Santo Patrono Santiago, esa costumbre milenaria de creer

La tradición se remonta al año 1566 cuando, a los cinco años de la fundación de Mendoza, se iniciaron los festejos al Santo Patrono Santiago. / Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
La tradición se remonta al año 1566 cuando, a los cinco años de la fundación de Mendoza, se iniciaron los festejos al Santo Patrono Santiago. / Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

La tradición se remonta al año 1566 cuando, a los cinco años de la fundación de Mendoza, se iniciaron los festejos al Santo Patrono Santiago.

El 25 de julio de cada año, la actividad laboral se detiene y los creyentes asisten a la procesión del Santo.

Según una leyenda popular estas condiciones son indispensables para que Santiago nos proteja de los temblores en Mendoza.

Unesco afirma: “El patrimonio cultural representa lo que tenemos derecho a heredar de nuestros predecesores y nuestra obligación de conservarlo a su vez para las generaciones futuras”.

Los mendocinos hemos heredado ese acervo y lo mantenemos desde hace más de cuatro siglos.

Además ha quedado registrado a partir de dos leyes, la N° 4.081 (1976) que establece el feriado provincial y la 8.440 (2012) que declara de interés la “fiesta provincial del patrón Santiago” y la incorpora al circuito turístico provincial.

La tradición se remonta al año 1566 cuando, a los cinco años de la fundación de Mendoza, se iniciaron los festejos al Santo Patrono, según sostiene la historiadora Ana Castro.

Posteriormente, un acta del 24 de julio de 1575, dictada por el gobierno colonial, nombraba a Santiago apóstol como “patrón de las Españas y a quien esta Ciudad tiene por patrón y abogado”.

Durante la colonia, los festejos duraban varios días, incluso los pobladores estaban “obligados a celebrar”.

Los que en ese periodo guardaban luto debían quitárselo ocho días antes y ocho días después del 25 de julio. Si así no lo hacían debían pagar una multa y cumplir diez días de cárcel.

Las conmemoraciones incluían rituales religiosos y oficiales como el paseo del estandarte real desde la casa del alférez hasta el cabildo; y actividades populares como el juego de cañas.

Apóstol de la Virgen María

Es oportuno recordar que Santiago fue uno de los doce apóstoles de Jesús.

Según la tradición religiosa inició la evangelización en España con los “siete convertidos de Zaragoza” y cuando la Virgen se apareció al Apóstol en esa ciudad, se expandió extraordinariamente la evangelización en la península Ibérica.

Se lo llama también el «apóstol de la Virgen María».

Murió martirizado y su cadáver fue trasladado y enterrado en España.

Siglos más tarde, entre los años 820 y 831, un sepulcro fue encontrado en un lugar “iluminado” y se atribuyó al apóstol enterrado hacía más de 700 años.

Al lugar se lo llamó campus stellae (“campo de la estrella”), luego derivó en Santiago de Compostela.

En 1075 se inició la construcción de la Basílica dedicada al apóstol.

Desde la edad media y hasta el día de hoy, el santuario es motivo de peregrinaciones a través del Camino de Santiago.

Recorrido que, en nuestros tiempos, despierta interés no sólo religioso sino también turístico, deportivo y artístico.

En síntesis, hoy es un día en el que los creyentes cultivan la advocación a Santiago Apóstol y los no creyentes respetan una tradición que se originó en la etapa fundacional de Mendoza.

Es un motivo para regar las raíces y considerar las diferentes expresiones de un pueblo.

También es un día para integrar miradas.

Recordemos aquel famoso libro “¿En qué creen los que no creen?” (1997) en el que se registró un intercambio epistolar entre el cardenal obispo de Milán, el jesuita Carlo María Martini, y el filósofo de la Universidad de Bolonia, Umberto Eco.

Ambos se abrieron a la mirada del otro sin imponer ni convencer sino intentando comprender y mostrando que sin fundamentalismos el diálogo es posible.

Martini fue moderado al expresar su fe y Eco, al exponer su laicismo.

Esa costumbre milenaria de creer, hoy se da cita en Mendoza, es un buen momento para abrirnos a la diversidad, reconocer lo simbólico de una tradición y comprender tanto a los que creen como a los que no creen.

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