hasta los satélites Arsat. “Estamos muy involucrados en temas de ciencia y tecnología, porque Argentina es un país que, a través de los años, ha sido pionero en esos sectores”, afirmó.
Sumó que también han acompañado el desarrollo de infraestructura -como agua y saneamiento, y rutas-, y proyectos energéticos, tanto hidroeléctricos como de otras fuentes de generación.
En general, resaltó, trabajan en todo lo relacionado con la productividad. Pero también, con la educación -han financiado la construcción de universidades, aulas, laboratorios y escuelas- y programas de acompañamiento social como la Tarjeta Alimentar.
Proyecto innovador en Mendoza
Asinelli comentó que el Gobierno de Mendoza ha trabajado, históricamente, con otros organismos multilaterales, pero adelantó que el CAF se encuentra próximo a aprobar una iniciativa desarrollada junto con la Dirección General de Escuelas (DGE).
El proyecto utilizará inteligencia artificial para realizar un seguimiento de las trayectorias educativas y detectar tempranamente a estudiantes con riesgo de abandonar sus estudios.
“Puede convertirse en un caso paradigmático porque, si la experiencia resulta positiva, la vamos a trasladar a otros países de la región. Es una iniciativa muy innovadora”, destacó.
El potencial de Vaca Muerta
Entre los proyectos estratégicos que el CAF financia en Argentina, Vaca Muerta ocupa un lugar central. Asinelli detalló que el organismo ha comprometido más de US$ 1.000 millones en infraestructura vinculada al desarrollo del yacimiento no convencional, incluyendo obras energéticas y gasoductos.
“Es un gran activo que tiene no sólo la provincia de Neuquén, sino todo el país. Porque esa cantidad enorme de recursos se puede utilizar para mejorar la calidad de vida en Argentina”, analizó.
Precisó que es el segundo yacimiento de gas no convencional del mundo y puede exportarse para favorecer una mayor integración en la región -si se lleva por los gasoductos a Bolivia y Brasil, que el organismo ha financiado- y, al mismo tiempo, generar recursos fiscales para la Argentina, para que la balanza energética y la comercial sean positivas.
Asinelli resaltó que el CAF es el único banco de desarrollo que financia gas, porque consideran que es una “energía de transición justa”. Esto, ya que otros países ya han avanzado en movilidad eléctrica y el uso de energía más limpias, pero en la región, si bien la matriz energética es muy limpia, se puede trabajar con el objetivo de que lo sea aún más y se contribuya al desarrollo inclusivo.
Mejorar la democracia
Retomando esta mirada de una Argentina “a dos ritmos”, y con una creciente tendencia a la polarización social, Asinelli señaló que esto se observa en muchos países. Comentó que había estado horas antes en Madrid, donde se presentó un informe del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) titulado “Democracia bajo presión”, centrado en los desafíos que enfrenta el sistema democrático.
“Tenemos una responsabilidad muy grande de mejorar la calidad de la democracia, ayudando a tener Estados con más capacidades”, evaluó. Aclaró que esto no se vincula necesariamente con el tamaño del Estado -y la discusión sobre si tiene que ser más grande o pequeño-, sino con que esté en condiciones de negociar e intermediar intereses, porque esto puede acelerar el desarrollo.
Subrayó que un estado débil no tiene la misma capacidad de articular con los privados para asegurarse de que las inversiones que generen beneficios que trasciendan a las empresas. Así, puede brindar oportunidades al sector privado y, con esos recursos, concretar proyectos que apunten al bienestar general.
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Financiamiento al desarrollo
El CAF (Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe) nació a finales de los ‘60 como una apuesta estratégica de los países andinos para impulsar la integración regional y contar con un mecanismo propio de financiamiento para el desarrollo.
De los primeros seis países andinos que lo conformaban se pasó a los 24 actuales, de América Latina, el Caribe, España y Portugal. El objetivo es alcanzar las 33 naciones que integran la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños).
El financiamiento proviene de la capitalización de los países que empiezan a formar parte de la institución. La última, cuatro años atrás, sumó US$ 7.000 millones, lo que permitirá duplicar las acciones a 2030. Asimismo, en los ’90 el CAF salió a los mercados y comenzó a recibir inversiones hasta lograr la misma calificación que entidades de países desarrollados.
Asinelli explicó que, tres veces al año, los ministros de Hacienda de todos los países que integran el organismo se reúnen y deciden qué proyectos aprobar. Resaltó que es una institución muy democrática y que cada país, más allá de cuántas acciones tenga, tiene el mismo poder de representación.
“Hay países que, si salen al mercado a financiarse, tendrían una tasa de interés muchísimo más alta que la que consiguen con nosotros, y tiempos mucho más largos”, indicó.