Me parte el alma

Según el diccionario, es el “principio que da forma y organiza el dinamismo vegetativo, sensitivo e intelectual de la vida”.

Para las religiones, el alma es la "sustancia inmaterial" de nuestros cuerpos.
Para las religiones, el alma es la "sustancia inmaterial" de nuestros cuerpos.

Resulta difícil explicarle a un hablante no nativo el significado de la locución que da título a la nota de hoy: “Partir el alma”.

Para entenderla, haremos el rutinario camino de siempre: primero, averiguaremos el valor denotativo de ‘alma’, para ver a continuación sus significados connotativos y de carácter social y, dedicarnos, por fin, a las diferentes locuciones.

La definición de ‘alma’ nos dice “principio que da forma y organiza el dinamismo vegetativo, sensitivo e intelectual de la vida”; el diccionario académico nos añade que, para algunas religiones y culturas, es la “sustancia espiritual e inmortal de los seres humanos”. Además, con valor de sinécdoque (la parte por el todo), puede ser equivalente a “vida humana” y a “persona, individuo, habitante”: “Le arrancó el alma” y “Es una aldea de unas diez mil almas”.

Se le puede llamar ‘alma’, también, a la esencia o parte principal de cualquier cosa: “El ritmo es el alma de esa obra musical brasileña”. Por extensión, también se considera ‘alma’ a la persona que impulsa o inspira algo: “Esa mujer anciana ha sido el alma de la institución”.

En disciplinas específicas, el vocablo va designando diferentes cosas: así, en el mundo de las armas de fuego y de las piezas de artillería, nombra el hueco, por ejemplo, del cañón. En la música, ‘alma’ es, en los instrumentos de cuerda que tienen puente, como el violín o el contrabajo, el palo que se pone entre sus dos tapas para que se mantengan a igual distancia. En arquitectura, en los andamios, el ‘alma’ es el madero vertical que sostiene los tablones y, también, el eje vertical de una escalera de caracol.

Resultan descalificadoras las frases ‘alma de caballo’ y ‘alma de Caín/de Judas’: con la primera, se nombra a aquella persona que no tiene escrúpulos y que comete maldades, mientras que la segunda sirve para referirse a una persona aviesa, cruel. En cambio, si alguien es demasiado ingenuo, se lo llama ‘alma de cántaro’, mientras que, si es excesivamente bueno y sencillo, se lo nombra connotativamente como ‘alma de Dios’.

A veces, se habla de ‘alma en pena’: en la expresión, subyace una metáfora porque es creencia que ‘un alma en pena’ está en el purgatorio o anda errante, sin reposo definitivo; por extensión, también se llama así a cualquiera que anda solo, triste y melancólico: “Desde la muerte de su esposa, se lo ve deambulando como alma en pena”.

Connotaciones positivas tienen las locuciones ‘abrir el alma a otra persona’ y ‘agradecer con el alma’, ya que ellas indican, respectivamente, la acción de confiar la intimidad a alguien y el hecho de dar gracias de modo vivo y enfático: “Si hay una persona en quien puedo confiar, es Marcela a la que le abro el alma” y “No puedo más que agradecerte con el alma tu gran ayuda”. Valor interjectivo positivo posee la locución ‘alma mía’: “Alma mía, te entrego lo mejor de mí”. Resulta cercana a la locución ‘del alma’, que se utiliza con valor adjetivo: “Esa amiga es mi hermana del alma”.

El dolor y el abatimiento también son recogidos en locuciones, como ‘arrancarle (a alguien) el alma’ para indicar que se le quita la vida: “Los asesinos le arrancaron el alma”; también, ‘caérsele el alma a los pies’ es abatirse o desanimarse, cuando la realidad no responde a las expectativas: “Tenía gran esperanza en su emprendimiento, pero las circunstancias le hicieron caer el alma a los pies”; pero si algo ‘se le clava (a alguien) en el alma’ se querrá significar que la persona ha quedado por ese hecho profundamente afectada y ofendida: “Sus palabras descalificadoras se me clavaron en el alma”.

La rapidez para movilizarse queda de manifiesto en la comparación ‘como alma que lleva el diablo’, locución que, además, puede señalar perturbación del ánimo: “Salió abruptamente del recinto, como alma que lleva el diablo”. En cambio, ‘dar alguien el alma al diablo’ da a entender que obra atropelladamente, para hacer su gusto.

Queda expresada la dedicación al trabajo, a veces, desmedida, a veces, inescrupulosa, en las locuciones ‘echar el alma’ y ‘echarse el alma a las espaldas’: con ellas se puede indicar que se trabaja excesivamente o que se procede sin atenerse a los dictados de la conciencia: “Cuando asumo una responsabilidad, le echo el alma”; “No le importa, prioriza el propio beneficio y se echa el alma a las espaldas”.

Decir respecto de un sentimiento ‘en el alma’, equivale a “entrañablemente”: “Me duele en el alma su alejamiento”. Y, en cambio, ‘no tener alma’ tiene un valor negativo porque supone no tener compasión o ser indiferente a cuanto pueda mover el ánimo: “No sé si es inhumano o frío porque no tiene alma en su proceder”.

¿Qué quiere significar la expresión ‘partirle a alguien el alma’? Indica que esa persona siente gran compasión o que está muy profundamente herida en sus sentimientos: “La situación de esos indigentes me parte el alma”.

Existe una locución verbal de carácter coloquial que nos llama la atención: ‘Quedar/estar como el alma de Garibay’. El diccionario nos la explica como “no hacer ni deshacer ni tomar partido en algo”; solamente es explicable a partir de saber quién fue Garibay: su nombre era Esteban y fue historiador y cronista oficial del reino, en épocas de Felipe II; al fallecer, la casona en que habitaba quedó sin ocupar durante largo tiempo, pues se decía que el alma de Garibay deambulaba por ella, en medio de gritos y lamentos, ya que el personaje no hallaba reposo ni en el cielo ni en el infierno.

Y ¡cuántas veces escuchamos que a alguien ‘le volvió el alma al cuerpo’! El valor significativo de esta locución verbal coloquial es que una persona se tranquiliza y serena después de haber experimentado gran preocupación y cuidado: “Con el último parte médico, me volvió el alma al cuerpo”.

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