En ciudades inteligentes, por ejemplo, sirven para analizar tránsito, infraestructura o consumo energético. Incluso existen aplicaciones en salud, donde se crean modelos virtuales de órganos o pacientes para planificar tratamientos.
A diferencia de una simulación tradicional, que utiliza datos históricos o hipotéticos para modelar escenarios futuros, un gemelo digital es una réplica virtual dinámica de un objeto, proceso o sistema físico que se actualiza en tiempo real. Para que exista, debe haber una conexión constante entre la contraparte física y la digital mediante sensores o flujos de datos.
El modelo argentino
Argentina es pionera en llevar un gemelo digital al terreno social. La idea oficial es construir una especie de “mapa vivo” de variables sociales, educativas, laborales y territoriales para detectar patrones y prever el impacto de decisiones estatales antes de implementarlas.
Según Capital Humano, el objetivo es pasar de un “Estado reactivo” a un “Estado predictivo” con la integración de información proveniente de distintas áreas estatales y del sector privado para “simular escenarios, anticipar impactos y optimizar decisiones”.
Gemelo digital social
Argentina será el primer país en implementar el gemelo digital social
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La ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, lo defendió así: "Es una herramienta pionera a nivel mundial que permitirá al Estado avanzar hacia un modelo predictivo, incorporando inteligencia artificial para el análisis estratégico de datos y la mejora en la toma de decisiones".
En teoría, un gemelo digital social necesita enormes cantidades de información para operar como datos estadísticos, registros administrativos, indicadores económicos, movimientos poblacionales y variables de comportamiento que alimentan modelos de inteligencia artificial capaces de identificar correlaciones y proyectar escenarios.
Advertencia de expertos
La principal alerta que genera el anuncio es que cuanto más ambicioso es el modelo, más delicado se vuelve el manejo de los datos. Ante esto, la propia ministra aseguró que se utilizarán “datos generales y estadísticos anonimizados” y negó que el sistema implique vigilancia sobre ciudadanos.
Sin embargo, especialistas y organizaciones vinculadas a derechos digitales pidieron precisiones sobre qué información se utilizará, quién administrará la plataforma y qué garantías existirán para proteger la privacidad.
La Fundación Vía Libre, por ejemplo, ya solicitó detalles sobre las bases legales del proyecto y el posible uso de datos personales. Su directora, Beatriz Busaniche, advirtió en una publicación de Wired sobre la posible falta de transparencia en la administración de estos datos: "Este es un anuncio que se iba a hacer en algún momento porque no es accidental ni casual que Peter Thiel (dueño de la empresa Palantir) esté instalado aquí en Buenos Aires... Está claro que vino a hacer negocios".
La IA como motor de los gemelos digitales
La IA como motor de los gemelos digitales
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La mención a Thiel no es casual ya que el empresario está instalado temporalmente en Argentina y busca hacer negocios con el gobierno. Aunque su implicancia no fue mencionada explícitamente por los funcionarios de la gestión de Javier Milei, se sabe que la creación y manejo de gemelos digitales es una de las especialidades de Palantir, la empresa de Thiel especializada en el análisis de macrodatos e inteligencia artificial para corporaciones y agencias gubernamentales.
El manejo de datos privados es la mayor preocupación. En un largo hilo de la red social X, Javier Pallero, especialista en derecho y tecnología, señaló que el riesgo reside en la centralización extrema de la información personal, lo que facilita el puntaje social: “Los riesgos para los derechos son enormes y variados: scoring social, sesgos que se disfrazan de objetividad técnica, decisiones automáticas sobre prestaciones que nadie puede revisar ni apelar, y un problema serio de soberanía: que los datos más sensibles de la población terminen procesados por una empresa extranjera con vínculos militares. Todo con una Ley de Protección de Datos del año 2000 sin herramientas reales para hacerse cumplir. Y todo mientras se recorta lo social”.
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Ashwin Agrawal, investigador especializado en digital twins en la Universidad de Cornell, sostiene que estas tecnologías pueden asumir distintos roles: desde simples observadores hasta sistemas con capacidad de decisión automatizada. “El riesgo es delegar funciones complejas sin comprender completamente sus límites o impactos humanos”.
En Europa no se consigue
Los gemelos digitales ya se utilizan en varios países para planificación urbana e infraestructura, pero no existe aplicación sobre dinámicas sociales como se planea en Argentina.
En Singapur se creó una réplica tridimensional de la ciudad-Estado que permite simular tránsito, contaminación o riesgos climáticos antes de aplicar cambios reales.
En Londres los gemelos digitales se aplican al transporte público y la gestión ferroviaria para simular flujos de pasajeros, optimizar recorridos y reducir emisiones.
Dubái y Shanghái avanzaron en gemelos digitales urbanos de gran escala para administrar tráfico, seguridad, servicios públicos y expansión urbana.
En China estas plataformas suelen integrarse con sistemas de vigilancia urbana y monitoreo masivo.
En Países Bajos el sistema está enfocado en el cambio climático para modelar potenciales inundaciones, subidas del nivel del mar y eventos extremos para coordinar respuestas de emergencia.
En Hong Kong, su aeropuerto internacional utiliza un gemelo digital fotorrealista que monitorea en tiempo real pasajeros, equipaje, equipos y operaciones internas.
OPINIÓN
Soy como tú, tú eres igual
La obsesión tecnológica por convertir el comportamiento humano en algo medible, predecible y optimizable no es nueva. Ya lo hacen los algoritmos de redes y streamings para saber qué queremos ver o las plataformas comerciales para saber qué nos interesa comprar.
Lo que es nuevo para la gente es el concepto de “gemelos digitales”. Tener una copia virtual de uno mismo, una empresa o un estado asociada a una inteligencia artificial sirve para analizar, actuar y predecir comportamientos.
Suena a “el futuro es hoy”, pero también a la ingenua idea de creer que todos los problemas sociales pueden resolverse con solo procesar datos.
Los modelos matemáticos son eficientes y pueden detectar tendencias, pero fallan al comprender contextos culturales, humor social o situaciones humanas impredecibles.
Así, pobreza, educación o desigualdad pueden cuantificarse, pero tienen más factores que no son sólo ecuaciones.
La inteligencia artificial puede ser útil para mejorar procesos estatales, de eso no hay duda. Pero cuando la promesa pasa de “asistir decisiones” a “predecir escenarios” se cruza un límite delicado: el de crear un gemelo digital de un Estado con fallas, corrupción y escasez de recursos. Así, el riesgo es que en vez de usar la IA para mejorar la realidad de todos, se la utilice para dibujar una que se acomode a los intereses de unos pocos.