30 de mayo de 2026 - 00:05

Fernanda Bonesso: "La tecnología mejoró la relación entre quienes producen alimentos y quienes los consumen"

Convirtió una crisis vinculada al agro en una plataforma reconocida por la ONU. Su mirada sobre la tecnología, los alimentos y la sostenibilidad.

Muchas historias de emprendedores nacen persiguiendo un negocio; otras, intentando resolver la realidad por medio de la tecnología. Para Fernanda Bonesso todo comenzó con un llamado telefónico. Mientras vivía en Buenos Aires, su mamá le contó que la cosecha familiar volvía a frenarse porque el precio de la fruta no alcanzaba para cubrir los costos.

Detrás de esa escena varias veces en un campo de Maipú aparece un problema que se repite: productores que trabajan todo un año sin garantías de que sus alimentos que cultivan les generen rentabilidad.

La actual CEO de Agrojusto creció entre fincas y conversaciones atravesadas por la incertidumbre de cada temporada. Mientras trabajaba en el sector financiero, la economista comenzó a preguntarse por qué, en un mundo capaz de digitalizar casi todo, seguía siendo tan difícil mejorar la relación entre quienes producen alimentos y quienes los consumen.

La tecnología, una red

Tejiendo redes nació Agrojusto, una plataforma tecnológica orientada a conectar alimentos, territorio y sostenibilidad. El proyecto, reconocido por la ONU, hoy trabaja con productores primarios y cadenas de comercialización dentro y fuera de Argentina. Pero detrás de la tecnología aparece una discusión más profunda: cómo lograr que el agro vuelva a tener sentido para quienes viven y trabajan en él.

—Viendo lo que pasaba con la cosecha de tu papá, ¿en qué momento dijiste "esto no puede seguir así"?

—Esa incertidumbre es un proceso de duelo permanente: empezás a naturalizar, quizás, la mala situación, la falta de rentabilidad y hasta aceptar malos tratos. Me pasó que, mientras vivía en Buenos Aires, mi mamá me llamó para contarme que se paraba la cosecha en nuestra finca porque los precios no alcanzaban para cubrir los costos. En el contexto del día a día, uno termina neutralizando esas cosas y tomándolas como normales. Entonces me pregunté qué podía hacer, cómo podía ayudar estando a mil kilómetros.

La tecnología hoy facilita que pueda hospedarme en cualquier lugar del mundo o viajar en un auto con un desconocido y, sin embargo, en algo tan importante como los alimentos no había entonces una forma de mejorar mejorar la relación entre quienes producen alimentos y quienes los consumen.

Fernanda Bonesso cocreadora de Agrojusto, una plataforma de venta de alimentos online. Foto: Mariana Villa / Los Andes
Fernanda Bonesso cocreadora de Agrojusto, una plataforma de venta de alimentos online.

Fernanda Bonesso cocreadora de Agrojusto, una plataforma de venta de alimentos online.

—Tu mamá venía del banco y tu papá del campo. ¿Agrojusto es en parte una mezcla esos dos mundos?

—Agrojusto es una combinación de experiencias, no solamente mías, sino de todo nuestro equipo. Cada uno aporta desde sus vivencias. Yo también trabajaba en un banco y la plataforma es la conjunción del aporte de todos. En parte, se trata de entender que las cosas pueden ser distintas y no resignarse al que te digan qué tenés que hacer.

Desde la parte tecnológica, algunos chicos venían de desarrollar software en grandes compañías, quizás sin ver un impacto real en la vida de las personas, y pasaron a trabajar en algo totalmente distinto: facilitarle la vida a mucha gente. También tiene que ver con mi formación financiera y con la educación pública, que me permitió escalar Agrojusto más allá de Mendoza y proyectarlo al mundo.

El camino de los alimentos

—Muchos hijos de productores quieren irse de la finca. ¿Por qué decidiste volver?

—Inconscientemente, porque todo se ve tan desmotivante e injusto, uno termina siendo expulsado por esos contextos y se plantea irse como una opción. Volver fue querer hacer algo distinto, dejar una especie de legado en lo que uno hace. Uno dedica mucho esfuerzo y es importante vivir de su trabajo, pero también sentir que ese esfuerzo diario tiene un sentido y no simplemente esperar un horario de salida. Se trata de sentirse vivo cuando uno trabaja. Eso es lo más gratificante y lo que uno busca como propósito de vida.

Soy muy apasionada con lo que hago y siento que trabajar 12 horas tiene sentido si es para tratar de cambiar las cosas y no vivir solamente quejándonos de la realidad.

—¿Cómo fue pasar de ver plataformas como Uber a pensar "esto podría servir para vender alimentos"?

—Es un gran debate y muchas veces en estos procesos de desarrollo es muy fácil comparar con Uber, pedidos ya o Mercado Libre porque todos más menos venden alimentos, pero la diferencia tiene que ver con cómo se educa a los productores y cómo se cambia el enfoque. Nosotros damos tecnología y herramientas, es lo que también hacemos en Honduras, México y Guatemala, pero también buscamos salir de la lógica de vender solo alimentos, es saber de donde viene, porque viene... es abrir un debate a la alimentación.

Tampoco se trata de posiciones radicales, sino de incorporar otro tipo de alimentos que nos conecten con algo más saludable y sustentable. Ahí está una de las grandes diferencias con otras plataforma, que desde su enfoque han logrado que haya un mercado más conectado.

—¿Cuál fue el mayor prejuicio que tuviste que romper dentro del mundo agro?

—El mayor prejuicio estuvo relacionado con el uso de la tecnología. Muchas veces nos decían que los productores estaban alejados de internet o de las herramientas digitales. Pero creo que ahí se corría el foco del problema real. No alcanza con cargar toda la responsabilidad por la falta de acceso a estas herramientas sobre una startup o una empresa privada, ni tampoco con exigir estar conectados a internet todo el tiempo. Hay problemas estructurales que requieren políticas públicas, educación y una mirada integral para mejorar el acceso a las herramientas y a las oportunidades.

—¿Hoy un pequeño productor puede competir mejor gracias a lo digital o sigue estando muy cuesta arriba?

—Claramente puede competir mejor si incorpora tecnología. Pero vuelvo a insistir en que esto también es una responsabilidad colectiva. Que a un productor le vaya bien es un patrimonio de toda la sociedad. Los procesos no son mágicos: requieren aprendizaje, constancia e inversión. En otros países vemos organismos internacionales invirtiendo en capacitación y desarrollo de largo plazo porque entienden que esto también es un bien público.

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