El error que arruina tus anteojos: por qué nunca debés limpiarlos con alcohol y qué usar en su lugar
Limpiar tus lentes con alcohol puede parecer una solución rápida, pero expertos advierten que destruye los filtros y reseca las monturas. Aprendé a cuidarlas de forma segura.
Muchos usuarios cometen elerror de usar alcohol o productos domésticos para limpiar sus anteojos, buscando una desinfección rápida o eliminar la grasa de los cristales. Sin embargo, lo que parece un hábito de higiene es, en realidad, el camino más corto para arruinar una inversión costosa.
El principal problema de usar alcohol es que actúa como un disolvente que degrada los recubrimientos especiales de las lentes. La mayoría de las gafas modernas incluyen tratamientos antirreflejantes, filtros de luz azul o protección UV que se desgastan con químicos agresivos.
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Con el tiempo, este desgaste provoca una opacidad irreversible que reduce la nitidez y dificulta la visión. Además, en cristales de policarbonato, el uso repetido de alcohol debilita su estructura molecular, volviéndolos quebradizos y disminuyendo su resistencia a los impactos.
Monturas en peligro: del brillo a la fragilidad
No solo los cristales sufren; las monturas, especialmente las de acetato, son muy vulnerables. El alcohol reseca estos materiales, provocando que pierdan su color original, se vuelvan opacos y, eventualmente, se quiebren. Incluso las bisagras metálicas pueden perder lubricación o sufrir corrosión por el contacto continuo con sustancias abrasivas.
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Otro componente que suele dañarse son las almohadillas nasales. El alcohol las vuelve rígidas y quebradizas, lo que genera molestias al usarlas y hace que las gafas se deslicen con mayor facilidad.
El método correcto para una limpieza segura
Para mantener tus lentes como nuevos, los ópticos recomiendan un procedimiento sencillo y económico:
Agua tibia y jabón neutro: Es la opción más efectiva. Enjuagá los lentes para quitar el polvo y frotá suavemente con una gota de jabón sin fragancia.
Secado con microfibra: Usá siempre un paño de microfibra limpio. Evitá servilletas de papel o la propia ropa, ya que las fibras textiles pueden causar micro-rayones.