Con un panorama incierto, empezó la cosecha de durazno para industria

Aunque hay una estimación de producción similar a la del 2022 y una presunta baja incidencia de daños por heladas, desde el sector pronostican una temporada mediocre, con mal panorama externo y una gran incertidumbre en el mercado interno.

La cosecha de duraznos para industria empezó entre varios temores y un panorama incierto.
La cosecha de duraznos para industria empezó entre varios temores y un panorama incierto.

Con algo de retraso por factores climáticos que demoraron la madurez, ya comenzó la cosecha de durazno para industria en Mendoza, la primera provincia productora del país. Para ilustrar el difícil panorama, Leandro Roldán, presidente de la Federación Plan Estratégico de Durazno para Industria (Fepedi), consideró que la cosecha 2023 será “de mediocre para abajo, común, con mal panorama externo y una gran incertidumbre en el mercado interno”.

También dio su visión Raúl Giordano, presidente de la Cámara de la Fruta Industrializada de Mendoza (Cafim), que nuclea al sector industrial que convierte la materia prima en pulpa o en mitades en latas, los dos destinos posibles del durazno para industria. “La cosecha viene atrasada pero con un poco más de producción que el año pasado”, expresó.

La cosecha se realiza en enero y febrero, con variedades que tienen distintas fechas de maduración, lo que permite un avance progresivo durante aproximadamente 60 días. De acuerdo al pronóstico de cosecha estimado por el Instituto de Desarrollo Rural (IDR) en noviembre, para la temporada 2023 se espera una cosecha de 105.645 toneladas, muy similar a la anterior en 2022, que rondó las 104.160 toneladas.

Esta similitud llama la atención, ya que señala un bajo impacto de las dos heladas que afectaron a la agricultura mendocina en septiembre y noviembre de 2022. Para llegar a este resultado, el IDR consideró la superficie con el cultivo, la cantidad de frutos en los árboles y el tamaño de los frutos.

Mientras desde Fepedi coinciden con el pronóstico del IDR, algunos actores del sector productivo advirtieron que la cosecha será menor, ya que, a pesar de que el pronóstico estuvo bien realizado en tiempo y forma, el momento de hacerlo fue muy cerca de la helada y no se visibilizaban aún las consecuencias de la fuerte helada de noviembre. En cambio, señalaron que hoy sí se notan los daños, tanto en el tamaño menor de los frutos como en la caída prematura de duraznos por la gran cantidad de ejemplares con carozo partido.

Cuánto durazno puede haber

Al respecto, José Luis Giuliani, productor del Valle de Uco, zona donde se encuentra casi el 80% de la producción de durazno para industria, señaló: “En la época de raleo, todavía no se veía la afección en los duraznos que después se cayeron”. Según su estimación, la cosecha no superaría las 95.000 toneladas (10 mil toneladas menos que el pronóstico del IDR).

Además, señaló que se observan muchos duraznos de menor tamaño y con carozo partido, que luego se deforman y ya no sirven como duraznos de primera (solo se puede utilizar una mitad en el caso de durazno para lata). Otro problema de los duraznos con carozo partido es que, si llueve, entra el agua y se pudren, provocando una pérdida de frutos aún mayor.

Exequiel Redondo, ingeniero agrónomo y asesor frutícola, coincidió en que, a su parecer, la producción será menor a la estimada por el IDR: “Debido a la helada de noviembre, existe mucha fruta con el embrión helado. Esto produce que mientras algunos frutos se desarrollaron normalmente, otros han tenido problema en las tasas de crecimiento, quedando entre los 40 y 50 mm de diámetro, por lo que pesan menos y no son aptos para la elaboración de mitades”.

Según el técnico, esto afectó a, aproximadamente, entre el 10 y el 15% de las unidades que no se siguieron desarrollando, “perdiendo también su valor comercial”. Es que los duraznos que van a pulpa tienen un precio menor que los que van a mitades. Para poder ser utilizadas para mitades, el durazno debe estar sano y tener un diámetro mínimo de 57 mm.

Redondo puntualizó que en el sur y en el este de la provincia es donde más daño se observa, ya que en esas zonas “el fruto directamente se heló”. Mientras que, en el Valle de Uco, el impacto fue menor. En su parecer, esta circunstancia “cambia un poco el panorama con un ajuste hacia abajo”, por lo que el ingeniero estima que la producción de la temporada oscilará entre 95.000 y 100.000 toneladas.

