Lo que para muchos puede ser algo que ya no sirve, para otros puede marcar un cambio crucial en sus vidas. El reciclaje puede ser la oportunidad de aprender mejor, trabajar y el acceso al mundo que los rodea en menores condiciones.
El gesto mínimo de recuperar este recurso lo transforma en un insumo esencial para cambiar vidas: una fundación usa 12 tapitas para crear un armazón.
Lo que para muchos puede ser algo que ya no sirve, para otros puede marcar un cambio crucial en sus vidas. El reciclaje puede ser la oportunidad de aprender mejor, trabajar y el acceso al mundo que los rodea en menores condiciones.
Es que en una bolsa de residuos cualquiera, una tapita plástica parece no valer nada. En manos de la Fundación Boreal, en cambio, puede transformarse en algo decisivo: la oportunidad de darles a muchos la posibilidad de ver mejor. Literalmente. Con apenas entre 12 y 15 tapitas, la organización fabrica un marco de anteojos que luego entrega sin costo a personas que no pueden acceder a costear este recurso esencial para su salud visual.
Detrás hay un proceso que inicia con alguien que solidariamente decidió reunir tapitas para donarlas y la voluntad de activar un engranaje en el que la fundación ya tiene su propia fábrica de marcos y, desde hace poco, también su laboratorio para elaborar los cristales.
“La campaña surge a partir de la necesidad de ampliar el acceso a anteojos y, al mismo tiempo, generar un impacto ambiental positivo. Transformar tapitas en marcos es convertir un residuo en una herramienta que mejora la calidad de vida de una persona”, explica Cristian Mur, presidente de la fundación en el país.
“Reciclaje con impacto real”, resumen desde la fundación. La frase baja a tierra en historias concretas: chicos que vuelven a leer sin esfuerzo, adultos que recuperan autonomía o personas en alguna condición de vulnerabilidad que acceden quizás por primera vez a un control oftalmológico. En 2025, la organización logró entregar 1.200 anteojos y este año suben la apuesta: en lo que va de 2026, ya suman otros 600 distribuidos en Mendoza, Tucumán, Santiago del Estero y Salta.
Más allá de la pata ambiental, el impacto más significativo se da en el territorio. En Mendoza, el trabajo se articula a través de operativos sociosanitarios que acercan la atención a donde más se necesita. “El colectivo sanitario está dentro del programa Promover Salud, en Mendoza tenemos uno que duerme en la Terminal y está adaptado como consultorio médico”, contó Iván Sadler, responsable local de la fundación.
Ese colectivo, que es una especie de consultorio móvil, recorre comunidades, merenderos y escuelas. Allí, un oftalmólogo realiza controles con equipamiento específico y genera la receta. “Vamos con la unidad, va un médico oftalmólogo, hace los estudios con el autorrefractómetro, se hace una receta y eso nosotros lo mandamos a Tucumán para la realización de los anteojos”, describió Sadler. Es que en esa provincia se ubica el “centro operativo” que hace parte sustancial de la magia.
El circuito se completa cuando esos anteojos vuelven al punto de origen, ya listos para ser entregados. En ese viaje, lo que era descarte se convierte en una herramienta concreta de inclusión: “No se trata solo de reciclar, sino de crear valor social”, sostienen desde la organización.
El proceso empieza mucho antes del consultorio. Las tapitas se recolectan en distintas sedes de la empresa de salud Boreal, en Mendoza, Santiago del Estero, Córdoba, Tucumán y Salta.
Luego, los equipos de la fundación las clasifican, limpian y trituran para transformarlas en materia prima. A partir de esto, en una fábrica en Tucumán, ese plástico vuelve a nacer en forma de marcos livianos y resistentes. “Entre doce tapitas y quince tapitas se puede confeccionar un marquito de anteojos”, explicó Mur. Y detalló el recorrido completo: “Se clasifican, se lavan, se trituran, se muelen y después esa molienda pasa a una inyectora plástica que funde el material y lo inyecta en matrices”.
Mur contó que hasta un tiempo reunían tapitas para entregar a hospitales como el Garrahan, en Buenos Aires, y Fundación Notti, en Mendoza. Luego empezaron a darles esta finalidad, pero reúnen mucha cantidad, por lo que no dejan de colaborar con los efectores pediátricos.
“Los marcos se elaboran en la fábrica que está emplazada en la localidad de Monte Grande, departamento Famaillá, en Tucumán, y en el mes de julio tenemos estimado ya tener la producción plena de la fábrica, estamos en la última etapa: terminación de pruebas de color, de pulido, matrices”, refirió.
Dijo que actualmente producen 50 marcos -sin cristal- por mes y que la intención es producir en masa para llegar a 200 marcos por mes.
Los cristales se realizan en un laboratorio que han inaugurado en noviembre, en la misma provincia, gracias al aporte de la Embajada de Alemania, que les otorgó un subsidio para comprar la biseladora para poder cortar los cristales.
Sadler detalló que se llega a diferentes grupos por varios caminos, ya sea porque ellos seleccionan una comunidad, quizá porque se contactaron de una escuela o porque alguna organización o empresa quiere generar mejoras en su comunidad.
“Si alguna compañía, alguna empresa, alguna organización quiere impactar a través de la responsabilidad social en su comunidad, podemos trabajar en equipo. Eso también es muy importante para destacar”, remarcó.
“El año pasado trabajamos con la comunidad coya en El Algarrobal y estamos trabajando ahora con (iglesia) La Merced, en donde hicimos también para las personas en situación de calle el operativo oftalmológico en febrero y ahora estamos en una segunda etapa que es de formación de los voluntarios”, detalló.
Agregó que en el departamento de San Martín llegaron a la comunidad de Villa Italia, que está vinculada a través de un merendero. El sábado pasado hicieron allí un gran operativo, como también han ido a diversas escuelas de la provincia.
Más que un ahorro económico -remarcan- la campaña genera un triple impacto. Por un lado, reduce residuos plásticos y promueve el reciclaje. Por otro, amplía el acceso a la salud visual. Y además, impulsa trabajo local en la fábrica donde se producen los marcos, fortaleciendo una cadena de valor con impacto social.
“No se trata solo de reciclar, sino de crear valor social. Cada marco representa una oportunidad concreta para alguien que necesita ver mejor para estudiar, trabajar o desarrollarse”, destacan desde Fundación Boreal.
La propuesta también cumple un fuerte rol educativo. Al vincular reciclaje con salud, la Fundación promueve cambios de hábito sostenibles en el tiempo y acerca el concepto de economía circular a la vida cotidiana.