No es novedad que se duerme cada vez menos y peor. En 50 años, la población ha perdido más de dos horas de sueño según la Fundación Internacional del Sueño, una organización de referencia en el tema a nivel mundial. Se ha calculado que, en promedio, se pasó de dormir 8 horas en 1960 a entre 6 y 6,5 en 2009.
En un contexto de estrés, sobredemanda, ansiedad, problemáticas de salud mental, preocupaciones, entre otras variables, el sueño se ve alterado. De eso sabemos bastante los argentinos, afectados por periodos de crisis que van cambiando de color pero parecen nunca irse.
Mal dormir
La falta de sueño influye directamente en las decisiones de las personas.
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No dormir es estar “un poco borracho”
Diego Golombek, doctor en Ciencias Biológicas, divulgador científico y director del instituto, destacó que la falta de sueño tiene un sinnúmero de consecuencias en lo que va a suceder al día siguiente y el resto de los días. Explicó que hay consecuencias cognitivas, en cómo funciona la mente, la cognición, incluyendo la toma de decisiones.
“No dormir bien quiere decir no dormir lo suficiente, o no tener una calidad de sueño adecuada, o no dormir en el momento adecuado para lo que indica el reloj biológico, y hay muchas evidencias de que después de una mala noche de sueño, la toma de decisiones al día siguiente no es todo lo racional que uno quisiera”, señaló.
Mal dormir
La falta de sueño influye directamente en las decisiones de las personas.
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Hay acuerdo en que la falta de sueño afecta muchos aspectos del desempeño diario. Reduce los reflejos, aumenta los tiempos de reacción, deteriora la atención, la memoria, la capacidad de concentración; también tiene efectos emocionales, aumenta la ansiedad y las respuestas negativas en situaciones de estrés.