Los Abuelos de la Nada regresaron a Mendoza el pasado jueves 23 de abril con la gira “Costumbres Argentinas”, en el Cine Teatro Plaza de Godoy Cruz. El concierto propuso un viaje directo al corazón del rock nacional, con canciones que ya son parte de la memoria afectiva de varias generaciones.
El show no tuvo una sala llena, se notó que la convocatoria no alcanzó el volumen que suele acompañar a un nombre de tanto peso; sin embargo, ese marco le dio al show una cercanía distinta. Los que fueron no parecían interesados en contar cabezas, habían ido a escuchar canciones que forman parte de su vida.
La noche empezó con Juan Pablo Staiti, hijo de Felipe Staiti, quien abrió el show con tres temas programados. Al finalizar su apertura, el público e inclusive los músicos de Los Abuelos de la Nada, pidieron una más. Staiti volvió y contó que ese era su primer show como solista; también dijo que antes que cantante se sentía guitarrista, por eso eligió despedirse con un tema solo instrumental.
La noche empezó con Juan Pablo Staiti
La noche empezó con Juan Pablo Staiti
Los Andes Diario
Costumbres Argentinas y un concierto con tensiones visibles
Los Abuelos de la Nada abrieron con una de sus canciones más conocidas: “Lunes por la madrugada”, un comienzo directo que marcó el tono del show. Después aparecieron canciones como “Guindilla”, “No se desesperen”, “Tristeza de la ciudad”, “Así es el calor”, “Sin gamulán”, “Chalamán” y “Himno de mi corazón”.
El cambio real llegó con “Mil horas”, donde la gente se paró de las butacas, cantó y aplaudió con otra energía. Ese pulso regresó en los temas más conocidos, donde el concierto encontró su mejor versión. En “Costumbres Argentinas”, Juan Pablo Staiti volvió con su guitarra y sumó una conexión mendocina que el público recibió con entusiasmo.
Gira nacional "Costumbres Argentinas"
Gira nacional "Costumbres Argentinas"
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La noche lamentablemente también quedó manchada por mayoría de momentos incómodos, como fallas de micrófonos; en dos ocasiones los músicos pidieron más volumen porque no se escuchaban bien. A partir de eso se notó que, al menos en esta ocasión, lo instrumental quedó por encima de lo vocal.
Gato Azul Peralta, hijo de Miguel Abuelo y figura al frente de esta etapa, se mostró disperso en varios tramos; a veces caminó por el escenario sin cantar demasiado, en otros momentos quedó cerca del telón como espectador de su propio concierto y, peor aún, se retiró en medio de “Sin gamulán”, ausentándose durante canciones completas, lo que obligó a la banda a reacomodarse más de una vez; aun así, el repertorio volvía a poner todo en eje.
Allí apareció la figura más firme del show: Gabriela Marinescu, que tomó el micrófono central, sostuvo casi todo el repertorio y mantuvo vivo el vínculo con el público. Cantó, bailó, alentó y no perdió el control de la escena, aunque se la notó incomoda y pendiente de cada movimiento de Peralta; su presencia salvó la noche, no desde el golpe de efecto, sino desde el oficio.
Mendoza despidió a Los Abuelos de la Nada entre bises
Después de la última canción programada, Gato Azul Peralta tuvo uno de sus momentos más lúcidos, se acercó al micrófono y agradeció a los presentes con una frase totalmente espontánea: “sean pocos o sean muchos cada uno de ustedes son soles, ni ustedes se imaginan lo hermosos que son, gracias”; aclaró que no era chamuyo y el gesto se sintió como algo tierno y reparador luego de su “desorden” en el show.
Noche cercana y nostálgica, sostenida por sus canciones
Noche cercana y nostálgica, sostenida por sus canciones
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La banda saludó, pero el público obviamente pidió más, los músicos volvieron sin demasiadas vueltas y tocaron otra vez “Lunes por la madrugada”. Luego, uno de los guitarristas preguntó si querían otra, la respuesta fue inmediata lo que llevó a que “Mil horas” cerrara definitivamente el concierto.
Los Abuelos de la Nada dejaron en Mendoza una noche incómodamente imperfecta pero cercana y nostálgica, sostenida por sus canciones. Si bien, no fue un show prolijo, alcanzó para recordar lo que todavía provoca el rock nacional cuando vuelve a sonar en vivo: euforia