El “extravagante” Gil Pereg quedó seducido por una psicóloga de “ojos gatunos” y no se comportó como un felino

Gil Pereg, ingresando a la sala de debates maullando.
Gil Pereg, ingresando a la sala de debates maullando.

Testificó una de las profesionales de la Salud que lo atendió y brindó un llamativo dato. La licenciada Gema Lara asegura que el acusado está sano, no delira y puede distinguir el bien del mal.

Durante el juicio que se está realizando en el Polo Judicial a Gil Pereg por el asesinato de su madre y tía, llegó el turno de los testigos que son considerados claves para el futuro del israelí: los psicólogos y psiquiatras que lo han tratado desde que fue detenido en enero de 2019.

Sin dudas la profesional de la salud que ofreció el dato más colorido fue la psicóloga Gema Lara, quien lo entrevistó varias veces para realizar un diagnóstico junto a otros profesionales del Cuerpo Médico Forense.

La licenciada en psicología explicó ante el tribunal popular que Pereg tuvo una suerte de “alianza con ella por mis ojos gatunos, según el paciente mismo me dijo”.

Esta especial empatía de Pereg por la psicóloga lo llevó a pedirle “que lo llevara a mi casa, que él me iba a ayudar (con las labores de hogar)”.

Gil Pereg
Gil Pereg

Lara sostuvo que “nunca tuvo actitudes gatunas. Nunca “habló” de forma gatuna, ni tomó agua como un gato, ni caminaba en cuatro patas y la agilidad mental que demostró no era precisamente la de un gato”.

Cuando se le preguntó, entonces, por qué maúlla, la psicóloga explicó que “esto tiene que ver con su extravagancia, con su trastorno antisocial porque está convencido que lo van a entender”.

Lara coincidió con otros psiquiatras que lo trataron de que el paciente tiene un “trastorno esquizotípico con probable origen psicótico”, es decir que es una persona “extravagante, pero no tiene una patología psiquiátrica. Se puede decir que no tiene un comportamiento normal sin ser un caso patológico. Tiene un modo de ser diferente”.

Para la profesional, Pereg es “sano”, tiene el “juicio crítico conservado” es decir que sabe distinguir entre el bien y el mal; no alucina ni delira y si bien con ella se mostró “colaborativo” con otros profesionales fue “agresivo”.

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