Los ojos pican, arden, molestan como si tuvieran arena adentro y, de a ratos, la visión se vuelve borrosa. Aunque muchos lo asocian a una simple jornada agotadora frente a la computadora, la realidad médica marca otra cosa.
El cuadro deteriora la calidad de vida, el desempeño laboral, el sueño y hasta la conducción. No se cura. Por qué hay cada vez más casos y Mendoza lo favorece
Los ojos pican, arden, molestan como si tuvieran arena adentro y, de a ratos, la visión se vuelve borrosa. Aunque muchos lo asocian a una simple jornada agotadora frente a la computadora, la realidad médica marca otra cosa.
La Enfermedad de Ojo Seco (EOS) se ha convertido en una problemática en constante aumento que afecta a millones de personas en el mundo. En la Argentina, las estimaciones del Consejo Argentino de Oftalmología señalan una prevalencia de entre el 20% y el 30% en la población adulta; dicho de otro modo, afecta a 3 de cada 10 personas.
Sin embargo, el escenario no es igual en todas partes. En provincias como Mendoza, las condiciones ambientales, se suman al estilo de vida actual confluyen para transformar esta molestia en un desencadenante directo de la pérdida de calidad de vida.
Más aún, la mayor cantidad de horas dedicadas al trabajo, asociadas a la hiperconectividad, así como la necesidad de sumar ingresos, contribuyen también al incremento, y los especialistas advierten que llegan cada vez más personas con este cuadro a los consultorios.
La EOS es un grupo de trastornos en la película lagrimal, la capa líquida que cubre y protege al ojo. Esos trastornos inciden en una menor producción o la inestabilidad de las lágrimas.
Sus síntomas principales incluyen inflamación de la superficie ocular, molestias, dolor, sensación de cuerpo extraño, ardor y fluctuación visual. Por estas razones, puede limitar actividades cotidianas tan básicas como leer, conducir, usar la computadora o mirar televisión. Incluso, aunque parezca un tema menor, muchos pacientes presentan problemas para dormir o cuadros depresivos.
El asunto es que se trata de un cuadro crónico, es decir, no se cura.
Desde el mencionado Consejo diferencian dos grandes grupos de ojo seco:
Ojo seco acuodeficiente: se produce cuando hay una reducción en la cantidad de lágrima.
Ojo seco evaporativo: ocurre cuando la calidad de la lágrima está alterada, provocando una evaporación más rápida y generando una lágrima con mayor concentración de sales de lo normal (hiperosmolaridad). La causa principal en este grupo suele ser la Disfunción de Glándulas de Meibomio (DGM), ubicadas en los párpados.
Pero pese a que no se cura, puede mejorarse y lograr períodos totalmente asintomáticos mediante tratamientos prolongados que suelen tener avances y retrocesos temporales. El abordaje requiere educar al paciente, modificar el ambiente y la alimentación, lubricar para retener o mejorar la calidad lagrimal, reducir la inflamación (mediante cuidados palpebrales y medicación antiinflamatoria) y manejar las posibles complicaciones.
Un error común es minimizar la patología. Desde la clínica especializada Unovisión remarcan que el ojo seco crónico no tratado no es "solo una molestia". Refiere que según estudios de utilidad visual del DEWS II (2017), su impacto en la calidad de vida es comparable al de condiciones sistémicas crónicas como la angina de pecho moderada.
En este contexto, lo que advierten los expertos es que puede afectar notoriamente la calidad de vida, especialmente en tres aspectos:
Productividad laboral: la fatiga visual y la visión fluctuante reducen la eficiencia en tareas con pantalla hasta en un 35%. Es, de hecho, la causa más frecuente de baja laboral de origen visual en trabajos de oficina.
Sueño y descanso: el ardor y la fotofobia nocturna interfieren con el reposo. El ojo seco nocturno (lagoftalmos) deja la córnea expuesta durante el sueño, agravando los síntomas al despertar.
Conducción y seguridad: la visión borrosa fluctuante representa un factor de riesgo documentado en la conducción nocturna, comparable en algunos estudios al efecto del alcohol leve sobre el tiempo de reacción visual.
