El final de un Mundial de fútbol genera un impacto en los hinchas que trasciende por completo las canchas. Más allá de los goles, las victorias o las derrotas, el cierre de la competencia suele venir acompañado de una extraña e incómoda sensación en el cuerpo y la mente de muchos: un "bajón" anímico difícil de explicar.
“El Mundial no es solamente un evento deportivo: también funciona como una experiencia colectiva que ordena rutinas, conversaciones y expectativas. Por eso, cuando termina, algunas personas pueden sentir un vacío o una baja anímica que tiene que ver con el corte repentino de esa intensidad emocional”, explica el doctor Washington Burgos, médico clínico de Boreal Salud.
Durante las semanas que dura la competencia, el fútbol ocupa un lugar que va mucho más allá de los 90 minutos de juego. Los partidos modifican por completo las rutinas, organizan los encuentros familiares y sociales, atraviesan todas las conversaciones cotidianas y generan una expectativa compartida que se sostiene durante varias semanas. Para muchos hinchas, especialmente en países donde la selección despierta una fuerte identificación emocional, el torneo se vive con una intensidad que combina ilusión, ansiedad, alegría, frustración y un profundo sentido de pertenencia.
Hichas que se adaptan y el impacto en las emociones
Cuando ese ciclo termina, ya sea por el final definitivo del torneo o por la eliminación del equipo propio, puede aparecer una sensación de vacío. El calendario diario, que antes estaba perfectamente marcado por los partidos, los análisis previos, las cábalas, los festejos y las reuniones, queda de pronto sin ese estímulo central.
Esta interrupción brusca de la rutina es la que puede generar síntomas muy claros en las personas: como tristeza, apatía, irritabilidad y cansancio.
Bajón post-Mundial: después de la euforia, aseguran que el fin del fútbol puede generar un vacío emocional y anímico en muchos hinchas.
Aseguran que se se trata de un "bajón" emocional que, en la mayoría de los casos, es pasajero.
Los especialistas aclaran que este fenómeno no debe interpretarse automáticamente como un problema de salud o una patología. En la gran mayoría de los casos, se trata de una reacción completamente esperable frente al final de una etapa que estuvo cargada de estímulos.
Durante toda la competencia, las personas están pendientes en todo momento de los horarios, los resultados, las noticias de último momento, las redes sociales y los encuentros con otros. Al finalizar el torneo, el cuerpo y la mente necesitan volver gradualmente a un ritmo más estable, con menos picos de emoción y una menor exposición a esos estímulos constantes del día a día.
Cómo diferenciar el malestar transitorio de algo que requiere atención en salud mental
Sin embargo, advierten que es importante diferenciar un bajón transitorio de un malestar que requiere mayor atención. Si la tristeza se prolonga durante varias semanas, si aparecen alteraciones importantes del sueño, aislamiento, pérdida de interés por actividades habituales, dificultad para trabajar o estudiar, o una sensación persistente de angustia, puede ser recomendable realizar una consulta profesional. La clave está en observar la duración, la intensidad y el impacto que ese estado tiene en la vida cotidiana.
“Sentirse desmotivado algunos días después de un evento tan movilizante puede ser esperable. Pero si esa sensación se sostiene, interfiere con la rutina o se acompaña de aislamiento, angustia marcada o cambios importantes en el sueño y el ánimo, es conveniente pedir orientación profesional”, agregan desde Boreal Salud.
Para atravesar mejor ese momento, los especialistas recomiendan recuperar de manera progresiva las rutinas previas, retomar actividades placenteras que no estén vinculadas exclusivamente al fútbol, cuidar los horarios de sueño, sostener encuentros sociales y evitar quedar atrapado en la repetición permanente de contenidos relacionados con la derrota o el final del torneo. También puede ayudar poner en palabras lo que se siente, compartirlo con otros y entender que las emociones intensas necesitan un tiempo de adaptación.
Lejos de minimizar lo que sienten los hinchas, comprender este fenómeno permite acompañarlo con más herramientas y detectar cuándo una reacción esperable empieza a transformarse en una señal de alerta.