14 de abril de 2026 - 12:38

El lado menos conocido de Felipe Staiti: los cuentos que escribió, su afición por Borges y los viajes

"La música es un legado que le regalamos al aire en movimiento y que nos trasciende en la muerte", escribió Felipe Staiti en su único libro de cuentos.

La muerte de Felipe Staiti no solo deja un vacío en la historia del rock latinoamericano: también reabre una faceta menos transitada, pero igual de reveladora, de su obra. ¿De cuántos artistas podemos tener testimonio en la música, en la literatura e incluso de sus vivencias en diarios de viaje?

Ese es el caso del guitarrista de Enanitos Verdes, quien -además de arquitecto de canciones míticas- se animó en más de una ocasión a la pluma y la palabra.

Fue hace exactamente una década que presentó en Mendoza "Cuando Zappa conoció a Borges y otros cuentos", publicado por Ediciones Culturales. Fue su primer trabajo literario.

El libro reúne siete relatos atravesados por lo fantástico, lo onírico y lo autobiográfico: “Los cielos de Van Gogh”, “Cuando Zappa conoció a Borges”, “La sirena del pueblo”, “Noche de ronda”, “Niño dorado”, “Milagro inesperado” y “El libro de los muertos”. Con prólogo de Sergio Marchi e ilustraciones de Mariano Ruszaj, el libro proponía una puerta lateral hacia el universo creativo del músico mendocino.

En una entrevista con Los Andes en aquel entonces, Staiti explicaba el origen del título: “Siempre digo que si Borges se tradujera a música, sería una especie de Frank Zappa de la literatura. Es un tipo complejo, con mucha información. Alrededor de Borges, otras literaturas parecen chiquitas.”, definía.

El cuento que da nombre al libro, acaso el más emblemático, nace de una premisa tan improbable como seductora: el encuentro entre dos genios. “Claro. Es un hecho anecdótico. Hay gente que me ha preguntado por Facebook o Twitter si en realidad se habían conocido (risas). Crea una especie de duda, plantea un interrogante que está bueno. En mi vida es cierto ese encuentro”, decía entonces, jugando con los límites entre lo real y lo imaginario.

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Hay lugares que relata de Buenos Aires que, cuando estoy allá, lo relaciono instantáneamente y siento que ahí fue, que ahí sucedió. La Plaza de los Ingleses por ejemplo. Son lugares del mundo real. Pero tiene cierta trampa, que es real y no”, explicaba, dejando en claro que su literatura funcionaba como una extensión de su sensibilidad viajera.

Pero Staiti ya había sentido antes la necesidad de escribir. Uniendo, precisamente, la pasión literaria con su pasión por los viajes y los destinos exóticos. No cuesta mucho imaginar la cantidad de anécdotas que habrá tenido en su larga carrera como ídolo de rock.

Sin embargo, prefirió los diarios de otra índole: más que anécdotas, contaba experiencias con carga sociológica. Observaba y registraba con una obsesión que después le serviría también como materia prima de sus cuentos. Su "Diario de Egipto" e "India y Katmandú (luces y sombras)" fueron ediciones propias y prácticamente imposibles de conseguir, salvo algún eBook pago en la web.

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“Es como correrse de la realidad y ver otra que no miramos. Cuando uno se corre, ve la otra realidad. Son fantasías alimentadas de realidades”, decía sobre su capacidad de observación y el potencial de la literatura.

Ante la pregunta de cómo se dejaba atravesar por la música, la literatura e incluso los vinos (había lanzado uno recientemente junto a Marcelo Pelleriti), respondió: "Eso siempre lo he tenido en mí. Simplemente es compartirlo con el resto. Es novedoso para la gente. La música es el motor de mi vida y la literatura, por añadidura. Y los vinos se desprendieron como un brote que le salió al nogal. Uno es afortunado en vivir de la música y que sea un disparador para otras cosas. Inclusive el vino, como una bebida tan noble. Un disco, un libro, un vino, son cosas que unen a la gente. De eso se trata. Y dándole la vuelta, todo apunta a combatir la soledad".

Mariana Guzzante, periodista y autora de la entrevista mencionada, despidió a Staiti en sus redes sociales recordando una frase del cuento que le da nombre al libro. Allí, el músico mendocino pone en boca de Zappa una definición conmovedora: "La música es un legado que le regalamos al aire en movimiento y que nos trasciende en la muerte".

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