No fue un registro de pacientes ya diagnosticados, sino un estudio poblacional. Se realizaron encuestas telefónicas a 3.200 personas de entre 5 y 44 años, residentes en áreas urbanas de más de 100.000 habitantes. Para identificar síntomas compatibles con rinitis alérgica, los investigadores usaron un cuestionario validado.
Esto es importante porque el estudio no mide solamente a quienes ya habían consultado a un médico, sino también a personas que tenían síntomas compatibles y quizá nunca habían recibido un diagnóstico.
El resultado principal del estudio PARA fue contundente: la prevalencia global de síntomas compatibles con rinitis alérgica fue del 20,5%. En otras palabras, aproximadamente 1 de cada 5 personas encuestadas presentaba un cuadro compatible.
Según la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica, la rinitis alérgica es una enfermedad que afecta a más de 5 millones de argentinos.
Explica que más de 4 episodios de resfríos intensos al año, con una duración superior a los 10 días, podrían estar indicando la presencia de rinitis alérgica.
Los síntomas más frecuentes fueron los estornudos, presentes en el 58,5%, y la congestión nasal, presente en el 51,4%. También se observó que el 44,3% de los participantes tenía antecedentes familiares de alergia, un dato que refuerza el peso de la predisposición genética y familiar.
Los datos del subdiagnóstico de alergias en Argentina
Otro dato relevante del estudio PARA es el subdiagnóstico. Entre quienes tenían síntomas compatibles con rinitis alérgica, el 63,8% no tenía diagnóstico médico. Este dato ayuda a entender por qué muchas personas conviven durante años con congestión nasal, estornudos, picazón, lagrimeo, tos o sueño de mala calidad sin asociarlo a una enfermedad alérgica tratable.
Subdiagnóstico: Más del 60% de quienes sufren síntomas de rinitis alérgica no tiene un diagnóstico médico.
“Nariz tapada, estornudos repetidos, lagrimeo constante y una picazón molesta en la garganta, los ojos y el paladar. Para muchos argentinos, esos síntomas se confunden con un resfrío común”, refiere la entidad. “Sin embargo —continúa—, en realidad, en muchos de los casos se trata de rinitis alérgica, una enfermedad crónica que afecta la calidad de vida y que, de no tratarse adecuadamente, puede convertirse en la antesala del asma bronquial”.
Consecuencias de las alergias en la calidad de vida
La alergia no se presenta de la misma manera en todas las personas. En el estudio PARA, la rinitis alérgica fue más frecuente en mujeres: 24% frente a 16,7% en hombres. Por edad, la prevalencia fue de 22,3% entre los 5 y 19 años, y de 19,4% entre los 20 y 44 años. Es decir, aparece con fuerza tanto en niños y adolescentes como en adultos jóvenes.
“Lo importante es tener presente que no estamos hablando de una molestia menor, sino que es una enfermedad que afecta la calidad de vida en múltiples planos, produciendo trastornos del sueño, con despertares nocturnos, sueño no reparador y fatiga diurna; descenso en la productividad laboral, porque limita al individuo en la intensidad de su trabajo”, enumeró la doctora Silvana Monsell, referente de la organización.
También mencionó su impacto en el ausentismo escolar y laboral, con pérdidas significativas de días de clase y de trabajo por año; e irritabilidad y cansancio, síntomas que suelen aparecer de manera recurrente.
Por eso, la rinitis alérgica no debería verse como un cuadro menor. También se relaciona estrechamente con el asma. La guía GINA, una de las referencias internacionales más importantes sobre asma, señala que la rinitis alérgica es muy común en personas con asma y que ambas condiciones deben ser consideradas en conjunto.
El asma, otra de las enfermedades alérgicas
Los especialistas del hospital refieren que el asma es otra de las grandes enfermedades alérgicas o asociadas a mecanismos alérgicos. En Argentina, una encuesta nacional en adultos jóvenes de 20 a 44 años estimó una prevalencia de asma cercana al 6% según ataques recientes o uso de medicación, y de alrededor del 9,5% cuando se consideraba diagnóstico médico actual o previo.
Además, el estudio mostró que muchas personas usaban medicación solo cuando tenían síntomas, una señal de control insuficiente.
En adolescentes, el Global Asthma Report muestra que Argentina también tiene datos que invitan a prestar atención. En San Francisco, Córdoba, la prevalencia de síntomas de asma en adolescentes aumentó de 12,9% en 2006 a 21,4% en 2019 dentro del mismo marco de seguimiento. Además, sólo una minoría de los adolescentes con asma contaba con un plan escrito de manejo, una herramienta clave para saber qué hacer ante síntomas o crisis.
