Felipe Staiti: nos deja el genio de Enanitos Verdes, el dios mendocino de la guitarra
El fallecimiento del emblemático músico es un golpe a la cultura local. La trayectoria del virtuoso integrante de Enanitos Verdes, su técnica inconfundible, los éxitos continentales y sus múltiples pasiones.
Felipe Staiti con su guitarra: la imagen eterna. Foto: Felipe Staiti oficial.
Foto:
Fender Staiticaster. El modelo de la famosa marca de guitarras inspirado en Felipe Staiti.
Foto:
Enanitos Verdes en 1988: Daniel Piccolo, Tito Dávila, Felipe Staiti y Marciano Cantero.
Foto:
Marciano Cantero y Felipe Staiti comparten cigarrillo en los inicios de los Enanitos Verdes. La página oficial de Marciano Cantero despidió al guitarrista con esta imagen.
Guitarra, vas a llorar, se llamaba (en su traducción) aquella inolvidable canción de George Harrison para Los Beatles. Esa imagen, la de la tristeza de una guitarra, es la única posible para este momento, en que Felipe Staiti acaba de morir. ¿Cómo no va a llorar dulcemente, con esa dulzura amarga de la pérdida, si el que se acaba de ir es uno de sus genios acariciantes, uno de los que supo hacerla gemir como si el placer y el gozo y también la furia y la oscuridad salieran de un mismo monstruo de 10 dedos? ¿Cómo no va a llorar la guitarra, si Staiti ya no podrá exprimir sus jugos sonoros como supo hacerlo en ese legado musical que fueron sus discos con los Enanitos Verdes, sus discos en solitario o en trío, sus recitales infinitos, sus zapadas íntimas? ¿Cómo no va a llorar la guitarra, si ya lloró a su través el mismo Felipe, mojando las cuerdas al evocar a Marciano Cantero, su compañero eterno, que ya lo dejó a él y a nosotros con otro hueco hace unos años?
Con Staiti acaba de partir uno de sus intérpretes incuestionables por su virtuosismo, por su papel crucial en la historia del rock nacional (no meramente mendocino), por su aporte a la internacionalización de nuestra música. En un arco temporal que comienza, al menos, en 1979 con la fundación de los Enanitos Verdes hasta su último show internacional (el 21 de marzo, en el Picnic Festival de Costa Rica), la vida musical de Staiti representa un recorrido que parece difícil de emular por otro artista, especialmente mendocino.
Pero el recorrido vital de Staiti había comenzado mucho antes. Nacido en Mendoza el 29 de agosto de 1961, estableció su amor con el instrumento que sería emblema a principios de los 70 (una década maravillosa para el rock). A sus nueve añitos había comenzado a formarse en el célebre Instituto Cuyano de Cultura Musical, creado por Isolde Klietman pocos años antes, y junto con ese aprendizaje se sumó el de las escuchas de bandas del momento. Entre ellas y especialmente, Deep Purple, donde Ritchie Blackmore lo fascinó a punto tal de convertirse en su modelo a seguir.
Encuentro con extraterrestres
Staiti (que luego sería también alumno de otro grande como Mario Mátar) se metió de lleno en el rock con bandas juveniles en su adolescencia, sobre todo desde que su padre le regaló una Fender Stratocaster que parecía adherirse a su propio cuerpo. Pero luego vino un encuentro que lo cambiaría todo: conoció a Horacio “Marciano” Cantero, que cantaba y tocaba el bajo, y a Daniel Piccolo, que tenía una batería. Y así fue que se unieron para fundar los Enanitos Verdes, una banda que tomó su nombre de un caso célebre de supuesto avistamiento de marcianos (justamente) en Mendoza.
Si bien los Enanitos empezaron a adquirir en Mendoza un público fiel en esos años tan especiales para el crecimiento del rock argentino, el gran espaldarazo para la banda llegó cuando fueron elegidos la revelación del Festival de la Falda (Córdoba), con una formación que incluía al trío inicial y a Sergio Embrioni (también en guitarras). El hecho les deparó, además de una fama nacional, la posibilidad de grabar su primer disco, producido por Leo Sujatovich y editado ese mismo año. Fue un disco extraño para sus seguidores locales, ya que no tenía muchas de las canciones que la gente coreaba en sus recitales, a excepción del himno Aún sigo cantando. Sin embargo, ya mostraba que lo que los Enanitos podían dar.
Aunque la explosión definitiva del grupo (ya instalado en Buenos Aires y con Tito Dávila en teclas en lugar de Sergio Embrioni) acabaría llegando dos años más tarde, cuando registró, con producción de Andrés Calamaro, su disco Contrareloj, el que los llevó a trascender las fronteras, e incluía clásicos que siguen sonando, como La muralla verde, Conciencia contrareloj, Cada vez que digo adiós, La luz del río, Simulacro de tensión o Sólo dame otra oportunidad. El riff de La muralla verde mostraba un poco el carácter de Staiti, punzante y personal, imposible de confundir. El guitarrista era capaz de dotar de guitarras potentes casi propias del sonido hard rock o heavy metal a una agrupación que más bien navegaba las corrientes el rock pop, y eso conformaba en gran medida el sonido propio de una banda mendocina que comenzó a ser escuchada masivamente no sólo en nuestro país, sino en toda la América de habla hispana, y especialmente en México.
enanitos-verdes-1988
Enanitos Verdes en 1988: Daniel Piccolo, Tito Dávila, Felipe Staiti y Marciano Cantero.
