Cuentas y cuentos

Es curioso observar que tanto los términos “cuenta” como “cuento” tienen una etimología en común: el verbo latino “computare”, que en nuestra lengua dio origen al verbo “contar”.

"Es muy rápido para las cuentas”, una de las expresiones usadas.
"Es muy rápido para las cuentas”, una de las expresiones usadas.

Escuchamos de un hecho delictivo que fue “un ajuste de cuentas” y, también de otro, “lo engañaron con el cuento del tío”. Vemos dos términos, ‘cuenta’ y ‘cuento’, con una etimología en común: el verbo latino “computare”. Este vocablo dio origen en español a “contar”, voz polisémica, que encierra, por un lado, la idea de “numerar” y, por otro, la noción de “referir un suceso verdadero o falso”. Por esa razón, nos explicamos la diferencia existente entre ‘cuenta’ y ‘cuento’. Analicémoslos.

Todos saben que una ‘cuenta’ es un cálculo u operación aritmética: “Es muy rápido para las cuentas”. Además, puede ser el papel en que vienen detallados los elementos de una compra o de un consumo: “Detálleme en la cuenta qué precio corresponde a cada artículo”. También se le llama ‘cuenta’ a un depósito de dinero en una entidad financiera: “Abrí una cuenta personal en el nuevo banco”. En otro orden, los agallones de un rosario, de una sarta o de un collar también reciben el nombre de ‘cuentas’: “Se rompió su collar y saltaron las cuentas para todos lados”.

Es posible formar locuciones varias con el vocablo ‘cuenta’; ‘la cuenta de la vieja’ designa la costumbre de calcular con los dedos una adición: “Es pequeño y obtiene el resultado de las sumas usando la cuenta de la vieja”.

Si usamos en plural la expresión ‘las cuentas del Gran Capitán’ nos estaremos refiriendo a sumas exorbitantes y arbitrarias; ‘a cuenta’ y ‘a cuenta de’ son locuciones utilizadas, respectivamente, para indicar que se da un anticipo de una suma que ha de ser liquidada o que se da algo en compensación o a cambio de otra cosa: “Le doy este dinero a cuenta, hasta que cobre” y “Ese bien se lo dio a cuenta de futuras entregas”.

Para nosotros, en general, la expresión ‘ajuste de cuentas’ con una persona posee valor negativo pues significa que se le da una lección o se toman medidas contra ella: “El informe policial habla de un ajuste de cuentas”. Y si decimos que ‘me doy cuenta de algo’ o que ‘caigo en la cuenta’, significa que lo advierto, que lo puedo descifrar, que lo entiendo: “Aún no caigo en la cuenta de su ausencia”. Si soy una persona prudente, procederé ‘con cuenta y razón’, esto es, con mucha precaución: “En consideración a la actual situación económica, actuaré con cuenta y razón”. En cambio, ‘con su cuenta y razón’ quiere indicar, coloquialmente, que alguien obra por su propia conveniencia: “Maneja los fondos con su cuenta y razón”.

Existe también la locución ‘correr por mi/tu/su/nuestra cuenta’ que va a indicar que la persona a la que nos referimos asume una responsabilidad, un gasto, una culpa: “Déjelo por mi cuenta, yo me hago cargo”. Se diferencia de la locución ‘por cuenta propia’ que, respecto de una persona, señala que no es asalariada, mientras que dicho en general significa que alguien obra con independencia y sin ayuda de nadie: “Siempre ha trabajado por cuenta propia”. También, se da ‘por cuenta y riesgo de alguien’, para mostrar la responsabilidad en un asunto: “Esto lo decís por tu cuenta y riesgo”.

Existen locuciones muy similares que no indican lo mismo: ‘darse cuenta’ es advertir algo, como en “Me di cuenta de su nerviosismo”. ‘Dar buena/mala cuenta de su persona’ señala, respectivamente, que se corresponde bien o mal a la confianza que se ha depositado en ella. ‘Dar cuenta’ de un asunto es informar acerca de él: “Necesito que en poco tiempo más dé cuenta de los gastos realizados”.

Para concluir algo, de forma rápida y sintética, se suele usar ‘en resumidas cuentas’: “Dígame, en resumidas cuentas, cómo va a salir de este lío”. Y la locución las cuentas son las cuentas’ denotan que los negocios deben hacerse con formalidad: “Quiero un detalle exhaustivo de las operaciones pues las cuentas son las cuentas”. Cuando fallan los cálculos y expectativas sobre un proyecto, se usa la locución ‘no salirle (a alguien) las cuentas’: “Aunque su idea era hermosa, no se concretó porque no le salieron las cuentas”.

Al escuchar la locución verbal ‘pasar la cuenta’ podemos significar dos cosas: o que se envía a un deudor la nota de lo que debe pagar, como en “Inmediatamente, el mozo le pasó la cuenta de la consumición”; pero también, coloquialmente y dicho de una persona que ha servido aparentemente en forma desinteresada, significa que se exige reciprocidad: “Por haber estado siempre a su lado, ahora le está pasando la cuenta”.

Y si nos ‘piden cuentas’, se nos está solicitando los motivos por algo que estamos haciendo: “Te pido cuentas de tus expresiones tan ofensivas”. Cuando no puedo recordar con exactitud un dato, ya por su antigüedad, ya por su abundancia, se dice que ‘se pierde la cuenta’: “He perdido la cuenta de la cantidad de veces que hemos viajado a Córdoba para verlos”.

Y la expresión ‘tomar en cuenta’ tiene, entre sus valores, el de “tomar en consideración”: “Tomo en cuenta tu valiosa colaboración”.

El vocablo ‘cuento’, básicamente, tiene las acepciones de “narración”, “relato”, “cómputo”, “embuste” y “chisme”; también da origen a numerosas locuciones, de las cuales me parece interesante analizar dos: ‘Tener algo más cuento que Calleja” es una locución usada en España, con el valor de “ser fantasioso, falsear la realidad”; para entenderla, hay que tener en cuenta que, en el siglo XIX, existía en ese país una editorial, dirigida por el pedagogo Saturnino Calleja, con una gran cantidad de cuentos infantiles que llegaron a todos los hogares, por sus precios populares y por las grandes tiradas.

La otra locución, ‘venirle a alguien con cuentos’, alude a una costumbre desagradable pues significa que se le está contando a otra persona lo que no le importa o algo que no quiere saber: “No me venga con cuentos, no lo voy a escuchar”.

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