Análisis con margen de error

Cecilia Fernández, técnica del IDR que participó de la elaboración del pronóstico, señaló que al momento de realizar la estimación no se tuvieron en cuenta los frutos que se veían con daños, por lo que no fueron contabilizados. De todas formas, aclaró que “la estimación tiene un rango de error del 10%”, por lo que una cosecha de cerca de los 95.000 toneladas estaría dentro de lo que puede estimarse.

“Nosotros hacemos el pronóstico en noviembre para tener un dato anticipado. Este año, con el tema de las heladas, algunos productores veían frutos que se estaban cayendo y al hacer la estimación, vimos que había fruta que perdió la conexión con la planta. Pero esas no se tuvieron en cuenta, nosotros ya hicimos esa diferencia”, aclaró.

Fernández coincidió con que las zonas con mayor daño y menor cantidad de duraznos para industria son el sur y el este, pero indicó que esto no es solo por la helada, sino que también inciden otros factores como el manejo de los cultivos. Según la distribución por oasis, en el sur de la provincia está el 13% de la producción, mientras que en la zona Este, está el 2%.

Tanto en el Valle de Uco como en lo que llamamos zona Norte (departamentos de Luján de Cuyo y Maipú, que concentran el 6% de la producción), la productividad es mucho mayor”, explicó la técnica del IDR. Esto se da principalmente por una mayor tecnificación y sistemas de conducción más intensivos.

Hay montes nuevos que son de alta densidad, se pasó de un modelo tradicional a sistemas de conducción más intensivos, con muchos más árboles por hectárea (aproximadamente 1.200 plantas por hectárea)”, añadió.

Duraznos, industria, la cosecha empezó entre varios temores y un panorama incierto.
Duraznos, industria, la cosecha empezó entre varios temores y un panorama incierto.

Durazno, cosecha e industria

Sin embargo, este crecimiento en la productividad en la zona con mayor producción de durazno para industria que es el Valle de Uco (79%), no se ve reflejado en los resultados de las últimas temporadas, con cosechas cercanas a las 100 mil toneladas.

Según Fernández, esto se da, por un lado, porque en “en los últimos 5 años estamos en un ciclo importante de heladas que vienen golpeando fuertemente al sector productivo frutícola”. Y otro factor que incide es que “también hay nuevas hectáreas plantadas que todavía no están entrando en producción”.

Incluso, considerando los últimos 10 años, solo cuatro cosechas superaron las 130 mil toneladas: en 2014 con 141 mil toneladas, en 2016 con 159 mil toneladas, en 2018 alcanzó las 136 mil toneladas y en 2019 superó las 141 mil toneladas.

La menor cosecha evidencia otro aspecto: una importante capacidad ociosa. “La industria podía absorber mucho más, cerca de 160.000 toneladas”, indicó el presidente de Fepedi. Teniendo en cuenta esto, Leandro Roldán indicó que desde la Federación se encuentran trabajando en programas de producción buscando recuperar las hectáreas productivas perdidas en los últimos años, además de crecer en la tecnificación de los cultivos.

En el mismo sentido, Fernández señaló: “En los últimos años, ha habido una concentración y una caída de hectáreas. En el 2010, desde el IDR hicimos un censo frutícola y había alrededor de 10.000 hectáreas de las cuales 8.000 eran efectivas con posibilidad de producir. En los últimos años hay cerca de 5.000 hectáreas, pero con una mayor tecnificación y mayor tasa de productividad”.

Según Roldán, también “las mismas fábricas vienen trabajando en programas para sumar plantaciones propias y así hacer frente a la pérdida de hectáreas cultivadas”. Actualmente, el 50% de las hectáreas cultivadas, entre 2500 y 2600 hectáreas, son de las fábricas.

Qué pasa con los mercados

El principal destino comercial tanto del durazno en lata como de la pulpa es el mercado interno: allí va el 80% de lo producido. Sin embargo, el comportamiento del consumidor argentino no acompaña. “Hoy tenemos un mercado amesetado, no hay perspectivas”, explicó Roldán.

Raúl Giordano coincidió con ese panorama. “En el mercado interno no sabemos qué va a pasar. La capacidad de consumo de este año no la podemos apreciar, por no ser un producto de primera necesidad. No es el panorama más beneficioso ni el más claro”, apuntó el presidente de Cafim.

Otra consecuencia de la baja del consumo interno que señalan desde Fepedi es un sobrestock en supermercados y mayoristas que antes no existía, porque todo lo que se producía se consumía.

Con esta situación a la vista, se están buscando instancias para fomentar situaciones de consumo para reactivar el mercado interno. “Generamos la marca de durazno argentino para mejorar el consumo per cápita y recuperar las 2 latas de durazno por persona por año”, indicó Roldán. Actualmente, el consumo en nuestro país es de entre 1,6 y 1,7 latas per cápita.

