Carolco Pictures: el estudio de dos inmigrantes que definió al Hollywood de los 80 y 90

Carolco Pictures, la compañía de cine detrás de "Terminator 2" y "Bajos instintos", entre otros filmes emblemáticos.
Carolco Pictures, la compañía de cine detrás de "Terminator 2" y "Bajos instintos", entre otros filmes emblemáticos.

El libanés Mario Kassar y el húngaro Andrew G. Vajna propulsaron las películas memorables de la época al lado de James Cameron, Paul Verhoeven, Arnold Schwarzenegger y Sylvester Stallone, entre otros. Siempre terminaron con pérdidas.

Tras el doblete de “El vengador del futuro” (Total Recall, 1990) y “Bajos instintos” (Basic Instinct, 1992), Paul Verhoeven jamás imaginó que le iban a negar un drama de época repleto de sangre y opulencia. No solo tenía escenarios imponentes en la España rural, sino también convencidos a Arnold Schwarzenegger, Jennifer Connelly y Robert Duvall. Pero los del estudio en cuestión optaron por destinar sus (últimos) 100 millones de dólares a una aventura de piratas que captara el público familiar. La apuesta salió mal: Michael Douglas se bajó, el presupuesto se disparó y medio equipo se lesionó. Mientras “La pirata” (Cutthroat Island, 1995) se proyectaba en los cines, Carolco Pictures se aferró al capítulo 11: la bancarrota.

El húngaro Andrew G. Vajna y el libanés Mario Kassar pasaron de probar suerte en filmes independientes a pagarle a Schwarzenegger con un jet de 13 millones de dólares. Su compañía levantó franquicias, rozó el prestigio de los Óscar y pactó con directores como Verhoeven, James Cameron y Oliver Stone. Fueron los responsables de darle la fama ruidosa y exagerada a los años 80 y principios de los 90, cuando los antihéroes, el erotismo y los androides del futuro llenaban las salas y los videoclubes, pese a que siempre terminaban con sus números en color rojo.

Arnold Schwarzenegger, Mario Kassar y Andrew Vajna (Archivo)
Arnold Schwarzenegger, Mario Kassar y Andrew Vajna (Archivo)

Desde los veintitantos, cada uno arrastraba una trayectoria más o menos pasable. Vajna -de familia cineasta- manejaba dos complejos de cine en Hong Kong y se dedicaba al negocio de la producción y distribución. Así convirtió a “Deadly China Doll” (1973), protagonizada por el actor de artes marciales Carter Wong, en su primer hitazo low cost: le costó USD 100.000 y recaudó 3,7 millones. En tanto, el libanés distribuía por sus latitudes películas europeas.

Vajna y Kassar cruzaron sus obsesiones en el festival de Cannes de 1975 y, al poco tiempo, abrieron una oficina marginal en la Melrose Avenue de Los Ángeles, con la que sellaron formalmente Carolco. No fue hasta después de una serie de experimentos financieros, como la italiana “Street People” (Gli esecutori, 1976), con Roger Moore, y la obra de terror canadiense “Al final de la escalera” (The Changeling, 1980), de Peter Medak, que juntaron los USD 385.000 necesarios para ganarle a Warner Bros. la disputa para adaptar la novela “First Blood”.

Como ese atormentado y héroe reaganiano, los productores se aseguraron la actuación de Sylvester Stallone, a quien antes le habían financiado el drama deportivo “Escape a la victoria” (Victory, 1981), dirigido por John Huston.

Mario Kassar, Sylvester Stallone y Andrew Vajna (Archivo)
Mario Kassar, Sylvester Stallone y Andrew Vajna (Archivo)

Con la primera película de “Rambo” (1982) apostaron 14 millones y cosecharon más de 125 millones de dólares. La secuela -con guion de un James Cameron en ascenso- apareció en 1985 y reunió 300 millones: la mitad de su taquilla provino fuera de Estados Unidos. Pese a llegar después de Steven Spielberg o George Lucas, el dúo de Carolco logró detectar la importancia del mercado foráneo, sumado a una potente fábrica de merchandising, juguetes y videojuegos.

Más allá de su aceitada red en distintos países del mundo, Carolco garantizó vida a sus filmes -tanto los pequeños como los intrínsecamente taquilleros- con la venta adelantada a distribuidores, exhibidores y jugadores del mercado hogareño (HBO, video doméstico). Sin embargo, después de los lanzamientos, la plata que retornaba a las arcas de Carolco rara vez llegaba a cubrir los gastos y, menos aún, a gozar del margen de ganancia de otros imperios de Hollywood.

