Síndrome de diciembre: al estrés de fin de año se le suma la incertidumbre y hay pico de consultas a psicólogos

El último mes del año suele traer aparejado picos de estrés, preocupaciones, ansiedad y angustia de por sí. Si a ello se le suma la incertidumbre social y económica, y un año agotador, el combo puede ser muy peligroso, Recomendaciones para llegar entero a fin de año.

Síndrome de diciembre: al estrés de fin de año se le suma la incertidumbre general y hay picos de consultas en psicólogos. Foto: Imagen Ilustrativa
Síndrome de diciembre: al estrés de fin de año se le suma la incertidumbre general y hay picos de consultas en psicólogos. Foto: Imagen Ilustrativa

Luego de un diciembre atípico en 2022, donde el clima social se vio afectado -positivamente- por la consagración de la Selección Argentina de Fútbol en la Copa del Mundo de la FIFA Qatar 2022 -una situación que apaciguó el humor social de todo el país-, en este 2023 diciembre volvió a ser diciembre.

Y es que, dentro del ámbito psicológico y de la salud mental en general, el último mes del año se caracteriza por ser un período marcado por picos de estrés, que pueden derivar en ansiedad, angustia y hasta depresión. Ello lleva a que se incrementen las consultas en los psicólogos, a tal punto de que diciembre es el único mes que -siempre hablando en el ámbito de la psicología- tiene un síndrome con su propio nombre: el Síndrome de Diciembre.

Síndrome de diciembre: al estrés de fin de año se le suma la incertidumbre general y hay picos de consultas en psicólogos. Foto: Imagen Ilustrativa
Síndrome de diciembre: al estrés de fin de año se le suma la incertidumbre general y hay picos de consultas en psicólogos. Foto: Imagen Ilustrativa

“Este año, después de que pasó la euforia del mundial, empezamos a tener muchas consultas en febrero y marzo, todas con temores muy parecidos a los de hace 20 años y con muchas dudas. Hay que tener en cuenta que 2023 ha sido un año muy caldeado, de muchos miedos, y aunque hubo una pequeña meseta en julio, agosto arrancó con toda la furia”, destaca el magister en Piscología, Mario Lamagrande.

En ese sentido, el especialista destacó que este diciembre viene siendo un mes con mucha carga horaria y turnos asignados entre los psicólogos, algo que suele ser una constante ya que es un mes en el que aumenta considerablemente la demanda.

“El hecho de que haya sido un año de elecciones, y con muchas elecciones -dicho sea de paso- tiene mucho que ver en este contexto. El psicólogo Diego Cáceres habla en uno de sus trabajos de que, en el ámbito político, ya está instalado desde el marketing el componente psicológico por sobre el ideológico. Las campañas se han convertido en campañas psicológicas y que le hablan directamente al sistema de creencias y valores de las personas”, agrega Lamagrande.

Además, destaca que a partir del brote de la pandemia de Covid-19 (marzo de 2020), las campañas siempre estuvieron mucho más relacionadas al miedo y al temor al castigo.

Por su parte, el psicólogo Walter Motilla también se refirió a varios factores que marcan a la versión 2023 del Síndrome de Diciembre.

“Hay un efecto post pandemial, que tiene que ver con lo que nos dejó el Covid-19, y que se suma a la otra pandemia, aquella marcada por el estrés, la ansiedad y la depresión. A todo ello se suman los factores sociales, económicos y que vienen con el proceso del recambio de gobierno, de ajuste y de estanflación. Todo ello termina siendo como una guirnalda más del arbolito, que se suma a que diciembre es siempre un mes cargado de cosas”, reflexiona Motilla.

Mario Lamagrande. Foto: Archivo Los Andes.
Mario Lamagrande. Foto: Archivo Los Andes.

Para el psicólogo, en estas circunstancias se ha notado más en la gente el Síndrome de Diciembre. “Al sumarse la incertidumbre económica, una persona tiene más presiones que las que experimentaba antes en cualquier mes de diciembre y que tenían que ver con las obligaciones, los compromisos sociales y las relaciones familiares. Porque ahora se suma que no hay plata”, resume Walter Motilla.

LAS CONSECUENCIAS DEL SÍNDROME DE DICIEMBRE

La primera palabra con la que el psicólogo Mario Lamagrande asocia al concepto de Síndrome de Diciembre es “estrés”.

“Algo se convierte en síndrome cuando hay signos (físicos) y síntomas, se trata de una realidad que se da en esas dos dimensiones. Y no hay una connotación solamente psicológica, sino que tenés elementos físicos y psicológicos combinados”, resume el especialista, quien también es docente universitario.

El desgaste y cansancio a nivel laboral es conocido, dentro del ámbito de la salud mental, como “burn out” (no es casual que la traducción sea “consumido” o “quemado”, ni tampoco que se recurra a la expresión “estoy quemado” para hablar de agotamiento físico y mental). Y, en el contexto de fin de año, este contexto suele ser vinculado con la idea de “Burn out a full”.