Por otro lado, en el mercado externo el panorama es comprometido. Como en varias economías regionales, la falta de competitividad es figurita repetida y en el caso del durazno para industria, ya ocasionó la pérdida de mercados importantes, como el caso de México. Actualmente se exporta a países limítrofes como Uruguay, Paraguay, Bolivia y Brasil.

“Se complica pensar a mediano y largo plazo porque la macroeconomía no da señales de qué va a pasar a futuro. Las exportaciones son un signo de pregunta bastante importante. Los valores internacionales han aumentado muy poco, estamos entre USD 80 centavos y USD 1 la lata, igual que en China. El valor del dólar oficial hace que sea muy difícil exportar; no somos competitivos con el dólar de hoy”, aseguró Giordano. Por su parte, Roldán añadió: “Si tenés que exportar la lata a 1 dólar no cubrís ni los costos”.

Otro de los inconvenientes de la industria es la dificultad para importar. Tanto desde Cafim como desde Fepedi señalaron que esto es un gran inconveniente ante la necesidad de adquirir insumos necesarios que no se producen en el país, como repuestos de máquinas, tapas abre fácil y envases de hojalata.

“A todo este panorama incierto, se suma el problema de toda la vida de falta de financiamiento, que no es suficientes para las necesidades. Para producir 100 millones de kg de durazno se necesitan más de $22.000 millones. El sistema financiero no lo otorga. El financiamiento siempre ha sido un problema”, afirmó el titular de Cafim.

Costos de producción en aumento

Desde la visión del productor, Giuliani describió que el costo anual por hectárea tecnificada está entre los US$ 6000 y US$ 7000 (cotización oficial), con una producción de entre 30 y 32 mil kilos por hectárea, según la tecnificación de la finca.

Siendo el agua de riego uno de los recursos más escasos en Mendoza, la incorporación de tecnología que permita ahorrar este insumo, es esencial. Según un informe del IDR sobre el sector de durazno para industria, la superficie con riego de tipo presurizado alcanza el 56%. Más allá de que estos sistemas mantienen un aumento sostenido a través de los años, aún queda cerca de la mitad de superficie sin riego tecnificado.

En cuanto a superficie con tela antigranizo, según los últimos registros del IDR, se encuentra bajo tela únicamente el 4% de la superficie destinada a este cultivo.

Giuliani describió que, incluso, varios productores no pueden asumir los gastos para tecnificar su producción, más allá de las líneas del Fondo para la Transformación para malla antigranizo y riego, que tienen tasas muy beneficiosas. “La coyuntura nacional lleva a que al productor, en vez de tecnificarse, le cueste cada vez más producir”, afirmó.

La energía es otro costo importante que mencionó el productor del Valle de Uco, clave para la tecnificación del riego. Según señaló este productor, el valor llegó a duplicarse: “Antes pagaba 45 mil pesos y ahora entre 80 y 90 mil pesos”.

Un factor extra que para Giuliani incidió fuertemente esta temporada fue la inflación de agroquímicos, que fue en dólares: “Han aumentado hasta un 20% en dólares”. También fue importante el aumento del combustible, con un gran impacto en los costos de los productores.

“El panorama de este año es grave y no vemos una solución del Gobierno Nacional para asistir a las economías regionales que son las que dan trabajo y mano de obra genuina”, resumió este productor del Valle de Uco.

Aún sin precio

Por un lado, desde Fepedi comentan que aún no hay precios establecidos. “Eso va mucho en la negociación, porque las industrias tienen autoabastecimiento. Depende de lo que necesiten. Hasta después de febrero que termine la cosecha gruesa, no se sabe muy bien los precios”, indicó Roldán.

Por su parte, desde el sector productivo indican que se está hablando de un precio base de 180 pesos por kilo. Mientras el año pasado el promedio estaba en $90/92, si se considera la inflación anual que hubo cercana al 100%, se igualaría el valor.

“Pero el problema que tenemos los productores es que cuando terminamos la cosecha, no cobramos al contado, a veces terminamos de cobrar en junio o julio, por lo que hay que sumar el costo financiero por la inflación de estos meses que el productor tiene que asumir en cuotas”, señaló Giuliani. Por eso, el pedido de los productores es un precio arriba de los 200 pesos para que “den los costos”.

Tenemos algo para ofrecerte

Con tu suscripción navegás sin límites, accedés a contenidos exclusivos y mucho más. ¡También podés sumar Los Andes Pass para ahorrar en cientos de comercios!

VER PROMOS DE SUSCRIPCIÓN

COMPARTIR NOTA