domingo 28 de febrero de 2021

Imagen ilustrativa / Archivo.
Opinión

El pobrismo, aberrante política electoral

La riqueza que no es avaricia o acumulación patológica de bienes sin compartir, proporciona los medios necesarios para terminar con la pobreza.

  • martes, 1 de diciembre de 2020
Imagen ilustrativa / Archivo.

Significado

Pobrismo es un neologismo con el que se identifica al sector de la sociedad en estado de pobreza, dominado por los políticos gobernantes para mantenerlo en ese status sometiéndolo a su voluntad y así lograr su voto esclavo.

Estos gobernantes no tienen intención de terminar con la pobreza, su fuente de poder, otorgando toda clase de subsidios, prebendas y privilegios sin contraprestación, transformando tal pobreza en una verdadera esclavitud electoral y una fuerza de choque muy eficaz.

Los piquetes demuestran que las supuestas “organizaciones sociales” son nada más que la cobertura de lo que en verdad son: una “pobreza esclava” con dirigentes, algunos con grandes fortunas, que mantienen estrechos contactos con los gobernantes esclavistas.

La prueba más contundente la tenemos aquí: desde hace décadas los gobiernos juran que terminarán con la pobreza, también Macri; no solo no lo hacen sino que año tras año aumenta y también subsidios y planes sociales. Aumentan sus sueldos, agrandan al Estado, aumenta la corrupción pero no los puestos de trabajo, única forma de terminar con la pobreza.

Cómo operan

Estos gobernantes son populistas y neomarxistas. Se apoderan del gobierno y del Estado agrandándolo sin límites. Sostienen que los países crecen por el consumo interno. El comercio internacional no les es favorable y por tanto no tienen ingreso de dólares ni reservas fuertes. Los subsidios y planes sociales demandan entre un 60% y 70% del presupuesto y los financian con emisión monetaria, que para ellos no es inflacionaria (Marcó del Pont). Esto conduce sin dudas al déficit fiscal, más egresos que ingresos, debiendo monetizarlo con más emisión, como el caso de Venezuela, ejemplo paradigmático.

Los impuestos son la otra gran fuente de financiamiento. La presión impositiva intolerable y asfixiante, termina aniquilando empresas, personas, riqueza y capital. En la ideología peronista que combate al capital (marcha partidaria) más empresas y personas fracasan y quiebran, muchas de ellas pasando a integrar el “pobrismo”, gran éxito populista.

Hay otra prueba reciente y concreta, engañosamente denominada “contribución solidaria extraordinaria”, proyecto debido a los cerebros privilegiados de Máximo Kirchner y Carlos Heller para combatir al capital. Dicen que es por única vez y para enmascarar su inconstitucionalidad lo denominan “contribución” y no “impuesto”. Una contribución para que sea tal debe ser “voluntaria” y este engendro es “obligatorio” y por ende, es un gravamen por lo que el maquillaje queda al descubierto. Se calcula que pagarán esta confiscación patrimonial unas 9.300 personas y sobre ellas cargará la “solidaridad”  ¿para con quién? No con los pobres, ¡sí con el Estado! Todo es aberrante pero el proyecto ha sido y será aprobado, porque a los legisladores que lo votan no les importa lo ilegítimo, inconstitucional, ni confiscatorio del gravamen. Solo que se ha atacado al capital de los ricos y así ganan más votos esclavos. La riqueza no es admitida por el populismo que combate al éxito y al mérito, igualando a la gente para abajo con odio a clases medias y altas.

El Papa Francisco cree con gravísimo error en el pobrismo religioso. Ha dicho que quiere “una iglesia pobre para pobres”. Lejos de ser pobre la Iglesia es rica y es bueno que lo sea porque contribuye a combatir la pobreza en el mundo y a que el Papa pueda realizar sus peregrinaciones con fondos propios. La pobreza no es una virtud ni la riqueza un pecado. La pobreza es una injusticia social cometida por los gobernantes y la riqueza, que no es avaricia, acumulación patológica de bienes sin compartir, proporciona los medios necesarios para terminar con la pobreza. Inmorales, delincuentes y pecaminosos hay tanto ricos como pobres. Por eso la Iglesia es una institución de hombres pecadores para pecadores. Soy profundamente creyente, pero no obligado a aceptar todo cuanto diga el Papa en materias no dogmáticas como ésta, y más cuando incurre en notorios errores. Ver Encíclicas Rerum Novarum, Quadragesimo Anno, Mater et Magistra, Pacem in Terris y Populorum Progressio.

¿Cómo se termina con la pobreza y el pobrismo?

El Presidente ignora como se sale y es extremadamente débil, acosado por Cristina quien ostenta el poder de hecho. Para salir hay que crear fuentes de trabajo genuinas, no estatales; hay que exportar para que ingresen divisas que fortalezcan nuestra moneda; debemos ser serios ante el mundo y no defaulteadores seriales para que nos crean; tenemos que importar para lograr insumos que nos permitan darle valor agregado a nuestras exportaciones  proveyendo al mercado interno de lo que no producimos.

¿Qué hacen los gobiernos populistas?

Nada de esto se ha hecho ni se hace en Argentina. Y lamento confesar que estos gobiernos populistas no lo harán porque  va contra sus principios. Fernández es un Presidente convencido que como peronista debe hacer todo lo contrario de lo que hace el mundo capitalista. Y es débil frente a Cristina quien ya no disimula la fuerte dominación que ejerce sobre él. Sabe que debe actuar con rapidez porque el desgaste que está sufriendo su subordinado hace peligrar su propia estabilidad en el gobierno. Si las elecciones del 2021 le resultan desfavorables, los dos años restantes le serán escasos para lograr sus objetivos de impunidad y adversos para la “Cristina eterna”, lo que más anhela.

Si no surge un opositor con valores democráticos y sabiduría para convencer a la gente y vencer al populismo enquistado, el futuro será incierto y complejo. ¡Dios no lo quiera!


Por las redes