Las personas criadas entre 1990 y 2010 atravesaron una transformación única: pasaron de televisores, teléfonos fijos y juegos físicos a internet, celulares, redes sociales y plataformas digitales. Esa experiencia pudo fortalecer una ventaja cognitiva particular: la adaptación a entornos cambiantes. La idea necesita un matiz importante.
La ciencia no sostiene que los “nativos digitales” sean automáticamente más inteligentes ni mejores para hacer multitarea. De hecho, investigaciones muy citadas cuestionan ese mito.
La ventaja no es la multitarea, según la psicología
El estudio de Paul Kirschner y Pedro De Bruyckere, publicado en Teaching and Teacher Education, advierte que no existe evidencia suficiente para afirmar que los jóvenes sean expertos digitales solo por haber crecido rodeados de tecnología.
También señala que la multitarea suele ser, en realidad, cambio rápido de tareas, algo que puede perjudicar el aprendizaje profundo.
Por eso, la ventaja de quienes se criaron entre 1990 y 2010 no debe plantearse como “pueden hacer todo a la vez”, sino como una familiaridad especial con el cambio de formatos.
Qué capacidad sí pudieron entrenar
La habilidad más interesante es la flexibilidad cognitiva: la capacidad de adaptarse cuando cambian las reglas, las herramientas o el ambiente.
Muchos de quienes crecieron en ese período aprendieron a pasar de lo físico a lo digital: buscar información en libros y después en Google, jugar en la calle y después online, comunicarse por carta, teléfono, SMS, chat y redes.
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Esa variedad de códigos puede haber entrenado una lectura rápida de entornos: entender dónde están las reglas, cómo se conversa, qué formato exige cada situación y cómo aprender una herramienta nueva.
Una generación puente entre dos mundos
Los nacidos o criados en ese período no son completamente analógicos ni completamente digitales. Esa posición intermedia puede ser una ventaja social y cognitiva.
Pueden comprender la lógica de generaciones mayores, que valoran la conversación presencial y los procesos más lentos, pero también manejar lenguajes digitales con naturalidad.
Esa función de puente es cada vez más importante en el trabajo, la educación y la comunicación diaria.
También hay riesgos cognitivos
Una revisión publicada en Frontiers in Psychology sobre tecnología digital, atención y control cognitivo advierte que los efectos no son simples: dependen del tipo de uso, la intensidad, la edad y el contexto.
La exposición digital puede traer oportunidades, pero también riesgos: distracción, sobrecarga informativa y menor tolerancia a tareas largas si no hay buenos hábitos.