“Se da una despersonalización y se llega a ella porque cada uno de nosotros siente una necesidad de tomar distancia de la gente. La despersonalización en términos de ‘burn out’ tiene que ver con la idea de tomar distancia y se considera positiva, ya que en su versión negativa se adoptan conductas como ponerse irónico, sádico y en estado de irritabilidad”, continúa Lamagrande.

Síndrome de diciembre: al estrés de fin de año se le suma la incertidumbre general y hay picos de consultas en psicólogos. Foto: Imagen Ilustrativa
Síndrome de diciembre: al estrés de fin de año se le suma la incertidumbre general y hay picos de consultas en psicólogos. Foto: Imagen Ilustrativa

El combo de cansancio físico, agotamiento mental y falta de realización en el empleo, trasladado a la realidad familiar, es lo que termina explotando con el mencionado Síndrome de Diciembre.

“Diciembre suele ser un mes marcado por el estrés y situaciones extremas. Por más que uno quiera o no, se da ese corte simbólico y se reinicia el conteo, y uno está obligado a introspeccionar. Ahora, no es lo mismo cuando ciertos factores están controlados. Entonces, dependiendo de cómo vamos llegando, se toman características de lo positivo o de lo negativo. Y en este análisis del final uno intenta definir si se integra o se desespera”, acota Lamagrande.

UN AÑO ESTRESANTE DE PRINCIPIO A FIN

El 2023 tuvo la particularidad de ser un año de elecciones políticas. En Mendoza, por ejemplo, en algunos departamentos los ciudadanos debieron asistir en 7 oportunidades a las urnas. Y si bien la Democracia y el acto eleccionario en sí no tienen una vinculación directa con el desgaste propiamente dicho, si es algo que se personifica en las campañas políticas y sus mensajes cada vez más violentos.

“Con el contexto de elecciones imperando durante todo el año, se vio -por un lado- un efecto de acumulación de tensiones dosificadas y, por el otro, de masificación de la reacción al llegar ya fin de año”, destaca a su turno el psicólogo Walter Motilla.

En ese sentido, destacó que la propia incertidumbre es la que genera zozobra en las personas. Y esto repercute con fuerza en el denominado Síndrome de Diciembre.

Sebastián Walter Motilla
Sebastián Walter Motilla

“Precisamente hoy, con todos los anuncios que se esperan, hay una incertidumbre de no saber qué va a pasar con el trabajo, con el que alquila, con el período de prueba en el trabajo. Son todos factores que se suman como fantasmas en este contexto”, insiste.

En esa sintonía, Lamagrande recurre a la metáfora de que el estrés “se ha ido cocinando” a lo largo de todo el año. Y que el contexto político y eleccionario ha llevado a la sociedad a dejar de estar bajo influencia ideológica para pasar a encontrarse directamente bajo condicionamiento psicológico.

“Imaginemos que estamos frente a una cocina, una caldera como esas que usan las brujas en las películas. Y se van sumando de a uno los condimentos, por lo que ahora -a días del fin de año- resta el ingrediente particular que cada uno agrega. Acá está la clave para sumar algo que no se convierta en desesperación. Porque si uno se rodea de basura, se convierte en basura. Y los ingredientes dependen de cada uno”, grafica.

CÓMO PASAR EL SÍNDROME DE DICIEMBRE Y ENCARAR EL 2024

Tanto Lamagrande como Motilla se refirieron a las principales recomendaciones para sobrevivir a diciembre y no morir en el intento.

“En salud mental prima el principio de que más vale prevenir que curar. El estrés, que es este ‘burn out’ de fin de año, se puede prevenir. Porque uno empieza a tener indicadores previos al colapso. Entonces, apenas los empieza a percibir, uno tiene que actuar. Primero, bajando un cambio, priorizando lo que es necesario, urgente, importante. Y hay que aprender a decir que no a ciertos compromisos y cosas, que suman a la carga”, destaca Walter Motilla.

Además, el psicólogo recomendó incluir actividad física -aunque sea caminar- para descomprimir, además de saber tomarse descansos periódicamente para quitarle peso a la obsesión que genera lo económico.

Video: el "síndrome de diciembre", cuando el estrés nos pone al límite
Video: el "síndrome de diciembre", cuando el estrés nos pone al límite

“Cuando los síntomas se vuelven muy agudos y alteran la calidad de vida, hay que consultar al profesional de confianza”, concluye.

Para Lamagrande, en tanto, es más que evidente que el contexto es una parte muy importante y un elemento esencial. Y, además de la diferencia en el ánimo social post consagración en Qatar, el contexto social y económico no es el mismo en diciembre de 2023 que el que fue en diciembre de 2022.

“Cuando uno mira el futuro y espera una oportunidad, ve esperanza. Pero si ve peligro, aparecen ansiedad y angustia. En diciembre de 2022 hubo una para emoción que nos unió a todos. La idea no es esperar lo peor, si no lo mejor”, acota Mario Lamagrande.

En ese sentido, destacó que es clave buscar qué le ofrece a cada persona el año próximo, pensándolo desde la integración y una nueva oportunidad en lugar de caer en la desesperación.

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