En la segunda mitad de los 80, Carolco se alió con TriStar (Sony) y Universal para su etapa más prolífica, que abarcó títulos dispares como el thriller psicológico “Corazón diabólico” (Angel Heart, 1987), el rescate de John Carpenter con la gran “Sobreviven” (They Live, 1988) y la nominada al Óscar “El campo de los sueños” (Field of Dreams, 1989).

Mientras Vajna y Kassar les dedicaban fiestas a estrellas como Robert De Niro, Kevin Costner o Stallone, Carolco seguía en recesión. El primero en abandonar el descalabro fue Vajna, quien vendió sus acciones y fundó Cinergi. Igualmente, sus números rojos continuaron y su librería terminó absorbida por Disney.

"El vengador del futuro" (Total Recall, 1990) de Paul Verhoeven
"El vengador del futuro" (Total Recall, 1990) de Paul Verhoeven

Kassar sí protagonizó el derrumbe de Carolco, acelerado por el aval a todo de los nuevos ejecutivos Peter Hoffman y Roger Smith. Por un lado, le dieron jugosos presupuestos y elencos a Paul Verhoeven para “El vengador del futuro” y a Oliver Stone para la biopic “The Doors” (1991). Mientras que Schwarzenegger y Cameron los convencieron a comprar los derechos de “Terminator” a la productora Gale Ann Hurd, de Hemdale Film Corporation, por USD 15 millones de dólares, y realizar la segunda parte.

A pesar de ser la más taquillera de su año, “Terminator 2: el juicio final” (Terminator 2: Judgment Day, 1991) significó paradójicamente el colapso para Carolco. De los USD 520 millones recaudados, Carolco reportó pérdidas por la mitad. Por nombrar un ejemplo, de los USD 11 millones de salario por “El vengador del futuro”, Schwarzenegger pasó a cobrar USD 15 millones más un jet valuado en USD 13 millones, es decir, un tercio de la inversión en la película.

"Terminator 2: el juicio final" (1991): la más taquillera de su año, pero significó un colapso para Carolco
"Terminator 2: el juicio final" (1991): la más taquillera de su año, pero significó un colapso para Carolco

Las nobles fortunas reunidas por “Bajos instintos” o “Stargate” (1994) poco ayudaron a repuntar, agravado por el desamparo de otros proyectos.

Cameron partió a 20th Century Fox y firmó contrato -todavía vigente- por 12 películas, entre ellas “Mentiras verdaderas” (True Lies, 1994) y la apoteósica “Titanic” (1997). En paralelo, su adaptación de Spider-Man para Carolco, con el capricho de Schwarzenegger como Doc Ock, quedó trunca por problemas de dinero, derechos y guion.

Bajos instintos (Basic Instinct, 1992), con Michael Douglas y Sharon Stone y dirigida por Paul Verhoeven
Bajos instintos (Basic Instinct, 1992), con Michael Douglas y Sharon Stone y dirigida por Paul Verhoeven

Y así retomamos 1995, con la última esperanza esfumada en la infame “La pirata”. Los activos de Carolco Pictures asignados al mejor postor, mientras que su catálogo de películas terminó en manos de los franceses de StudioCanal. El único que realmente se salió con la suya fue Verhoeven: le alcanzaron a estrenar “Showgirls” en 1995.

Matthew Modine -reemplazante de Douglas- y Geena Davis en "La pirata" (Cutthroat Island, 1995), el filme que puso fin a Carolco Pictures
Matthew Modine -reemplazante de Douglas- y Geena Davis en "La pirata" (Cutthroat Island, 1995), el filme que puso fin a Carolco Pictures

En el nuevo milenio, Vajna y Kassar limaron asperezas e intentaron con la nueva C2 Pictures recuperar algunos millones con la tercera parte de “Terminator” en 2003 -más la serie de TV de 2008- y la fallida secuela de “Bajos instintos” en 2006. Tras la muerte del húngaro en 2019, el libanés insistió con la producción de “Foxtrot Six” (2019) en Indonesia: recuperó menos de un tercio de lo invertido.

Vajna y Kassar decían que “Carolco” a secas no significaba nada. Que vagamente adoptaron el nombre de una empresa desaparecida en Panamá porque los apuraba el trámite para trabajar en Estados Unidos. Sin la solvencia de majors tradicionales, este dúo de inmigrantes definió la era del despilfarro con las películas de Hollywood que más apestan a naftalina, pero de la buena. Siempre a pérdida, por supuesto, pero nunca en deuda con el público.

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