Alergias en la piel
Las alergias también pueden manifestarse en la piel. La dermatitis atópica suele producir piel seca, picazón intensa, brotes de eccema y lesiones que pueden empeorar por rascado, irritantes, infecciones, clima seco o exposición a ciertos alérgenos.
En Argentina, la Guía Argentina de Práctica Clínica en Dermatitis Atópica 2024, elaborada por la Sociedad Argentina de Dermatología y la Asociación Argentina de Asma, Alergia e Inmunología Clínica, incluye recomendaciones para niños, adolescentes y adultos, y contempla desde hidratación y tratamientos tópicos hasta terapias sistémicas y biológicas en cuadros moderados o severos.
La alergia alimentaria requiere atención especial
La alergia alimentaria merece un capítulo aparte porque puede ir desde síntomas leves hasta reacciones graves. En escolares argentinos, un estudio de encuesta encontró que el 1,4% presentaba alergia alimentaria inmediata actual y que el 0,8% había tenido anafilaxia inducida por alimentos.
Estos números pueden parecer bajos frente a otras alergias, pero su importancia sanitaria es alta porque una reacción alimentaria grave puede aparecer de forma rápida y requerir tratamiento urgente.
Qué factores influyen para tener alergias
Los factores predisponentes son múltiples. La historia familiar pesa: si hay antecedentes de asma, rinitis, dermatitis atópica, alergia alimentaria, urticaria o alergia a medicamentos, aumenta la probabilidad de que aparezcan enfermedades alérgicas.
El ambiente también influye. La contaminación, el humo de tabaco, la exposición ocupacional, los ácaros, los hongos, los pólenes, la convivencia con determinados animales y las condiciones de vivienda pueden actuar como disparadores o agravantes. En el estudio PARA, casi la mitad de los participantes reportó antecedentes familiares de alergia.
Subdiagnóstico: Más del 60% de quienes sufren síntomas de rinitis alérgica no tiene un diagnóstico médico.
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El cambio climático agrega otro elemento al problema. La Organización Mundial de la Salud advierte que la contaminación del aire y el cambio climático pueden empeorar el impacto de alérgenos como el polen y otras partículas biológicas transportadas por el aire.
El aumento de temperatura y los cambios en los patrones climáticos pueden modificar la producción, distribución y duración de las temporadas de polen, con impacto en rinitis, conjuntivitis y asma.
Algunas alergias ganan visibilidad
También hay alergias que están ganando visibilidad. Un ejemplo es el síndrome alfa-gal, una alergia asociada a picaduras de garrapatas que puede generar reacciones frente a carne roja u otros productos derivados de mamíferos.
Otra condición cada vez más reconocida es la esofagitis eosinofílica, una enfermedad inflamatoria crónica del esófago vinculada a mecanismos inmunológicos, en la que ciertos alimentos pueden actuar como desencadenantes. Puede manifestarse con dificultad para tragar, sensación de comida trabada, dolor o síntomas digestivos persistentes.
Los tratamientos avanzan y se vuelven más personalizados
En tratamientos, la medicina de las alergias también está cambiando, destacan los profesionales del hospital Alemán. En rinitis alérgica, el abordaje puede incluir medidas ambientales, lavados nasales, antihistamínicos, corticoides intranasales e inmunoterapia específica en casos seleccionados.
En asma, las guías actuales desalientan el uso exclusivo de broncodilatadores de rescate y priorizan esquemas que incluyan corticoides inhalados para reducir exacerbaciones. En dermatitis atópica, además de hidratación y tratamientos tópicos, hoy existen terapias sistémicas y biológicas para casos moderados o severos.
En alergia alimentaria, es fundamental confirmar correctamente el diagnóstico, evitar el alimento desencadenante, sostener una alimentación segura y nutricionalmente adecuada, contar con un plan escrito de acción y disponer de medicación de rescate cuando corresponda. La educación del paciente y su entorno es parte central del tratamiento.
Por todo lo anterior, remarcan: “Las alergias no deberían naturalizarse. Respirar mal, dormir mal, vivir congestionado, automedicarse cada temporada o evitar alimentos sin diagnóstico no es una solución”. Por eso, subrayan que la consulta profesional permite diferenciar alergia de otras enfermedades, indicar estudios cuando corresponda, prevenir crisis, mejorar la calidad de vida y reducir riesgos.