La mentira de la OTAN a Ucrania

Ucrania lleva 11 días invadida p las tropas rusas. - (AP)
Ucrania lleva 11 días invadida p las tropas rusas. - (AP)

Si la OTAN choca directamente con Rusia, el conflicto se europeiza. O sea, estalla la tan temida tercera guerra mundial, que será nuclear.

Primero, Volodimir Zelensky pidió a las potencias de Occidente que se comprometan a defender militarmente a Ucrania si era agredida por Rusia. Pero los líderes de Europa y Estados Unidos repitieron como discos rayados que la OTAN no enviaría tropas al territorio ucraniano ni aceptaría un choque militar con Rusia.

Para el presidente de Ucrania, esas negativas que gritaban a los cuatro vientos Joe Biden y varios mandatarios europeos sonaban, en los oídos de Vladimir Putin, como una invitación a invadir. ¿Qué puede ser más tentador para un proyecto expansionista que la certeza de que la invasión no sería repelida por las fuerzas de la alianza atlántica?

“Nos dejaron solos”, dijo Zelensky cuando a las fronteras de su país la atravesaban infinitas divisiones blindadas del ejército ruso. Había pedido repetidas veces que la OTAN ingresara tropas para ayudar al ejército ucraniano a impedir el ingreso de las fuerzas invasoras, pero siempre recibió la misma respuesta de la alianza euro-norteamericana: la OTAN no puede actuar militarmente si el país agredido no es miembro de la organización.

La justificación que le dieron las potencias occidentales es el art. 5 del Tratado del Atlántico Norte, donde se establece que sólo puede intervenir con sus fuerzas militares cuando uno de sus miembros es atacado por una fuerza externa a la organización.

La misma razón encontró el presidente ucraniano cuando, al comenzar los bombardeos rusos sobre las ciudades, pidió a la OTAN que estableciera zonas de protección aérea. La respuesta volvió a ser el quinto artículo del tratado que le dio origen.

Los líderes de las potencias occidentales mienten en el argumento que dan para no enviar tropas a Ucrania ni poner su poder aéreo a defender las ciudades ucranianas de los bombardeos rusos. La verdadera razón no es la auto-prohibición de entrar en guerra por un país que no es parte de la estructura militar atlantista. Si así fuera, en 1995 no habría bombardeado Pale para destruir la maquinaria militar serbo-bosnia que estaba llevando a cabo una brutal limpieza étnica.

Bosnia Herzegovina no era un país miembro de la OTAN. Su primer presidente elegido en comicios libres, Alija Izetbegovic, cumpliendo por lo decido en las urnas de un referéndum había declarado la independencia y el régimen yugoslavo (cuyo ejército ya había sido derrotado en Eslovenia por las milicias de ese Estado, el primero en separarse de la federación creada por el mariscal Tito) armó las milicias lideradas por Radován Karadzic y comandadas por el general Ratko Mladic.

El objetivo era que los serbo-bosnios se apropiaran de territorios habitados por serbios étnicos y lo separaran de Bosnia para unirnos a la “Gran Serbia” que empezaba a construir con las guerras de desintegración de Yugoslavia.

Karadzic y Mladic ya habían martirizado a Sarajevo y perpetrado el genocidio en Srebrenica cuando la OTAN empezó a bombardearlos hasta poner fin a la limpieza étnica que perpetraban contra las poblaciones musulmanas y croatas de Bosnia. Los bombardeos de la OTAN sobre esas milicias criminales detuvieron una maquinaria de asesinar y deportar en masa.

Las potencias occidentales lograron lo mismo cuatro años más tarde, cuando desde buques en el Mar Adriático el general Wesley Clark dirigió la operación de bombardeos al ejército serbio que perpetraba la limpieza étnica de Kosovo, deportando masivamente a los albaneses musulmanes que habitan esa tierra que Tito había convertido en provincia autónoma de Serbia.

Los bombardeos de la alianza atlántica incluyeron a Belgrado y lograron derribar el régimen ultranacionalista serbio de Slobodan Milosevic. Al intervenir de manera tan decisiva y definitoria en el conflicto de Kosovo, la OTAN también dejó de lado el límite que le establece el quinto artículo del Tratado del Atlántico Norte.

Pero aquella acción, cuyas justificaciones eran válidas, hoy desmiente el argumento para no actuar militarmente en defensa de la invadida Ucrania. Pero que el argumento de la OTAN para rechazar los pedidos de Zelensky sea falaz no significa que no exista una razón atendible para sostener el rechazo. Y esa razón está a la vista del mundo: si la OTAN choca directamente con Rusia, el conflicto se europeíza. O sea, estalla la tan temida Tercera Guerra Mundial, una confrontación que Putin no afrontará con ejércitos convencionales, sino con su arsenal nuclear.

El jefe del Kremlin sabe que los ejércitos de la alianza atlántica superan al de Rusia. Por esa razón lleva semanas blandiendo sus misiles nucleares. Y a una escalada en esos términos, no la gana la potencia que tiene más ojivas atómicas, sino la que tiene un líder dispuesto a hundir el mundo en un infierno nuclear.

Las potencias de Occidente creen que Putin podría hacerlo.

*Claudio Fantini - Politólogo y periodista

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