La relación entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner, en su peor momento

La vicepresidente Cristina Fernández y el presidente de la Nación, Alberto Fernández. / archivo
La vicepresidente Cristina Fernández y el presidente de la Nación, Alberto Fernández. / archivo

La situación plantea interrogantes por los efectos institucionales y sobre la gestión. El mandatario volvió a pedir unidad.

La relación personal y política entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner ha tenido altibajos a lo largo de estos casi tres años de alianza entre ambos, pero ahora está en su peor momento: el diálogo se rompió.

Esto fue confirmado ayer por la portavoz presidencial y otrora dirigente cristinista, Gabriela Cerruti. La funcionaria dividió las aguas al afirmar que el Presidente y su vice no se hablan, pero seguirán adelante con el acuerdo político para sostener el Gobierno.

En la habitual conferencia de prensa de los jueves en Casa Rosada, Cerruti fue consultada sobre por qué el Presidente no se había solidarizado públicamente con la vice por la pedrada que sufrió el despacho de la titular del Senado el 10 de marzo cuando sesionaba Diputados. Sin rodeos, respondió que Fernández llamó a la vicepresidente y ni ella ni su secretario lo atendieron. Afirmó que todo seguirá “como siempre”. Y señaló: “Las relaciones personales, son relaciones personales. Y las relaciones políticas son otra cosa”.

La ruptura en la relación personal se dio por las fuertes discusiones internas en torno al acuerdo que el Gobierno nacional alcanzó con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para refinanciar la deuda de 45.000 millones de dólares.

En ese contexto, sacudido por una disparada inflacionaria, algunas fuentes de la coalición señalan que la vicepresidente pidió también nuevos cambios en el Gabinete que le fueron negados por el jefe de Estado. Cristina exige a Fernández que cambie a los ministros de Economía, Martín Guzmán, y de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, a los cuales responsabiliza por la escalada inflacionaria. Pero Fernández ratificó a ambos el último fin de semana.

En el Poder Ejecutivo también se ríen de trascendidos, como la supuesta inminente renuncia de Julián Domínguez a Agricultura o el desembarco de Martín Redrado en Economía. Y miran de reojo a La Cámpora como sembradora de rumores para molestar.

En el entorno del cristinismo no niegan, por otro lado, que la vicepresidenta estalló de furia cuando vio el miércoles una foto de Juan Manzur, el jefe de Gabinete, en las escalinatas de la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires pidiendo el fin de la invasión militar rusa a Ucrania.

Manzur lidera el tejido de una red de contención para el Presidente, que cuenta en distintos puntos con gobernadores peronistas, intendentes del Gran Buenos Aires, la CGT, movimientos sociales y el denominado Grupo Callao.

El jefe de Gabinete acompañó ayer a Fernández a Salta y por la tarde se lo llevó a Tucumán, su territorio. Es una provincia a la que, por casualidad o causalidad, Fernández viaja siempre que se pelea con Cristina, la dueña mayoritaria de los votos del oficialista Frente de Todos.

Al margen de las diferencias conceptuales acerca de cómo deberían resolverse los problemas de los argentinos, entre Alberto y Cristina (y su entorno) hay algo más. Apenas el “albertismo” empezó a jugar el 1 de marzo con la idea de la reelección del Presidente, la vice dejó de atender el teléfono. Y La Cámpora –organización política que lidera Máximo Kirchner- recrudeció su bombardeo a la Casa Rosada. Como si hubiera puesto en marcha otra vez la estrategia de vacío que le aplicó a Daniel Scioli en la campaña electoral de 2015.

Por otro lado, la ruptura de la relación personal entre el Presidente y la vice acelera los tiempos de una posible reconfiguración del escenario político hacia 2023. Con el oficialismo en seria crisis, Juntos por el Cambio multiplica sus chances de volver a la Casa Rosada.

Mientras, Fernández sigue apostando a la unidad para sostener la gobernabilidad. Y en eso cuenta con el apoyo del presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa. Ambos saben que no estarían junto a Cristina si no fue por necesidad electoral.

En Salta, Fernández ayer entregó la vivienda 40.000 de su gestión. Allí agradeció a los legisladores que votaron a favor del acuerdo con el FMI en el Congreso. “Aquellos que dicen que habrá ajuste, ¿me pueden decir dónde está el ajuste? Con este acuerdo no hay ajuste. Ajuste hubiéramos tenido que hacer si caíamos en default. Porque ahí sí no teníamos salida ni escapatoria”, dijo el Presidente.

Según Fernández, desde este viernes habrá un horizonte “más despejado” en materia de deuda para enfocar la gestión en otros problemas, como el de la inflación. En ese sentido, señaló: “tenemos que hacer el esfuerzo de encontrar respuestas a este nuevo desafío que nos imponen”.

Y, una vez más, pidió que no se rompa el Frente de todos: “Las respuestas las podemos encontrar de un solo modo, así, juntos, unidos, no hay otro modo, no hay otra manera. Hay una Argentina en la que la gente piensa de distinto modo, pero en esa Argentina todos tienen los mismos problemas. Tener presente que tenemos que encarar un tiempo distinto donde unidos podamos resolver los problemas que tienen los argentinos en un escenario tan cambiante como el que vive el mundo es una obligación que tenemos”.

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