El salto internacional de los Enanitos Verdes
Aquí comienza la historia más conocida, por la popularidad masiva, de Felipe Staiti, dado que los Enanitos se unió con éxito (junto con Soda Stereo) a la movida encabezada por Miguel Mateos/Zas que llevó el rock argentino a todo el mundo.
Ya desde esos discos (a los que le siguieron Habitaciones extrañas, Carrousel o Había una vez…) el talento de Staiti destacó especialmente. Es decir, dentro de esa banda, y gracias a ese sonido particular y la capacidad expresiva de su interpretación, el guitarrista jamás pasaba desapercibido. Sus solos, pero también su musicalidad en general, sus arreglos tanto eléctricos como acústicos, su versatilidad capaz de llevarlo del funk al blues o al heavy metal (incluso en la misma canción) hicieron que más de una vez el mendocino fuese elegido uno de los guitarristas más destacados de nuestro rock.
staiticaster
Fender Staiticaster. El modelo de la famosa marca de guitarras inspirado en Felipe Staiti.
La guitarra Fender Staiticaster
Una prueba de que no era un guitarrista más la dio, justamente, la marca de guitarras Fender, una de las más emblemáticas del mundo, que diseñó un modelo inspirado en él, con un juego de palabras incluido.
Así, en lugar de la Stratocaster que comercializa desde sus inicios, la fábrica estadounidense desarrolló la Fender Staiticaster. Con ella no sólo tocaba en sus shows sino que también deleitaba a sus seguidores con videos donde mostraba el sonido que era capaz de extraerle.
La larga, extensa y siempre exitosa carrera de los Enanos fue algo difícil de dimensionar, pero tuvo sus idas y vueltas. Una tragedia que la marcó, por ejemplo, fue un accidente de autos en México, en 1988. En él falleció el agente de prensa de la banda y el propio Felipe se salvó de milagro (de hecho, estuvo inconsciente y los rescatistas lo dieron inicialmente por muerto cuando asistieron al lugar).
La tragedia otorgaría caminos sinuosos a la banda, que tuvo un impasse por eso, terminó su contrato con Sony y, luego de pasar una temporada en Mendoza, regresó con un disco especial: Big Bang. Ese disco incluía Lamento boliviano, cover de un tema de sus compadres locales Alcohol Etílico, banda con la que Staiti había estado tocando para pasar el tiempo. Esa canción se convertiría de inmediato en un éxito que confirmaría la larga estela exitosa de los Enanos, en un recorrido que llegó hasta hace unos días, cuando pasó a integrar el club de temas que superan los mil millones de reproducciones en la plataforma Spotify.
La popularidad, que sin dudas Staiti no despreciaba, sin embargo, no era lo único que le interesaba en relación con su pasión por la música. Por eso es que junto con los Enanitos Verdes, Staiti llevó adelante algunos proyectos paralelos, como la de actuaciones y discos como solistas y también el muy destacado Felipe Staiti Trío (con Gerardo Lucero en bajo y su hijo Natalio en batería), que dejó como legado un hermoso disco donde Staiti, a sus anchas, pudo hacer gala del mote que a veces le cabía: el Steve Vai mendocino.
mariano y felipe
Marciano Cantero y Felipe Staiti comparten cigarrillo en los inicios de los Enanitos Verdes. La página oficial de Marciano Cantero despidió al guitarrista con esta imagen.
Cuando Marciano dijo adiós
Como todo músico genial y activo, su carrera sería inabarcable y no hay modo de ser exhaustivo al repasarla. Pero en 2022 se puede decir que le tocó vivir uno de los momentos más críticos, cuando murió (para sorpresa de muchos, debido a la rapidez en que se desarrolló su dolencia) Marciano Cantero, su gran socio, casi su hermano musical.
La historia de los Enanitos parecía acabada, y sin embargo Staiti rehízo la banda con un empeño casi conmovedor. Era, en ese momento, la última pieza original del grupo y por eso no llamó a un nuevo vocalista, sino que asumió el rol de cantante, apoyado necesariamente por coristas, y permitió que la historia de los Enanitos Verdes siguiera andando, con grandes giras internacionales que parecían no tener fin: de hecho, ya tenía fechas confirmadas en Canadá y Estados Unidos para fines de mayo y en Perú para junio.
La traicionera muerte
Sin embargo, la salud venía jugándole malas pasadas desde fines de 2024, cuando se pasó más de un mes internado en la Clínica de Cuyo por complicaciones derivadas de su celiaquía y por haber contraído una bacteria, que lo llevó a la deshidratación.
Esta vez llevaba 40 días con fiebre que no podían bajarle y había atravesado una serie de estudios para dar con un diagnóstico esquivo. Estuvo internado la semana pasada en el Hospital Italiano, justo cuando el mundo se enteraba de que la versión de los Enanos de Lamento boliviano superaba los mil millones de escuchas en Spotify. Le pedimos hablar del tema en ese entonces y se excusó por su salud, en un momento en que por respeto decidimos no contar de su internación, al menos hasta que el diagnóstico se revelara. Días después, este lunes a las 21.30, todo se vino abajo y una hemorragia masiva acabó con su vida en el Hospital Italiano, ante el dolor de sus seres queridos. Entre ellos sus hijos, Juan Pablo y Natalio y también Gabriela, su amada pareja desde años.
Con la muerte de Felipe Staiti llora todo un continente. El que escuchó su guitarra llorar y que hoy, cuando suenan por ejemplo esos tres minutos infernales de Vengo de última (donde el músico parece hacer hablar a la de seis cuerdas) va a seguir llorando por él. Llorando, sí, pero también diciéndole "gracias". No se puede decir otra cosa: "Gracias, Felipe, dios nuestro de la guitarra, por tu música".