El doctor Francisco Gómez Romeo, médico oftalmólogo de la provincia, resaltó un punto especialmente importante para los mendocinos: en Mendoza hay una mayor predisposición a presentar este cuadro.
En diálogo con Los Andes señaló que la geografía local influye de manera determinante en esta afección. "En todas las regiones del mundo, semidesérticas y montañosas, sufren los habitantes en mayor proporción del ojo seco", explicó el especialista. Según indicó, la evaporación de la película lagrimal se produce más fácilmente en zonas desérticas o semidesérticas que en zonas húmedas. "Todas las provincias precordilleranas sufren mucho más el ojo seco que las provincias del centro del país y las de la costa del Atlántico. Esto está confirmado estadísticamente", confirmó.
Gómez Romeo advirtió que el problema se agrava cuando se combinan diversos factores: "Si yo vivo en una zona semidesértica que predispone al ojo seco, ventosa, trabajo con computadora seis horas diarias, o trabajo al aire libre, en el campo, con viento, con sol, eso incrementa mucho más la sintomatología y el disconfort del ojo".
A este combo ambiental se le suma la salud general y la polifarmacia: "Si a eso yo le sumo que hay un grupo de enfermedades, como son las enfermedades autoinmunes, la hipertensión arterial, y tomo medicación, aunque sea poca dosis... eso favorece el ojo seco”, aseguró. Y prosiguió sobre el mismo punto: “La polifarmacia lo favorece, los que toman tranquilizantes, los hipotiroideos, que es muy común en toda la zona precordillerana del país. Todos esos pacientes tienen una predisposición al ojo seco porque tienen menos volumen de lágrima y menos calidad lagrimal".
En definitiva, el médico resumió que "el clima, las actividades que se pueden desarrollar las diferentes personas, las patologías, la polifarmacia, es un grupo de circunstancias que favorecen lo que se denomina vulgarmente el ojo seco", aclarando con un toque de realismo: "Seco no puede estar porque si no nos quedamos ciegos. Imposible".
¿Por qué parece haber cada vez más casos? En primera instancia, el médico aseguró que definitivamente se están diagnosticando más casos.
Para Gómez Romeo, el incremento obedece a que "son temas que se están tratando más y prestando más atención que antes", sumado a que "hay actividades de oficinas y uso de pantallas mucho más pronunciados que antes". Asimismo, destacó que la investigación científica avanza en descubrir patologías y remedios que alteran el film lagrimal.
"A veces viene la gente, 'doctor, me molesta la luz, antes no me molestaba'. Uno revisa al paciente, está impecable, pero se ve que el film lagrimal no es el correcto. Entonces, con una lágrima se lo soluciona", relató el oftalmólogo.
No obstante, remarcó un problema rutinario en la consulta: dar con el producto adecuado (ya que existen lágrimas de diferente densidad y composición para cada grado de severidad) y lograr que el paciente mantenga la disciplina. "El paciente se lo coloca, se le van los síntomas y cuando se le van los síntomas se empieza a olvidar de ponerse la gota porque se siente bien. Y vuelven a aparecer los síntomas", remarcó.
Según advierten los expertos, la afección es más frecuente en mujeres, en particular a mayor edad. Pero también se observa con mayor frecuencia en determinados segmentos: durante la adolescencia y en la menopausia. Hay factores de riesgo que tienen mayor peso para desarrollar este cuadro:
Para prevenir y mitigar los síntomas, la alimentación e hidratación cumplen un rol de soporte. "Ingerir omega-3, hidratarse bien y controlarse clínicamente ayuda", confirmó el doctor Gómez Romeo, añadiendo el consumo de frutas y alimentos con alto contenido de agua. De todas formas, aclaró que la lágrima no es solo agua, sino que contiene proteínas y aceites.
Para quienes realizan actividades al aire libre o expuestas al clima mendocino —como personas que trabajan en el campo, profesores de educación física o andinistas— recomendó "usar anteojos de sol con filtro UV, bien adaptados a su cara para que el viento no le seque los ojos y los rayos UV no le dañen", además de sostener una lubricación adecuada.