Giachino: el mendocino que encabezó la misión y murió a poco de llegar

El capitán de corbeta lideró la acción de recuperación de las Malvinas y se convirtió en el primero de los 649 argentinos fallecidos durante la guerra. Su hermano, concejal de Capital, recuerda los días previos.

Giachino: el mendocino que encabezó la misión y murió a poco de llegar
Capitán Pedro Giachino

En la gélida mañana del 2 de abril de 1982, un comando de infantes de Marina desembarcó en Puerto Stanley (denominación anglosajona de nuestro Puerto Argentino) y tomó por asalto la guarnición militar y la casa del gobernador inglés, en las islas Malvinas.

Fue una operación “limpia”, sin derramamiento de sangre inglesa ni isleña, tal como querían las autoridades nacionales porque una recuperación argentina del archipiélago insular, con bajas británicas, hubiera sido mal recibida por la comunidad internacional y, sobre todo, por Londres.

Las tropas de desembarco tuvieron esa jornada su primera baja, la del capitán de corbeta Pedro Edgardo Giachino, mendocino, de 34 años, que fue alcanzado por tiros de metralla en el copamiento de la residencia del gobernador inglés, Rex Hunt.

La operación naval -bautizada con el nombre de Rosario- se concretó tal como estaba previsto, con la excepción del tramo final del asalto, en que Giachino fue alcanzado por un proyectil que le atravesó la arteria femoral, mientras resultaron heridos de gravedad el teniente de fragata Diego García Quiroga y el cabo primero enfermero Ernesto Urbina, quienes sobrevivieron. La operación fue representada por la película inglesa de 120 minutos “An Ungentlemanly Act” (Un acto poco caballeroso), de Stuart Urban (1992).

“Mi hermano no murió en el acto y, antes de desvanecerse, siguió dando órdenes priorizando el ataque y no su condición física”, contó Luis Alberto Giachino, el más chico de los seis hermanos, hoy de 56 años y concejal en el municipio capitalino.

Apenas los comandos anfibios ingresaron a la casa del gobernador, Giachino resultó herido al igual que dos compañeros. Pese a su estado, tomó una granada y amenazó a los ingleses con hacerla detonar si alguien se acercaba. Su intención fue generar presión al funcionario civil y lograr su rendición antes de que llegaran el resto de las tropas y, como se ha expresado, evitar un enfrentamiento en el que se hubieran generado muchas bajas en los dos bandos.

Después de mucho tiempo, el marino mendocino pudo ser transportado al hospital de Puerto Argentino, pero médicos de las dos banderas no pudieron salvarlo. Había perdido sangre durante casi tres horas. Murió acompañado por algunos de sus compañeros, especialmente su estrecho amigo Oscar Alfredo “Tito” Monnereau, quien llegó a contralmirante y de quien el fallecido era padrino de casamiento. El marino recibió de manera póstuma la Cruz al Heroico Valor en Combate.

Giachino había nacido en la capital mendocina en 1948 en la familia que formaron Pedro Ángel Giachino, un ex empleado del Casino de Mendoza, y María Delicia Rearte, quien el 25 de abril cumplirá 99 años. El matrimonio tuvo seis hijos: Teresita, Pedro Edgardo, Irene (fallecida), María Delicia, Alejandro y Luis Alberto, quien dio testimonio para esta nota.

La mamá ha estado internada recientemente por una dolencia cardíaca y actualmente se encuentra convaleciente, aún delicada, en su domicilio de calle 9 de Julio, el mismo donde vivía cuando el portero del edificio le comunicó que el desembarco en las islas había cobrado la vida de su segundo descendiente.

El capitán abatido hizo la primaria en la centenaria escuela Manuel Láinez y luego empezó el secundario en el Colegio Nacional Agustín Álvarez, pero, a los 16 años, dejó el establecimiento de calle Chile y se inscribió en la Escuela Naval Militar, de donde egresó como infante de Marina, especializado como comando táctico. En el arma llegó a ser segundo comandante del Batallón de Infantería de Marina N° 1. Su instrucción y alto rendimiento como comando anfibio lo calificó para encabezar la ocupación inicial de Malvinas.

Secreto bien guardado

El ya citado Luis Giachino relató que su hermano nunca dijo nada sobre el operativo que iban a realizar para recobrar el territorio usurpado. Fue un secreto muy bien guardado. Apenas hubo un indicio que se entiende ahora, con el paso del tiempo. “En el verano del 82 -rememora Luis- fuimos con mi madre y otros integrantes de la familia a pasar las vacaciones a la casa de Pedro, en la base naval Puerto Belgrano, que compartía con su esposa María Cristina Nauri y sus dos hijitas Vanesa y Karina. No hacía ningún comentario de sus actividades, pero recuerdo que todos los días llegaba muy tarde del trabajo”.

No fue posible contar con el testimonio de Cristina (73) y Karina (48), quienes residen en Mar del Plata, en cuyo cementerio permanecen los restos del infante. La otra hija, Vanesa, murió el año pasado a los 49 años. Fue ella quien, siendo una niña, escribió una carta al entonces presidente de la Nación, Raúl Alfonsín, para que autorizara al traslado del cuerpo de su padre de Puerto Belgrano a la ciudad balnearia y lo logró. Así lo contó la periodista Marina Walker, en una nota publicada en Los Andes en 2002, a 20 años de la recuperación transitoria de Malvinas.

Debido a la imposibilidad de obtener la palabra de la madre de Giachino por razones de salud, citamos lo que dijo sobre su hijo hace dos décadas. “Pedro estaba predestinado para lo que sucedió. Cuando visité el año pasado Tierra del Fuego (2001) y estuve parada frente al mar, frente a Malvinas, dije qué feliz que ha sido, fue un hombre que se realizó”. Esta dama, cercana al siglo de existencia, nunca quiso ir a las islas porque no aceptó tener que presentar pasaporte para ingresar a suelo argentino.

Una acusación y un retrato retirado

La familia de Giachino (esposa, hija menor y madre) decidió en 2011 retirar el retrato del comando naval que estaba instalado en el Concejo Deliberante de Mar del Plata. “No viviremos en el sobresalto de dejar el recuerdo de Pedro Giachino mal cuidado”, señaló entonces Karina. Se debatía entonces en ese recinto legislativo si la imagen debía permanecer o ser quitada por acusaciones en contra del marino por su desempeño durante la dictadura de 1976-1983.

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